Adiós a las tinieblas: Tesla y la luz eléctrica – Algarabía
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Adiós a las tinieblas: Tesla y la luz eléctrica

El maravilloso invento de la luz eléctrica —como la conocemos ahora— se la debemos a Nikola Tesla.

Año de 1893: el momento más importante de sus vidas había llegado. La Exposición Universal de Chicago reunió a más de 19 países y 27 millones de visitantes que esperaban ansiosos lo que muchos meses antes habían anunciado: por fin, adiós a las tinieblas.

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La corriente continua del prolífico inventor Thomas Alva Edison y la corriente alterna, del ingeniero Nikola Tesla,1 Nikola Tesla nació en Smiljan, Croacia, el 10 de julio de 1856. Fue inventor, ingeniero mecánico y eléctrico, y uno de los promotores más importantes para el surgimiento de la electricidad, comercial. estarían a punto de presentarse ante el mundo. El comienzo de la batalla había tenido lugar mucho tiempo atrás; pero en ese preciso instante, sólo hacía falta oprimir un interruptor.

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La idea de que la luz eléctrica podría utilizarse para alumbrar casas y ciudades se tuvo a raíz de la exhibición del arco voltaico de sir Humphry Davy —el primero en la historia en producirla2 En 1808, Davy presentó el arco voltaico, el cual ideó sirviéndose de una pila de volta cuya corriente hacía pasar entre las puntas de dos conos de carbón de madera encerrados en un recipiente de vidrio al vacío, con el fin de dificultar la combustión de los carbones. —, realizada públicamente 
por Léon Foucault para recrear un amanecer durante una representación en el Teatro de la Ópera de París en 1849.

¿Quién es más tonto: el niño que teme a la oscuridad, o el hombre que teme a la luz? Maurice Freehill

Hasta entonces, el sistema de iluminación artificial más usual seguía siendo el implantado en 1667 por el rey francés Luis xiv, con faroles de vidrio que prendían a base de aceite. Casi dos siglos después, en 1858, una de las más importantes aplicaciones de la luz eléctrica tuvo lugar en Inglaterra, con la instalación de un alumbrado en el faro de South Foreland; en 1877, una calle completa de París se iluminó con electricidad. Sin embargo, estas luces tenían un defecto: estaban conectadas en serie, así que si uno de los focos se descomponía, el resto se apagaba —como las series de luces navideñas.

Thomas Alva Edison, el mago de Menlo

Era entonces un mundo muy diferente. Un mundo impulsado por manos humanas, caballos y barcos a vapor, iluminados tan sólo por el brillo de la luz natural. Para 1877, Thomas Alva Edison ya era toda una leyenda: era 
el creador del fonógrafo, la maravilla de la era. Vivía con su esposa en Menlo Park, Nueva Jersey y, una noche de ese año, viajó en tren con un grupo de inventores para estudiar un eclipse solar.

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En cierto momento, se alejó del grupo y se sentó sobre uno de los vagones para observar cómo el eclipse convertía al día en noche; entonces imaginó la posibilidad de crear un tipo de luz que hiciera justo lo contrario: transformar la noche en día.

Pero Edison no era el único. En ambos lados del Atlántico, docenas de científicos se disputaban el invento, y las investigaciones se remontaban a los descubrimientos de Humphry Davy, sobre los dos modos básicos de luz eléctrica: la luz de arco y la de forma alternativa.3 La luz de arco se produce cuando la electricidad salta al espacio entre los conductores generando un resplandor azul continuo; la luz incandescente ocurre cuando la electricidad pasa a través de un conductor, con un filamento metálico y generando calor. Cuando éste se calienta resplandece con luz, y un rayo para cualquier luz eléctrica puede ser una fuente adecuada de electricidad.

El 13 de septiembre de 1877, antes de comenzar
 su investigación, Edison logró titulares en todo el mundo, tras haber prometido que alumbraría toda una vecindad de Nueva York en cuestión de unos meses. No tenía idea de cómo lo haría, pero sabía que para lograrlo requeriría el apoyo de los inversionistas de Wall Street.

En el comercio y en la industria todo el mundo roba. Yo mismo he robado bastante. Pero yo sé cómo robar. Thomas Alva Edison

Y se hizo la luz… eléctrica

Hilos de tela, fibras de coco, filamentos de metal: nada lograba conducir la electricidad durante varias horas sin que el filamento se achicharrase. Por fortuna, el empujón que necesitaba llegó con la invención de la bomba de vacío más avanzada de su tiempo: gracias a esto, Edison y sus «muchachos» —un equipo de doce notables científicos de su vecindario— hicieron brillar un filamento de bambú carbonizado durante trece largas horas, el 21 de octubre de 1879.4 Otros inventores como Joseph Swan, Henry Woodward, Matthew Evans, James Bowman Lindsay, William Sawyer y Humphry Davy también habían investigado al respecto. Aunque desde 1874 se había concedido una patente de la lámpara incandescente al ruso Alexander Lodiguin, en realidad lo que hizo Edison fue perfeccionar el sistema, creando uno más útil para la sociedad y el mercado.

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Una noche de invierno en año nuevo, 3,000 personas vieron cómo todo Menlo Park se encendía durante 48 horas sin interrupción. El 27 de enero de 1880 le fue concedida la patente, con el número 223,898, y ese mismo año se asoció con J. P. Morgan —un inversionista de Wall Street— para fundar la compañía General Electric.

Su promesa de iluminar Nueva York fue cumplida 
el 4 de septiembre de 1882. Para entonces, sus doce «muchachos» se habían convertido en 220. Desde
 sus nuevas oficinas —instaladas en Manhattan, no por casualidad— se inició aquel día el espectáculo de luces. El sistema abrió con 2 323 luces ese año, y para 1885, ya había 250 000 lámparas en uso en los ee.uu.

Nikola Tesla: el mago olvidado

En 1883, el cielo de Nueva York estaba tapizado por una telaraña de gruesos cables, y 400 personas habían muerto electrocutadas. Nikola Tesla, un joven croata, alto, moreno, con abrigo negro y bombín, había llegado hasta la gran urbe, con una carta de recomendación escrita por Charles Batchelor, uno de 
los socios de Edison 
en Europa: «Querido Edison: conozco dos grandes hombres y usted es uno de ellos: el otro es este joven», decía.

Su intención era mejorar el estándar de electricidad utilizado, a partir de un nuevo modelo de energía inalámbrica de largas distancias;5 Tesla desarrolló 24 diseños de generadores, motores y transformadores, reemplazó los imanes de campo por otros más pequeños y eficientes, y agregó controles automáticos; asimismo, incluyó múltiples fases, para crear un campo magnético rotatorio. sin embargo, desde
 el primer momento sus ambiciones y conocimientos chocaron con los intereses de Edison, pues mientras el sistema de éste requería de múltiples generadores, fluía en una sola dirección y no permitía transmitir energía a distancias superiores a dos kilómetros, el de Tesla —con una versión mejorada del generador y controles automáticos— permitía que el voltaje se elevara con un transformador antes de transportarse, lo que lo hacía un sistema más seguro.

Edison le propuso que, de hacerlo funcionar, 
le recompensaría con 50,000 dólares; pero un año después, cuando Tesla le anunció el éxito de su proyecto, lejos de reconocer su creación, se negó a pagarle la recompensa prometida: «Tesla, no entiendes el sentido del humor americano», le contestó.
 Sin embargo, otros inversionistas se interesaron 
y lo apoyaron, entre ellos George Westinghouse, propietario de The Westinghouse Corporation, quien le propuso comprarle su sistema de corriente alterna.

La guerra de corrientes

La comercialización de este sistema de energía propició el inicio de la guerra de corrientes, una campaña de desprestigio que durante diez años impulsó Edison: así, por ejemplo, intentando relacionar la corriente alterna con la muerte, electrocutó en público a perros, caballos y hasta a un elefante, y ajustició por primera vez a un reo en Nueva York con una silla eléctrica que funcionaba con el sistema de su rival.

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La Exposición Universal de Chicago de 1893 fue el final del enfrentamiento pues, buscando una fórmula para iluminar el recinto, los organizadores recurrieron a ambos contendientes. Llegado el día del evento,
 el presidente Grover Cleveland oprimió un botón
 y 100,000 focos iluminaron el espacio.

El público estalló en aplausos al presenciar aquel espectáculo tan parecido a la magia: mientras Tesla evidenció el poder de su corriente alterna de energía eléctrica sin cables con una demostración que conseguía que le saltaran chispas de los dedos, el sistema de Edison sólo logró que las luces de Chicago se atenuaran.

El ganador fue indiscutible: tres años después de la exhibición, Buffalo se convirtió en la primera ciudad de los ee.uu. en iluminarse con corriente alterna, luego de que The Westinghouse Corporation instalara una central hidroeléctrica en las cataratas del Niágara. Sin embargo, para desgracia de Tesla, después de que las patentes fueron registradas a su nombre aparecieron otros científicos para adjudicarse el invento, afirmando que habían hecho los trabajos básicos. Su nombre se perdió en medio de la disputa, y el público terminó asociando el invento con Westinghouse.

¿Por qué este hombre, a quien le debemos la invención de la corriente alterna, la comunicación inalámbrica, el motor eléctrico, el láser básico, el radar y el control a distancia quedó en el olvido? A él le gustaba pensar que si el presente no era suyo, el futuro sí lo sería, pero murió pobre y solo, un 7 de enero de 1943 a los 86 años.

En 2007, la central de Nueva York que Edison había fundado casi un siglo antes hizo su última transmisión de corriente continua. La luz de Tesla, en cambio, es el sistema eléctrico que circula hasta hoy, en todas las casas y ciudades del mundo entero.

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Texto publicado en Algarabía 67. En esa edición también encontrarás artículos sobre el ig Nobel, la trova cubana y el champán.

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