El ejército de patas del milpiés – Algarabía
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El ejército de patas del milpiés

Los milpiés son un animal muy interesante, pues aunque no tienen exactamente mil extremidades, sí tienen varios cientos y su sistema nervioso

Con un ejército de patas adosadas a su cuerpo, la imagen del milpiés resulta extraña e inquietante para un observador, ya que le es casi imposible advertir si, en su andar, este bicho coloca primero una pata derecha y luego una izquierda, o dos y dos, o tres y tres, o toda la secuencia al revés. Pero, de lo que sí puedes estar seguro, es que el milpiés, aunque no tiene mil patas como el saber popular nos lo hace creer, es uno de los organismos con más extremidades locomotoras entre todos los animales que deambulan actualmente sobre la faz del planeta.

Pata por pata

Los milpiés se distribuyen prácticamente en todos los rincones del mundo —excepto en la Antártica—, desde las selvas tropicales, 
las cuevas y los desiertos, hasta los hogares. Los científicos los han agrupado en la clase diplopoda [del griego διπλου ̃ ς /diplos/, «doble» o «dos», y −ποδοʹ ς /-podós/, «pie»] es decir, «los de las patas dobles», por el hecho de que en cada uno de los segmentos en forma de anillo que componen su cuerpo se encuentran dos pares de patas caminadoras. Cabe mencionar que el número de segmentos y patas de los milpiés se incrementa conforme el animal crece y va mudando su exoesqueleto.

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Los milpiés son muy semejantes a sus parientes los ciempiés —clase chilopoda1 Los ciempiés son depredadores y poseen un par de patas delanteras modificadas a manera de colmillos con los que inyectan veneno, lo que puede leerse en el nombre chilopoda, posiblemente del griego χει ̃λος /kheilos/, «labio», y −ποδοʹ ς /-podós/, «pie».—, por contar con un par de antenas y una cabeza diferenciada del resto del cuerpo, sólo que estos últimos poseen un par de patas por cada segmento.

Aunque no son insectos ni arañas, y mucho menos langostas o camarones, a los milpiés se les clasifica, junto con estos animales, en el gran grupo zoológico de los Artrópodos [del griego αʹ ρθρον /árthron/, «articulación», y −ποδοʹς /-podós/, «pie»]. Entre las características que presentan todos los Artrópodos hay que destacar las patas articuladas, un cuerpo dividido en segmentos, un exoesqueleto —o esqueleto externo que envuelve al cuerpo para protegerlo, generalmente formado por quitina, sustancia también presenta en uñas y pelo— y varios pares de extremidades. Asimismo, los milpiés son organismos principalmente nocturnos y les agradan los ambientes húmedos —por eso es común localizarlos debajo de la hojarasca, troncos
o piedras—, donde pueden encontrar material vegetal en descomposición, su platillo favorito.

Hasta el momento, los científicos han descubierto aproximadamente diez mil especies de milpiés, aunque estiman que en todo el
 mundo existen más de 70 mil aún sin descubrir. En México se han encontrado alrededor de 500 especies, pero seguramente esta cifra se incrementará, ya que es una clase animal muy poco estudiada.

Hasta la fecha se conocen diez mil especies de milpiés, pero los científicos calculan que existen más de 70 mil aún sin descubrir.

El tamaño de los ejemplares adultos oscila entre 2 milímetros y
más de 30 centímetros de longitud, de acuerdo con la especie. Los ancestros de los milpiés, que existieron hace 300 millones de años, alcanzaban hasta 2 metros de largo por casi medio metro de ancho.

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Ningún milpiés posee mil patas, pero sí las suficientes para crear el mito. El mayor número de extremidades que se han contado en uno de ellos fue de 750 —375 pares de patas2 Aunque los machos de los milpiés tienen, generalmente, un par de patas menos que las hembras, porque el séptimo par se transformó en órganos reproductores, a manera de estilete —los gonópodos, del griego γωνιʹα /goonía/, «ángulo», y −ποδοʹ ς /-podós/, «pie»—, con los que los machos transfieren el esperma a las hembras durante la reproducción.—. Pero, entonces, ¿cuál
es la razón por la que el mito de las mil patas persiste? Es posible que éste repose en nuestra primitiva y rudimentaria fijación aritmética en todas aquellas cantidades que sean múltiplos de diez: la cifra resultante de la suma total de los dedos de las manos. Así, al ver «muchas patas», aproximamos nuestra observación a un múltiplo de diez, en este caso mil, que, además de ser un número entero, representa una gran cantidad, es atractivo a la vista y fácil de recordar.

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Y, a todo esto, ¿cómo es que no se tropieza el milpiés? Pues bien, esto no ocurre porque posee una compleja red de nervios que controla la actividad del cuerpo y envía impulsos eléctricos constantemente. En otras palabras, no necesita concentrarse para poner una pata delante de la otra. En cualquier momento, casi todas las patas están en contacto con el suelo, pero una serie de ondulaciones de unos 22 pares de patas se mueve desde el frente hacia atrás y hacen que el animal avance. Cuanto más rápido se mueve, más patas por ondulación se levantan.

¡Qué estimulantes!

Los milpiés son miembros esenciales del departamento de ecología y salud pública de la naturaleza, pues fertilizan el suelo cuando
 se alimentan de la materia vegetal en descomposición, al liberar nutrientes. Además, forman parte de la dieta básica de una gran variedad de aves y mamíferos terrestres.

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Cuando se les molesta, y como mecanismo de defensa, segregan sustancias tóxicas que contienen cianuro y otros compuestos, como cloro y yodo, a través de unas glándulas que se ubican a los lados del cuerpo. Estas sustancias son frecuentemente malolientes e irritantes, por lo que en los humanos pueden afectar los ojos, las mucosas de nariz y boca, y hasta la piel sensible. Aparte de esta defensa química, que hasta la fecha no ha provocado ningún deceso humano, los milpiés se protegen enroscándose.

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Una aplicación insospechada de las toxinas que segregan los milpiés puede descubrirse cuando se observa el peculiar comportamiento de los lémures negros de la isla de Madagascar. Estos primates toman a dichos artrópodos con las manos e, inmediatamente, se los llevan a la boca para darles pequeños mordiscos que no los dañen, sino que, simplemente, los estimulen para que liberen sus toxinas. Una vez que el milpiés ha secretado su veneno, el lémur lo frota contra su pelaje para librarse de los parásitos, como si se fumigara. Sin embargo, no todo termina aquí. La toxina provoca en el lémur un efecto narcótico y placentero que puede prolongarse hasta por 20 minutos y que se manifiesta con una gran «expresión facial de felicidad», ojos desorbitados y fuera de la realidad, excesiva salivación y cabeza gacha.

Para conocer más sobre los milpiés, consulta Algarabía 44.

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