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Las herejías

Usted, ¿cree en dios? Si su respuesta fue afirmativa —o, incluso, si es de ésos que se definen como «espiritual, pero no religioso»—, ¿qué es lo que cree de dios? ¿Que es todopoderoso y eterno?¿Que está en todas partes? Y, si está en todas partes, ¿también es todas las cosas? ¿También es yo, es usted? ¿O sea que usted y yo somos dios? Ahora, si usted es parte del cristianismo, ¿qué hay de la trinidad? ¿Cree usted en tres personas y en un solo dios? ¿No? Entonces, ¿quién es Jesús? ¿El hijo de dios eterno? Pero, si es hijo, ¿Cómo puede ser eterno? ¿Cree usted que es «de la misma naturaleza que el padre»? ¿Cómo fue concebido? ¿Tuvo Jesús —o tiene— naturaleza divina, humana o ambas?

Este pequeño examen nos da una idea de lo movedizo que puede ponerse el terreno cuando uno pisa en los intersticios de la fe cristiana. Considere ahora que, siglos atrás, el simple acto de formular estos cuestionamientos podría habernos valido —a mí por escribirlos y quizá a usted por leerlos— un viajecito por los tribunales, a una mazmorra y, de ahí, segurito a una hoguera ardiente. Y todo por desviarnos del camino recto y habernos dejado seducir por una horrenda herejía...

Herejía vs. Ortodoxia

El estudioso Chas S. Clifton afirma que: «El cristianismo, como religión “confesional”, no solamente ha lidiado con las variadas interpretaciones de su mensaje central, sino que también ha debido establecer doctrinas y credos que determinan su “correcta” interpretación [...] ya que se ha mostrado preocupado por aquello en que sus seguidores creen, más que por lo que hacen.»1 Al parecer, fue San Pablo (10-67 d.C.) quien empezó a definir la manera «ortodoxa»2 de interpretar la encarnación, el mensaje de salvación y la muerte de Jesús, y quien empleó, por primera vez, el término griego αιρεσις /haíresis/, que significa «elección de creencia» para referirse a la multitud de grupos cristianos que interpretaban la palabra de Jesús de manera distinta a la suya y que amenazaban con sembrar divisiones en la naciente Iglesia cristiana.

Desde entonces, la posición de los ortodoxos ha sido que tales «diversidades» no son interpretaciones distintas del mensaje de Jesús, sino contrarias a «la creencia correcta» y, por lo tanto, erróneas o falsas. Más tarde, el término herejía sería popularizado por el obispo Ireneo hacia finales del siglo II de nuestra era, gracias a su libro Adversus haereses —Contra las herejías—, cuya premisa era el fortalecimiento de la Iglesia apostólica y el descrédito de los grupos gnósticos y de sus enseñanzas. Una herejía es, pues, una opinión teológica o religiosa distinta u opuesta al credo de la Iglesia católica, a la doctrina ortodoxa de la Iglesia cristiana o a cualquier iglesia o sistema religioso considerado ortodoxo.

De perseguidos a perseguidores

Al principio, los cristianos fueron considerados herejes a ojos del paganismo romano, aunque la persecución que los primeros creyentes sufrieron fue, más bien, de orden político. Sin embargo, en el año 249, el emperador Decio buscó la instauración de un paganismo «ortodoxo», lo que recrudeció las persecuciones y ejecuciones de cristianos a lo largo del Imperio. Hasta ese punto, la herejía entre los cristianos —cuando podía ser definida— sólo se combatía mediante la autoridad moral, el discurso y, en casos extremos, la excomunión. Con la llegada del emperador Constantino (280-337), a través del Edicto de Milán, se toleró la práctica del cristianismo; años más tarde, el propio emperador se convertiría al cristianismo, lo que haría de éste la religión oficial del Imperio Romano y fusionaría los poderes secular y religioso.

La migración de la sede del Imperio a la ciudad de Constantinopla convertiría al obispo de Roma en un líder político y espiritual —investidura que caracterizaría a los papas de los siglos venideros— e, incluso, se le daría el cargo, otrora exclusivo del César, de Sumo Pontífice. Estos hechos darían la vuelta a la mesa y harían que los cristianos pasaran de perseguidos a perseguidores, convirtiendo en «herejes» a todos los que continuaban adorando a los dioses paganos, a los filósofos y a los pensadores no cristianos. Finalmente, en el año 380, el emperador Teodosio i hizo del catolicismo —que considera a los obispos como sucesores espirituales de los doce apóstoles— la religión oficial del Imperio Romano y declaró «heréticas» a las demás vertientes del cristianismo.

Si bien durante los primeros siglos de la cristiandad la mayor parte de las herejías consistían en posiciones teológicas o cristológicas que divergían de la ortodoxia, durante la Edad Media, toda vez que los poderes secular y religioso se unificaron, cualquier intento de «purificar» a la Iglesia o de hacerla «retornar» a los ideales con los que se fundó derivaba, casi siempre, en herejía —y este proceso, es justo decirlo, no estuvo exento de manipulación por disputas políticas, rivalidad territorial o luchas de clases—. Lo mismo sucedería con cualquier línea de pensamiento que se opusiera al dogmatismo, que criticara a la Iglesia o sus clérigos o que pugnara por un margen de libertad ideológica y espiritual para el individuo.

Herejías y grupos heréticos notables

Marcionistas: seguidores de Marción (h. 110-160), considerado uno de los primeros gnósticos. Renegaba del Antiguo Testamento y sólo apoyaba sus creencias en los Evangelios; además, profesaba el docetismo —el cual sostenía que Jesús sólo había aparentado tener un cuerpo físico y que, por lo tanto, no había sufrido durante la crucifixión—. Predicaba que Jesús había sido enviado a la Tierra por el verdadero Dios para rescatar a la humanidad del mundo físico, que era regido por el Cosmocrator o Demiurgo, a quien vinculaba con Yavé, dios de los judíos.

Gnósticos: este movimiento, influido por la filosofía griega, el misticismo del Medio Oriente y una interpretación ecléctica de los textos judíos y cristianos, constituyó, en los primeros siglos de nuestra era, la más importante oposición al catolicismo romano y a la ortodoxia oriental. Como los modernos pacientes de psicoanálisis, los creyentes gnósticos emprendían una exploración interna en busca de la iluminación y el conocimiento que los liberaría de la esclavitud terrenal. Creían que el reino de Dios era un estado interior más que un evento futuro.

Monofisistas: esta doctrina surgió en el siglo v y constituyó una de las tantas controversias en torno a la naturaleza de Cristo. En contraste con los católicos —que afirman que Jesús tiene una naturaleza divina y una humana—, los monofisistas creían que Jesús tenía sólo una naturaleza y que ésta combinaba elementos divinos y humanos. De su derrota surgió el monotelismo, el cual sostenía que Jesús, a pesar de sus dos naturalezas, tenía sólo una voluntad.

Iconoclastas: la palabra iconoclastía —«ruptura de imágenes»— se usa para designar una controversia acerca del uso de imágenes sagradas que cimbró a la Iglesia ortodoxa de Oriente en los siglos viii y ix. Se basaba en una interpretación estricta del segundo mandamiento de la Ley Mosaica y su impacto fue tal que orilló a la realización del ii Consejo de Nicea.

Franciscanos: la orden fundada por San Francisco de Asís (1181-1226) entró en una seria controversia con la Inquisición por el concepto de «la pobreza apostólica». En 1229, una facción radical, llamada «Los espirituales», desafió la bula de Gregorio ix, que permitía a los clérigos la acumulación de bienes, y fue perseguida por ello —¿recuerda El nombre de la rosa?

Con la separación de los poderes seculares y religiosos que ocurrió durante el Renacimiento en Europa, la persecución y condena de las herejías perdió fuerza —a excepción de España y sus colonias, donde el Santo Oficio ejerció su tenaz labor hasta finales del siglo xviii— y poco a poco se disipó como el humo de las hogueras. Y aunque las acusaciones de herejía continúan hasta hoy, mientras el poder religioso y la autoridad civil no sean sinónimos, seguirán siendo meras disputas doctrinales y nunca más motivo de cárcel, tortura y muerte. Recemos todos por que así sea.

Por último les ofrezco una cronología de la historia de los herejes.

Consulta otros ejemplos de herejes en Algarabía 40, pp. 67-71.


1 Chas S. Clifton, Encyclopedia of Heresies and Heretics, Santa Barbara: ABC-CLIO, 1992.
2 Del griego ορθο ́δοξος /orthódoxos/, que significa «creencia correcta».


Igor Übelgott es ejecutante profesional de música antigua. Confiesa que en uno de sus sueños recurrentes se ve en medio de un auto de fe; pero como rechaza la idea de la reencarnación, supone que su subconsciente se inmola periódicamente por la poca adhesión de su consciente al dogma, al mandamiento y a la fe ciega. Para su fortuna, siempre ha logrado despertar ileso, aunque cubierto de cenizas.

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