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¿Todo lo vivo surge de algo viene algo vivo?

La sempiterna necesidad del hombre por conocer su origen lo ha llevado, a lo largo de la historia, a experimentar e investigar las posibles causas que generaron vida en este planeta. Las teorías que tratan de explicarlo han sido muchas y muy variadas, desde las que afirman que todo lo hizo el creador en siete días —con descanso incluido— hasta las que señalan que toda materia, por sí misma, puede producir seres vivos: la teoría de la generación espontánea, pionera en las hipótesis esclarecedoras del inicio de la existencia.

La teoría de la generación espontánea

A esa supuesta producción de materia viva a partir de materia inerte se le llama abiogénesis y es el principio «científico» que guía la teoría de la generación espontánea, surgida a partir del descubrimiento de la aparentemente inexplicable aparición de moscas en la carne podrida, de cochinillas en los lugares húmedos o de gusanos en el lodo.

En 1667, el médico holandés Johann Baptist van Helmont afirmó que los piojos, pulgas y lombrices eran producto de nuestro cuerpo, en particular de nuestros desechos, y, para comprobarlo, elaboró una receta que propiciaba el nacimiento espontáneo de pequeños ratones, la cual decía más o menos así:

«Poner en un recipiente una camisa —sucia, por supuesto, y lo más sudada posible— y unas espigas de trigo. Esperar 21 días, hasta que el olor sea repulsivo y la suciedad haya penetrado las cáscaras del trigo. Luego de ese periodo, se podrán encontrar ratones de ambos sexos en lugar de trigo y éstos podrán reproducirse sin problema con otros roedores que hayan nacido de forma normal».

La teoría de la generación espontánea llegó a su fin gracias a los descubrimientos del médico italiano Francesco Redi, quien en 1668 realizó experimentos con comida, con la diferencia de que protegió un recipiente del aire y dejó a otro expuesto. Esto demostró que la vida procede de otro organismo vivo y no de la materia en sí, pues las moscas dejan sus huevos en un lugar donde, al nacer, sus crías puedan alimentarse y desarrollarse y no, no es la carne la que genera los huevecillos. Años más tarde, Louis Pasteur también rechazó la generación espontánea con experimentos sobre fermentación. Así se derrumbó un importante paradigma de la época.

Para saber más de este tema, lea el artículo “Generación Espontánea” de Mario Zaragoza Ramírez en Algarabía 38, pp. 62-64.

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