Ciencia

Microbio eres y en bacteria te convertirás

Los estudios sobre el microbioma humano nos han llevado a un escenario en el que ha llegado el momento de cambiar nuestro papel de cazadores por el de conservadores de microbios. Aquí la razón.

Tanto en diversidad de especies como en abundancia de ellas, el microbioma humano se está viendo afectado. Lavarnos las manos con agua y jabón está perfecto —nuestras bacterias «amigas» de la piel nos lo agradecerán—, pero preferir bañarlas con alcohol por la flojera de ir al lavamanos quizás sea demasiado.

En noviembre de 2009 un hombre de 60 años fue ingresado a la sala de emergencias de un hospital de Texas con síntomas de intoxicación severa por alcohol; la concentración de esta sustancia en su sangre era de 0.37%, casi cinco veces el límite legal —0.08%—, que en los ee. uu. te envía a la versión texana de «El Torito».

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El borracho sesentón juró que ese día no había tomado ni una sola gota —ni siquiera de forma inadvertida por medio de pastelillos o chocolates con licor— pero, como los médicos texanos ignoraban de qué manera una persona podía emborracharse así sin haber ingerido cerveza, mezcal o cualquier otra bebida alcohólica, pensaron que el paciente era un vulgar «bebedor de clóset». En realidad, ante ellos estaba un caso prodigioso del microbioma humano en acción: el fenómeno del «Síndrome autocervecero».

Microbios: 9, humanos: 1

A la lectura escolar, por varios años obligada, de la 
obra de Paul de Kruif y al capítulo de Cantinflas Show sobre Louis Pasteur, podemos culpar que más de una generación creciera con la idea simplista de que, por lo menos si se hallaba sobre o dentro de nosotros, el único microbio bueno era el microbio muerto.

Declarar abierta la «cacería de microbios» representa un nada minúsculo problema si consideramos que, para empezar y si sólo se tratase de erradicarlos, desde el año 2011 sabemos que en nuestro cuerpo hay aproximadamente nueve microbios —virus, arqueas1 Las arqueas o arqueobacterias están en un dominio distinto al de las bacterias y al del resto de los seres vivientes., protozoarios, hongos y, sobre todo, bacterias, unas 10 mil especies de ellas— por cada célula humana, lo que nos convierte en lo que en ecología se conoce como un supraorganismo o, si se prefiere, un superorganismo: un organismo formado por varios, donde «varios», en este caso, significa «millones de millones».

A este conjunto de microorganismos se le conoce como microbioma humano, donde «bioma» indica que una gran diversidad de especies interactúan entre ellas, formando redes complejas. La falta de alguna de ellas puede ocasionar que el ecosistema —en este caso, nuestro cuerpo— sufra o, inclusive, se colapse —que nos muramos, pues.

«Si no te gustan las bacterias, estás en el planeta equivocado.» Stewart Brand, escritor

Nuestros microbios no humanos habitan por toda nuestra piel, en oídos, nariz, boca, esófago, estómago e intestinos y, en el caso de las mujeres, hay una gran riqueza de bacterias en la vagina, lo que resulta de extrema importancia si consideramos que, antes de nacer y mientras estamos en el vientre materno, estamos completamente libres de microbios.

Es cuando atravesamos por la vagina de nuestra madre que ella nos provee de millones de bacterias cuyas especies nos acompañarán la mayor parte de nuestra vida —si es que antes no se topan con algún antibiótico que las extermine como «daño colateral» durante un tratamiento médico—.

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El lector que en este momento se pregunte si, considerando esto y dada la opción, tiene alguna ventaja para la salud de un humano nacer por vía natural en lugar de por cesárea, la respuesta es afirmativa.

Los ecosistemas del planeta Homo Sapiens

Fue a raíz del éxito del Proyecto Genoma Humano —alrededor de 2001—, en el que se logró secuenciar toda la información genética —instructivo de ensamblaje y funcionamiento— de nuestra especie, que los científicos llamaron la atención sobre la necesidad de crear otro proyecto con el mismo fin, pero teniendo como sujetos a los microorganismos que en su conjunto forman nuestro microbioma, de manera que fuera posible analizar el papel que desempeñan en conservar la salud humana.

Así, en 2005 surgió la iniciativa internacional conocida como el Proyecto Microbioma Humano. Para el año 2012 se habían secuenciado alrededor de 550 mil genes, de un total que, se espera, sea por lo menos de unos 20 millones. Aunque las especies que forman el microbioma de un ser humano sano varían de persona a persona, es posible reconocer sin confusión a las especies que habitan en cada región del cuerpo de un individuo y las funciones que desempeñan en conjunto en cada una de esas regiones.

«Ni siquiera se insinuaba la terrible posibilidad de que estos despreciables microbios fueran capaces de matar misteriosa y sigilosamente a millones de seres humanos. Nadie sospechaba que eran unos asesinos más efectivos que la guillotina y los cañones de Waterloo.»
Paul de Kruif, Los cazadores de microbios.

En el caso de estómago e intestinos, llevamos décadas escuchando sobre la flora intestinal, un término que sigue siendo considerablemente popular aunque, como ya hemos dicho, se trata en realidad de un microbioma formado por millones de bacterias que habitan en esa región y que, en algunos casos,
nos ayudan a digerir y aprovechar mejor nuestros alimentos —se estima que hasta un 15% de las
 calorías presentes en los alimentos que consumimos son extraídas por las bacterias de nuestro colon y usadas en nuestro beneficio.

Al respecto, échale un ojo a las cochinadas más cochinas

Son también los microorganismos que forman nuestro microbioma quienes nos ayudan a que el sistema inmunitario reaccione de forma más rápida y eficiente cuando nos agrede algún «microbio masiosare» —un extraño microbio enemigo.

Si fuésemos un poco cínicos, podríamos preguntar: «¿Y a nosotros qué nos importa la desaparición de especies de microbios de nuestro cuerpo? Ya hemos exterminado un considerable número de especies de “macrobios” y, ya ven, aquí seguimos de fiesta». Bueno, al respecto Blaser y otros investigadores nos advierten que el gran incremento en décadas recientes en el número de casos de obesidad y diabetes infantil, asma, alergias a los alimentos, autismo, colitis ulcerativa y eczema —entre otros padecimientos—, podría estar ligado a la desaparición de especies en nuestro microbioma.

Para conocer más respecto a los estudios sobre el microbioma humano, consulten Algarabía 131.

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