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La inteligencia

La inteligencia se define como la facultad de entender, analizar y comprender. También se relaciona con la habilidad, la destreza y la experiencia en general, pero sobre todo con la capacidad de resolver problemas y realizar conexiones entre elementos del ambiente.

Mucho antes de que se comenzara a hablar de la inteligencia emocional, de la inteligencia genial, de los siete tipos de inteligencia de Gardner, entre otros conceptos actuales, el simple y sencillo concepto de inteligencia marcó las creencias sociales y la vida de muchas personas: «Fulanito es un niño muy inteligente», «deberías sacar calificaciones como Menganita, que es muy inteligente». Por generaciones hemos vivido bajo el mito de la inteligencia y los indicadores de la misma.

Los mitos sobre la inteligencia resultan casi irrefutables, pues se basan en creencias arraigadas en la cultura y aunque lo que se considere «inteligente» puede variar entre una cultura y otra, la respuesta social varía en mucha menos medida.

Algunos de los mitos más conocidos en relación a la inteligencia son:

  • Los niños con inteligencia excepcional son un grupo «élite».
  • Las muestras de una inteligencia superior aparecen desde edades tempranas.
  • La inteligencia puede ser medida por pruebas psicométricas que establecen diferentes habilidades y el resultado es confiable y válido.
  • Las pruebas de inteligencia son indicadores de los atributos de la vida real y pueden predecir logros futuros.
  • Las personas con inteligencia superior tienen necesidades específicas que deben ser atendidas sin importar cuáles son.
  • Una educación formal adecuada es el factor más importante para el desarrollo intelectual de los niños.

Aclaremos todos estos puntos de una vez: la inteligencia no se hereda tal cual. La influencia genética no determina respuestas específicas, impacta en cuanto a la probabilidad, pero no es determinista. La inteligencia dependerá, en mayor medida, del ambiente, de las creencias familiares, los estímulos y las experiencias del individuo. Contrario a la creencia popular —con sus honrosas excepciones, claro está—, las características humanas no son determinadas solamente por los genes, ya que el ambiente ocupa un lugar importantísimo en el desarrollo de todas ellas.

Para conocer más sobre este tema, lee “La inteligencia y sus vericuetos” en Algarabía 9.


Karina Rodríguez Sosa es psicóloga y tiene una maestría en Psicoanálisis. Es fanática del jazz, el ajedrez y cree firmemente en que los tres obstáculos de la inteligencia —como estipuló Wilfred Bion— son: la arrogancia, la necedad y la estupidez.

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