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Gutenberg y su «invento»

Para desmitificar varias ideas que se tienen sobre cómo surgió la imprenta moderna, basta con dar un vistazo a la biografía de su «creador»

Mito: Gutenberg inventó la imprenta

Johann Gensfleisch zum Gutenberg (ca. 1387-1468) de Maguncia no inventó la imprenta, ni el principio de los tipos móviles; lo que sí hizo fue inventar los moldes y el proceso para fabricar los tipos móviles fundidos en metal, que, hasta entonces, se había pretendido fabricar en madera tallada.

Cuando joven, Gutenberg había sido expulsado de Maguncia después de ser señalado como cabecilla en una revuelta de burgueses y artesanos en contra de la nobleza local. Se instaló en Estrasburgo, donde rápidamente logró convencer a dos burgueses adinerados de entrar en un negocio que comprendía el proceso secreto para fabricar espejos. Pronto, uno de ellos murió, y sus deudos exigieron el pago de los fondos originales, pero Gutenberg se negó, alegando que era una sociedad y no un préstamo.

Las evidencias y los testigos mostrados en el juicio demuestran que el maestro ya estaba trabajando en sus tipos móviles. De regreso en Maguncia, solicitó un préstamo a Johann Fust para iniciar su gran proyecto. Gutenberg, dada su preparación como orfebre y cortador de joyas, contaba con los conocimientos necesarios para solucionar, por principio, la fabricación de la enorme cantidad de letras que requeriría la formación de una página, y, en segundo lugar, que dichas matrices aguantaran el proceso de impresión repetidas veces, para lo cual usó una aleación de plomo, estaño y antimonio, que tiene la cualidad de expandirse al enfriarse, y asegurar así la estabilidad de la letra en el momento de impresión. Como nada de este proceso era rápido y el taller no generaba ninguna ganancia, Gutenberg se vio forzado a pedir a Fust otro préstamo, pero esta vez acordaron ser socios. Más tarde, Fust, desesperado, acusó a su socio de morosidad en el pago del primer préstamo.

Finalmente, las autoridades fallaron en favor de Fust, y Gutenberg se vio obligado a abandonar su taller. Lo perdió todo, dejó la famosa Biblia de 42 líneas casi terminada y cayó en bancarrota. Fust se asoció con el aprendiz del taller, Peter Schoeffer, y juntos terminaron la Biblia e hicieron prosperar su negocio. Pero el ingenio y talento de Gutenberg todavía daba para más: logró que el doctor Conrad Homery le diera un nuevo préstamo para establecerse, sacar adelante su taller y perfeccionar la tinta de impresión y los mecanismos de la prensa, que se siguió usando cerca de 400 años casi sin modificaciones.

Si bien la Biblia fue el primer libro impreso, la primera página impresa con los tipos móviles fue una edición de las «Cartas de Indulgencia de 31 líneas», realizada por Gutenberg en 1454. Debido a estos problemas y a una guerra librada entre príncipes y señores de la región, los aprendices y maestros impresores se vieron obligados a huir de Maguncia tras un fuerte saqueo. Gutenberg ya había muerto, y los impresores exiliados jamás regresaron.

Conoce la historia del libro y el papel de la imprenta en El libro —Invención de la memoria.

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