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La ciencia de los celos

Los celos, ese sentimiento que para muchos es realmente desagradable, tiene una explicación científica.

Se dice que los celos «son una señal de inseguridad», pero, ¿qué demuestra la biología al respecto? He aquí un par de reflexiones con base en la evidencia que se conoce hasta el momento.

El maestro Yoda no se equivoca al advertir de los abominables celos, esa emoción que acompaña muy de cerca a nuestro amor por alguien y que, por 
lo regular, tachamos de negativa: esa especie de Lado Oscuro de nuestras relaciones personales que nos lleva —en más ocasiones de las que desearíamos y de forma en apariencia paradójica— a acosar, avergonzar y lastimar a quienes queremos y etiquetamos como «propiedad exclusiva», sobre todo cuando de relaciones románticas se trata.

«El apego a los celos conduce, negra sombra de la codicia es», Maestro Yoda, Star Wars Episodio III: La venganza de los Sith (2005).

Los celos son reprochables; según los escritores y filósofos, mas no según los científicos. En todo caso y de acuerdo con numerosas investigaciones, si bien los celos pueden ser percibidos como reprobables, su existencia es explicable y, aunque con riesgos de muy diversa magnitud —preguntemos, si no, a Desdémona, una de sus más célebres víctimas—, su efecto puede ser principalmente benéfico no sólo para la supervivencia de nuestra especie, sino también para muchas más, incluyendo a los perros —de los gatos, por el momento y hasta que no haya evidencia a su favor, mejor ni hablemos.

Bíblicos o no, los celos están asociados con sentimientos de pérdida de afecto, rechazo, sospecha, inseguridad y ansiedad.

Celos rabiosos

Entre los estudiosos del comportamiento humano —psicólogos, antropólogos, sociólogos y biólogos— los celos son considerados como una mezcla compleja e involuntaria de pensamientos, emociones y acciones que nacen cuando 
el celoso percibe —con motivo o no— que la calidad de su relación con alguien está amenazada por la presencia de un tercero.

No es indispensable una relación romántica para que alguien padezca de celos y otro sufra —incluso de forma física— por culpa de ellos, como puede atestiguar el triángulo bíblico amoroso que se dio entre Dios, Caín y Abel.

Los dos hermanos más célebres de la Biblia también nos permiten ejemplificar cómo, si bien los celos pueden experimentarse como un amasijo compuesto de ira, miedo 
y tristeza, es su expresión externa —que incluye llorar como Magdalena, acosar al objeto de nuestro afecto y tomar represalias que, en el extremo, pueden llegar a casos como el de Caín— la que debe preocuparnos—.

«La rabia de los celos es tan fuerte que fuerza a hacer cualquier desatino», Miguel de Cervantes Saavedra.

Aunque la naturaleza destructiva de los celos es de todos conocida, y a pesar de que la mayoría de las investigaciones se han enfocado al estudio de los celos como parte de las relaciones románticas —sexuales o no—, diversos trabajos han mostrado que esta emoción está involucrada en un rango bastante amplio de relaciones interpersonales y que no son menores los posibles beneficios que puede obtener quien los experimenta.

Los psicólogos evolutivos —que intentan explicar por qué 
nos comportamos de cierta forma con base en la teoría de 
la selección natural de Darwin—, consideran que los celos existen en nuestra especie porque «nos ayudan a sobrevivir»: «gracias a ellos hacemos lo necesario» para proteger nuestra relación y hasta puede proveernos —repito: desde el punto de vista evolutivo— de importantes beneficios, tanto emocionales como materiales.

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Los celos «nos dicen» —en susurros o de plano a viva 
voz— que debemos evitar que posibles usurpadores puedan debilitar o romper esa relación benéfica, pues las posibles consecuencias podrían ser fatales para nosotros o para nuestra descendencia. En este sentido, los científicos concuerdan con el escritor François de La Rochefoucauld, cuando afirmó: «En cierto modo los celos son algo justo y razonable, puesto que tienden a conservar un bien que nos pertenece o que creemos que nos pertenece...»

Celos de hombre, celos de mujer

Según la psicología evolutiva, los celos sufridos por los hombres son distintos a los que aquejan 
a las mujeres. De acuerdo con esta teoría, el reto que para la hembra de nuestra especie representa el asegurar que un macho invierta suficiente tiempo y recursos en sus hijos —sean o no realmente también de él, pero esa es otra historia—,
 ha favorecido que las mujeres respondan con mayor intensidad a la infidelidad emocional que a la sexual.

En sentido opuesto, la posibilidad de que una hembra sea embarazada por un macho distinto a su pareja ha favorecido que los hombres respondan con mayor intensidad a la infidelidad sexual que a la emocional.

Qué bellos son tus celos de hombre / que sientes cada vez que me voy... La Sonora Dinamita

Una mujer se encela más con su pareja cuando percibe —con razón o no— que se está enamorando de otra mujer aunque no copule —ponga aquí el lector el sinónimo que le parezca más apropiado— con ella; mientras que un hombre tiene arrebatos de celos mucho mayores en el caso opuesto. ¿La razón? Los celos masculinos son un mecanismo resultante de la evolución para prevenir que el hombre termine criando hijos de otros, en tanto que los celos femeninos son un mecanismo para no perder los recursos invertidos por el padre —verdadero o no— en sus hijos.

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Nótese que lo aquí expuesto no significa que hombres y mujeres no sufran por igual del mismo tipo de celos: sólo se menciona que la intensidad con que se siente cada tipo de celos es distinta en cada sexo; ergo, este artículo no se puede usar como excusa para argumentar: «Tus celos son evolutivamente irracionales. ¡Sólo me estaba echando una canita al aire!... Ya sabes que eres la única de quien estoy enamorado».

A pesar del recelo y la polémica que esta perspectiva evolutiva ha suscitado desde hace más de tres décadas con la frase «los celosos 
son de Marte, las celosas son de Venus», hasta sus «celosos defensores» han descubierto evidencia a favor y en contra de esta hipótesis que predispone de manera innata a hembras y machos a reaccionar de forma distinta ante la infidelidad.

Celos inmaduros, celos añejos

Si confiamos en la psicología evolucionista, ¿están equivocados quienes consideran que los celos son una muestra de inmadurez, inexperiencia e inseguridad? ¿Se extinguen los celos con la edad?

Me traen tristeza, me causan dolor. / Celos, ¿cuándo se irán? / Tengo que conservar mi mente posesiva, / que me convirtió en un tipo celoso. «Jealousy», Queen

Cuando una mujer está en una edad mayor a la reproductiva, no por ello disminuye el riesgo de que su pareja se convierta en un cornudo, pero al menos ésta no corre el riesgo de criar a los hijos
 del amante y, en consecuencia, cuarentones —y de mayor edad— deberían ser menos celosos. En teoría. No obstante, los estudios muestran que no importa la edad de un hombre: la intensidad de sus celos no disminuye en lo más mínimo.

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La posible explicación es que esos estudios no consideraron la edad de la mujer —no, no leyó doble—: es probable que en varias de las parejas estudiadas la mujer fuera mucho más joven que el hombre. Y si te queda alguna duda de esta hipótesis,
 da un vistazo a tu alrededor: entre mejor sea la estabilidad económica de los hombres, éstos se involucran con mujeres mucho menores que podrían ser sus hijas... o incluso sus nietas.

Si quieres conocer más sobre la ciencia de los celos, consulta Algarabía 125.

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