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Longines

En 1832, Auguste Agassiz entra al mundo de la relojería formalizando una relación de colaboración con un comptoir —denominación suiza que se aplica a los talleres de producción y distribución de relojes— instalado en Saint-Imier.

Poco tiempo después, asume la responsabilidad de la empresa que tiene el nombre Agassiz & compagnie. En ese entonces, la empresa ensambla los relojes según el método del établissage —subcontratación—, que consiste en efectuar el trabajo a domicilio, y establece lazos comerciales que le permiten vender sus relojes en todo el mundo, particularmente en los EE. UU. En la década de 1850, Ernest Francillon, un sobrino de Agassiz, asume la dirección de la empresa en nombre de su tío, que se vio obligado a delegar sus responsabilidades debido a una enfermedad. Francillon continúa con las actividades de la empresa, concentrando sus esfuerzos en la producción de relojes estándar y en el incremento de su producción.

En 1862, Francillon da su nombre a la casa, que sigue teniendo el respaldo de su tío y registra la empresa con el nombre de «Ancienne Maison Auguste Agassiz, Ernest Francillon, successeur». Inmediatamente, Francillon busca formas de mejorar los métodos de fabricación vigentes en la industria relojera de la región del Jura. El método de organización de las tareas necesarias para producir relojes, conocido como «établissage», se caracterizaba por una clara división del trabajo en el seno de una red de artesanos, cada uno especializado en tareas altamente segmentadas que desempeñaban de manera independiente. A la cabeza de este difuso sistema de producción, se encontraban los fabricantes de relojes que, como Francillon, poseían un comptoir relojero.

El fabricante de relojes distribuía las tareas que debían realizarse entre los artesanos independientes, coordinaba la producción y era responsable de la comercialización de los relojes una vez acabados. Cuando asume la dirección del antiguo comptoir de Agassiz, Francillon es consciente de las carencias productivas inherentes al sistema y busca una solución para controlar los efectos en su proceso de fabricación. Sus conclusiones le llevan a intentar formular un nuevo método de producción basado en dos ejes principales: la concentración geográfica del trabajo —en ese momento, repartido en el marco del sistema del établissage— y el uso de métodos de producción mecánica, que se encuentran en pleno desarrollo.

En 1866, adquiere un viejo molino amalgamador en un lugar llamado Les Longines, situado a orillas del río Suze, en el valle de Saint-Imier. Su propósito es fundar una fábrica de relojes reuniendo bajo un mismo techo a algunos de los artesanos afiliados a su comptoir.

El hecho de reunir a los obreros especializados en ciertas operaciones de ensamblaje del movimiento no mejora suficientemente el proceso de «établissage» y Francillon explora paralelamente las posibilidades que ofrecen las herramientas mecanizadas. La mecanización de los procesos de producción desempeña un papel fundamental para la industria relojera suiza en la segunda mitad del siglo XIX, y Francillon es uno de los pioneros en este campo, entonces desconocido entre los relojeros de la región. Utiliza máquinas para la producción de ciertos componentes del movimiento, pero su principal ambición consiste en adquirir la capacidad de producir ébauches, o movimientos brutos, que constituyen la subestructura del movimiento.

La posibilidad de mecanizar la producción de estos movimientos brutos es un factor estratégico para la fabricación de relojes: por una parte, permite el desarrollo de calibres propios y por otra, proporciona cierta independencia con respecto a los fabricantes de movimientos brutos, que suministran los esqueletos del movimiento a toda la industria relojera de la región del Jura.

Para construir las máquinas necesarias para la producción, Francillon solicita la ayuda de un joven ingeniero, miembro de su familia, Jacques David, y de un experimentado relojero, Edouard Châtelain, quienes aceptan el reto de modificar los métodos mecánicos del programa de producción establecido.

En 1867, Francillon presenta el primer calibre diseñado en Les Longines: el 20A, un movimiento mecánico con sistema remontuar en el colgante, que se presenta por primera vez en la Exposición Universal de París. Paralelamente, Francillon emprende gradualmente la producción de calibres que adapta al nuevo entorno de producción. Esta búsqueda del movimiento continúa hasta finales del siglo XIX y se prolonga hasta el primer tercio del siglo XX, a pesar del fallecimiento del fundador de la fábrica de Longines. En 1878, Longines produce un calibre dotado de un mecanismo de cronógrafo simple, el 20H. Este movimiento es el primer dispositivo cronométrico fabricado por Longines. La marca realizaría inversiones considerables en esta área durante el siglo XX.

La Exposición Universal de 1876 en Filadelfia suele considerarse como el punto de partida de los procesos de industrialización de la relojería suiza, que aún se basaba en un sistema de producción gobernado por el método de organización del établissage, a pesar de los cuestionamientos que se hacían a este método —siendo Longines el mejor ejemplo—. Al confrontar indirectamente la producción relojera suiza con la de los fabricantes estadounidenses, en particular con la de las fábricas de Waltham y Elgin, la Exposición ofrece a Jacques David, delegado de la Société Intercantonale des industries du Jura, la oportunidad de evaluar los progresos de la competencia, que resultan ser tan inesperados como relevantes.

De regreso de los EE. UU. con un informe que revelaba el retraso acumulado por los fabricantes de relojes suizos, firmemente anclados en una conceptualización de la organización del trabajo que había contribuido ampliamente al desarrollo regional, Jacques David, ingeniero de la fábrica de Longines, prepara el terreno para una nueva concepción de la producción que permitiría a la relojería suiza consolidar su savoir-faire en el marco de un sistema de producción diferente, más apto para respaldar su firme resolución de combatir la amenaza de una competencia transatlántica que tanto preocupaba desde diversos puntos de vista. Mientras que los relojeros suizos continúan oponiendo resistencia a la adopción de herramientas mecánicas, Longines, gracias a la intuición de Francillon y a los esfuerzos de David, lidera el proceso de mecanización, aún parcial, de la producción relojera.

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El resto de la información que te ayudará a participar en nuestro concurso podrás encontrarla en la página oficial de Longines: http://www.longines.es/

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