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Los reinos vivientes

Esta es la continuación posmoderna de esta historia, en la que los taxónomos luchan por pasar de cinco reinos a seis y de regreso a cuatro, y aparecen dominios, imperios o superreinos, subreinos e incluso infrarreinos.

Recapitulemos lo que leímos en la entrega anterior. Linneo consideró sólo dos reinos: Vegetabilia y Animalia; en el siglo xix Haeckel estableció el reino Protista para englobar a todos los seres unicelulares, y el Histonia, que incluía a los subreinos Metafita —vegetales— y Metazoa —animales—; ya en el siglo xx, Copeland clasificó a los seres vivos en cuatro reinos: Monera, Protista —o Proctotista—, Plantae y Animalia; por último, en 1969 Whittaker añadió el reino Fungi, de los hongos.

Los imperios de las células

Con el descubrimiento de la estructura helicoidal del adn —a mediados del siglo pasado— y el consiguiente inicio de la revolución de las biotecnologías, una cohorte de científicos de diferentes disciplinas comenzó a propugnar por un cambio en el sistema de clasificación de los seres vivientes.

A medida que se profundizaba en el estudio de las células, resultó cada vez más evidente que había un abismo que separaba a las bacterias —carentes de núcleo— de las células eucariotas que constituían al resto de los seres vivientes. Este abismo, en palabras de Nick Lane, era «más profundo que cualquier otro de los presentes en biología».

En consecuencia, en 1962 Roger Stanier y Cornelis van Niel, retomando la separación de los organismos en procariotas y eucariotas que más de dos décadas atrás había hecho Edouard Chatton, sugirieron la creación de los superreinos o imperios Prokaryota —en el que se halla el reino Monera— y Eukaryota—en el que están los cuatro reinos restantes de Whittaker.

En los dominios de las arquea

Aunque antes de Woese y Fox las arquea eran consideradas como bacterias, los estudios genéticos de estos investigadores mostraron que alrededor de 30 por ciento de sus genes —de las arquea, no de Woese y Fox, por supuesto— únicamente estaban presentes en este grupo. Estos genes son responsables de vías metabólicas —que son procesos que usan para generar la energía que requieren para vivir, como la generación de metano a partir de hidrógeno en las metanógenas, las cuales están presentes en nuestro intestino— que no se hallan en ninguna bacteria, y de estructuras celulares —como una membrana que las aísla del medio, constituida por cadenas de isopreno, un compuesto de carbono e hidrógeno— que les dan una rigidez mucho mayor que la de las membranas de ácidos grasos de las bacterias.

Así, con Woese y Fox los seres vivientes quedaron divididos en tres dominios: Archaea, Bacteria y Eukarya —todos los organismos constituidos por células eucariotas—, y seis reinos, al añadir el reino Archaea a los cinco de Whittaker.

Un nuevo y coloreado reino para el siglo XXI

En 1998, el canadiense Thomas Cavalier-Smith, uno de los mayores expertos —sino es que el más grande de todos— en evolución celular, propuso una nueva clasificación que ponía el énfasis en el origen y la evolución de las especies.

La versión detallada del sistema de Cavalier-Smith, publicada en 2004, conservaba los imperios Prokaryota y Eukaryota, pero Archaea quedaba como un subreino del reino Bacteria, se reintroducía el reino Protozoa y hacía su aparición el reino Chromista —propuesto por Cavalier-Smith en 1981— incluye organismos sin color, si bien todos tienen clorofila C y otros pigmentos que no se hallan en las plantas. Total: seis reinos.

El futuro: ¿fragmentación o minimalismo rusos?

En años recientes, dos científicos rusos, especialistas ambos en biología marina, son los responsables de las propuestas más extremas: por un lado, Anatoliy Leonidovich Drozdov, quien de plano asegura que los cinco reinos de Whittaker son inaceptables a la luz del actual conocimiento sobre los seres vivientes. Drozdov condena a los estudiantes de biología a aprenderse 26 reinos para poder aprobar la materia.
En las antípodas del sistema de Drozdov, se halla su colega Alexey Shipunov, quien apenas en 2009 lanzó su clasificación minimalista —aunque ni tanto, ya que está llena de dominios, infrarreinos, superfilos y subfilos— de cuatro reinos: Monera —con los subreinos o dominios Bacteria y Archaea—, Protista, Vegetabilia y Animalia.

En las fronteras de todas y cada una de las clasificaciones taxonómicas tenemos incómodos «habitantes» cuya inclusión como «seres vivientes» es todavía polémica; por ejemplo, están los virus —que no son organismos celulares y por ello no forman parte de ninguno de los sistemas aquí explicados— y las nanobacterias, descubiertas en 1998 por el finlandés Olavi Kajander y el turco Neva Ciftcioglu, que tienen un tamaño mucho menor a los 200 nanómetros que miden las bacterias más pequeñas.

Así, todo parece indicar que las Guerras Taxonómicas continuarán, dado que los límites de los imperios, dominios y reinos de la Tierra viviente están muy lejos de haberse establecido definitivamente. Y es que, ¿acaso podría ser de otra forma, en virtud de que tratamos con la riqueza de la vida misma?

Lee más sobre ciencia en La ciencia platicadita de Algarabía Libros.

Luis Javier Plata Rosas —patronímico castellano de Ludovicus Argenticus— es doctor en oceanografía costera y habita en el reino de Puerto Vallarta, donde investiga, divulga y enseña ciencias en y desde el dominio de la Universidad de Guadalajara.

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