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El reino caníbal I

La ingestión de carne humana ha sido considerada un tabú en gran parte de las culturas de la historia del mundo, y se ha constituido como un signo de la barbarie, la incivilización y el salvajismo de un pueblo. Pero, ¿qué sucede cuando esta práctica es subvencionada por el Estado en el poder y entretejida entre las prácticas religiosas? ¿Cuál era la verdadera función de los sacrificios humanos en el Imperio azteca? Marvin Harris nos brinda una respuesta a estas interrogantes.

La ingestión de carne humana ha sido considerada un tabú en gran parte de las culturas de la historia del mundo, y se ha constituido como un signo de la barbarie, la incivilización y el salvajismo de un pueblo. Pero, ¿qué sucede cuando esta práctica es subvencionada por el Estado en el poder y entretejida entre las prácticas religiosas? ¿Cuál era la verdadera función de los sacrificios humanos en el Imperio azteca? Marvin Harris nos brinda una respuesta a estas interrogantes.

Como metódicos y bien entrenados carniceros de los campos de batalla, y como ciudadanos de la tierra de la Inquisición, Cortés y sus hombres, quienes llegaron a México en 1519, estaban acostumbrados a las muestras de crueldad y a los derramamientos de sangre. El hecho de que los aztecas sacrificaran sistemáticamente a seres humanos no debió sorprenderles demasiado, puesto que entre los españoles y otros pueblos europeos, a los condenados al potro se les quebraban en forma sistemática los huesos, se ejecutaba a otros reos por el método de descuartizamiento y se enviaba a la hoguera a las mujeres acusadas de brujería. Pero no estaban totalmente preparados para lo que encontraron en México.

El sacrificio azteca

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En ningún otro lugar del mundo se había desarrollado una religión patrocinada por el Estado cuyo arte, arquitectura y ritual estuvieran tan profundamente dominados por la violencia, la corrupción, la muerte y la enfermedad. En ningún otro sitio los muros y las plazas de los grandes templos y los palacios estaban reservados para una exhibición tan concentrada de mandíbulas, colmillos, manos, garras, huesos y cráneos boquiabiertos. Los testimonios oculares de Cortés y su compañero conquistador, Bernal Díaz,1 v. Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, México: Grupo Editorial Tomo, 2006. [Todas las N. son del E.] no dejan dudas en lo que atañe al significado eclesiástico de todos los espantosos semblantes representados en piedra.

Los españoles vieron por primera vez el interior de un templo azteca principal como invitados de Moctezuma, el último rey de los aztecas. Éste todavía no había tomado una decisión respecto a las intenciones de Cortés —error que poco después le resultaría fatal— cuando invitó a los españoles a subir los 114 escalones de los templos gemelos de Huitzilopochtli y Tláloc, los cuales se encontraban en la cumbre de la pirámide más alta de Tenochtitlan, en el centro de lo que hoy es la ciudad de México. Mientras subían los escalones, escribió Bernal Díaz, otros templos y santuarios, «todos de un blanco resplandeciente», aparecieron ante sus ojos.

En el espacio abierto de la cumbre de la pirámide «se alzaban las grandes piedras donde colocaban a los pobres indios escogidos para el sacrificio». Allí también había «una voluminosa imagen como de un dragón, y otras figuras fúnebres y mucha sangre derramada ese mismo día». Después Moctezuma les permitió ver la imagen de Huitzilopochtli, con su «rostro muy ancho y los ojos monstruosos y terribles», delante del cual «quemaban los corazones de tres indios que habían sido sacrificados ese día». Las paredes y el suelo del templo «estaban tan salpicadas e incrustadas de sangre que parecían negras» y «todo el lugar apestaba de modo detestable». En el templo de Tláloc también todo estaba cubierto de sangre, «tanto las paredes como el altar, y el hecho era tal que apenas podíamos esperar el momento de salir de allí».

La principal fuente de alimento de los dioses aztecas estaba constituida por los prisioneros de guerra, quienes ascendían por los escalones de las pirámides hasta los templos, eran cogidos por cuatro sacerdotes, extendidos boca arriba sobre el altar de piedra y abiertos de un lado a otro del pecho con un cuchillo de obsidiana esgrimido por un quinto sacerdote.

Después, el corazón de la víctima —generalmente descrito como todavía palpitante— era arrancado y quemado como ofrenda. El cuerpo bajaba rodando los escalones de la pirámide, los cuales se construían deliberadamente escarpados para cumplir esta función.

Ocasionalmente, algunas víctimas del sacrificio —quizá guerreros distinguidos— gozaban del privilegio de defenderse a sí mismas un rato antes de que las mataran. Fray Bernardino de Sahagún,2 v. Fray Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de la Nueva España, México: Porrúa, 2006. el máximo historiador y etnógrafo de los aztecas, describió del modo siguiente esas batallas simuladas:

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«[...] asesinaban a otros cautivos, luchaban con ellos... que estaban atados a la altura de la cintura con la cuerda que pasaba a través del agujero de una piedra redonda, como la de un molino; y [la cuerda] era lo bastante larga para que [el cautivo] pudiera caminar trazando la circunferencia completa de la piedra. Y le daba armas con las que podían luchar; y cuatro guerreros se lanzaban contra él con espadas y escudos y uno a uno intercambiaban golpes de espada hasta que lo derrotaban.»[...]

La inmensa mayoría de las víctimas no ascendían alegremente los escalones de la pirámide, tranquilizadas por la idea de que estaban a punto de hacer feliz a algún dios. Casi todas las víctimas tenían que ser arrastradas de los pies. Cuando los amos de los cautivos llevaban a sus esclavos hasta el templo donde los matarían, los cogían de los pelos. Y cuando les hacían subir los escalones de la pirámide, algunos cautivos se desmayaban y los arrastraban de los pelos hasta la piedra de sacrificio en donde morirían.

Si quieres saber acerca de otros pueblos que también practicaban el canibalismo, consulta Algarabía 71.

***

Marvin Harris (1927-2001) fue un antropólogo estadounidense, creador del materialismo cultural y muy conocido por sus obras de divulgación antropológica, entre ellas: Nuestra Especie, Vacas, cerdos, guerras y brujas: los enigmas de la cultura, El materialismo cultural y Caníbales y reyes, obra de la que fue extraído este texto.

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  • Edwing bernal gudiño

    jajajajajajajajajajajaja por favor!!!! hahahaha como creeeen ademas sus fuentes, lo que dijeron HERNAN Cortes y Bernal Dias hahahahahah bueno allá ustedes si prefieren el morbo y la burla de la cultura a la realidad, sigan leyendo esta sarta de bulgaridades y morbosidades por que solo eso son

  • Esteban

    Este señor se equivoca cuando dice que Moctezuma fué el último rey azteca. Todavía fueron dos más. Cuitlahuac que murió de viruela y Cuauhtemoc que murio en las hibueras mandado asesinar por Cortez con el pretexto de que estaba levantado otra rebelión. Pero aún más, No eran reyes, eran tlatoanis. Es verdad que se practicaba el canibalismo, porque era la mejor forma de llenarse de calorías, hay que recordar que no existía ganado vacuno, y otra forma era la ingesta de perros (Xoloizcuintles, creo que así se escribe). Se dice que cuando comían la carne humana, lo hacían reverenciando a sus Dioses, algo así como tomar la hostia. Es más, las batallas que se libraban entre pueblos indigenas eran conocidas como las Guerras Floridas, y no se mataban, porque el proposito era la captura de guerreros, para despues comerselos.

    • Betty Iglesias

      Gracias por compartir :)

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  • Ingrid Lopez

    upss!

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