Sin categoría

Drácula: hombre, mito y superstar

Al principio, Drácula1 fue un hombre de carne y hueso. no era conde, sino príncipe —o, en su idioma nativo, voivode— y respondía al nombre de Vlad III. Nació en la región de Transilvania,2 en 1431, en un poblado llamado Sighisoara. Fue hijo del gran Vlad Dracul —de ahí su nombre, Drácula, «hijo de Dracul»—, príncipe de Valaquia y miembro de la orden del dragón.

El tránsito por el poder del joven Vlad se debatió entre convenientes alianzas con los turcos otomanos y con el vecino Imperio Húngaro, aunque, como miembro de la Orden del Dragón, debía su lealtad a estos últimos, por el simple hecho de ser cristianos. En 1448, apoyado por los turcos, reclamó el trono de Valaquia, pero pronto fue destronado y se refugió en Moldavia, un territorio húngaro. En 1456, cobijado esta vez por los húngaros, retornó a Valaquia y estableció un reinado que duró hasta 1462. Durante su estancia en el trono, Vlad ganó fama como un gobernante implacable y extremadamente cruel.
Fue apodado «Tepes» —que significa «El Empalador»—, debido a su predilección por el empalamiento,3 tortura con la cual despachó a miles de compatriotas y enemigos turcos.

A pesar de su gusto por la sangre, Vlad Tepes, el Drácula original, nunca practicó el vampirismo.

Cuando la furia otomana lo hizo dimitir y volver a Moldavia, el príncipe húngaro Matías Corvinus (h. 1440-1490) lo hizo encarcelar durante doce años. Al ser liberado, Vlad organizó una incursión que le permitió acceder al trono una vez más, pero terminó asesinado en 1476 y su cadáver sin cabeza fue sepultado en Snagov, Rumanía. Históricamente, el pueblo rumano considera a Vlad Tepes como el consolidador de la identidad nacional, el artífice de la emancipación del dominio húngaro y el gran vencedor sobre el Imperio Turco.

En las décadas que siguieron a su muerte, los enemigos de Tepes hicieron correr terribles historias que magnificaban su crueldad, con el fin de desacreditarlo —de hecho, algunas crónicas de la época reportan que, en un exceso de furia, llegó a ejecutar hasta 30 mil infelices almas en un solo día o que gustaba de hervir a sus enemigos e, incluso, beber su sangre—.4 Y aunque esta ominosa reputación fue la que cruzó las fronteras, en su antiguo reino se decía que en realidad la tumba de «El Empalador» estaba vacía, que él había vuelto del más allá y que aguardaba en la oscuridad el día en que fuera necesario su regreso… Una leyenda local más, que quizá jamás hubiera llegado a nuestros oídos, de no haber sido por otro singular sujeto, irlandés, para más señas.

Drácula, el mito

Bram Stoker, el padre del vampiro moderno, nació en Dublín en 1847. Fue un niño de constitución débil que pasó su infancia en cama, por lo que estuvo expuesto a las supersticiosas leyendas irlandesas que le relataba su madre.
En su juventud, su admiración por el actor Henry Irving (1838-1905) lo hizo aventurarse en el mundo del teatro, primero como crítico y más tarde como escritor y empresario.

Su primera novela, The Primrose Path, fue publicada en 1875. Quince años más tarde conoció al viajero y experto en folklore Arminius Vambéry (1832-1913), de quien al parecer escuchó por primera vez las leyendas sobre vampiros de Transilvania y de su temible príncipe Vlad —que sin duda fue la fuente de inspiración para crear a su más famoso personaje—. Tras siete años de ardua investigación sobre medicina, zoología, leyendas y ocultismo, Stoker publicó Drácula en 1897.

La novela revivió al casi olvidado soberano rumano e importó a Europa occidental el mito eslavo del vampiro, al cual despojó de su aspecto tradicional —tez incolora, ojos rojos, enormes fosas nasales, colmillos, con un hedor a muerto y a sangre coagulada—, canjeándolo por el de un aristócrata exótico, aséptico y seductor. Los lectores londinenses se rindieron ante el encanto del siniestro conde y ante una historia que era contada a través de una variedad de estilos narrativos: entradas de diario, cartas, recortes de periódico y grabaciones fonográficas.

Para saber más de la trama de Drácula y de cómo llegó al cine encarnado por grandes actores como Bela Lugosi, lee el artículo “Drácula: hombre, mito y superstar” de Igor Übelgott en Algarabía 36, pp. 44-49.


1. Para un contexto más amplio sobre el tema de Drácula, v. Algarabía 34, mayo 2007, LOS CHICOS MALOS: «Los vampiros»; pp. 75-80.
2. Actual territorio rumano, cuyo nombre significa «tierra más allá del bosque».
3. El empalamiento, a diferencia de lo que se ilustra en esta página, consiste en insertar una estaca en el ano o la vagina de la víctima e izar al o la infeliz, de tal suerte que la fuerza de gravedad haga el resto. El suplicio puede prolongarse durante días si se usan estacas sin punta.
4. El autor agradece a Juan Miguel Zunzunegui las aportaciones hechas a este artículo.


Igor Übelgott es clavicordista profesional. Resume su admiración por el conde Drácula en el hecho de que es el único villano cuyas víctimas acuden a él por propia voluntad, presas de su irresistible poder de seducción. Con esta idea en mente, en su juventud se esforzó por lograr un look vampírico que sedujera a jóvenes y hermosas víctimas… Por supuesto, no tuvo éxito.

No nos gusta la Navidad

busca en algarabía

Publicidad

Publicidad

Chingonerías

Chingado amor

Publicidad

Para escribir mejor

De acuerdo a / de acuerdo con

Publicidad

– Publicidad –

Newsletter Algarabía

Optimization WordPress Plugins & Solutions by W3 EDGE