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Goethe: ciencia en el romanticismo

El nombre Johann Wolfgang Von Goethe es, seguramente, uno de los más conocidos y reconocidos en la literatura universal, y, probablemente, la importancia de su obra para la lengua alemana sólo sea comparable con la que tuvieron Dante, Cervantes o Shakespeare. Pero, en realidad, ¿qué tanto sabemos de este literato?

El romántico

De la obra literaria de Goethe se puede decir mucho: junto con Johann Gottfried Herder dio inicio al movimiento alemán Sturm und Drang —«Tempestad e Impulso»— con una obra teatral temporalmente anterior a Werther: Götz von Berlichingen, de corte shakespeariano. De Fausto, en particular, se puede señalar que es una combinación de tendencias: la primera mitad es sumamente representativa del Sturm und Drang, mientras que, en la segunda, Goethe denota una clara influencia de la literatura clásica alemana.

En Fausto, el autor narra la experiencia de un individuo aislado que desea investigar los asuntos mundanos y divinos; así, Goethe permite al lector soñar con la formulación de preguntas que podrían condenarnos, pero que son, también, una vía a la redención para el sabio.

El científico

En esta obra Goethe plasma no sólo su maestría literaria, sino también su visión del mundo, la cual refleja su espíritu científico y su constante interés por temas como la alquimia, la astrología y las cuestiones ocultas, aspectos que había abordado en su juventud gracias a su cercanía con un movimiento místico alemán conocido como pietismo.

Fue gracias a ellos que se interesó en su Naturphilosophie —filosofía de la naturaleza—, que pretendía explicar el mundo natural a través de un enfoque racional.

Tal vez el texto más interesante de esta faceta sea su famoso Ensayo para explicar la metamorfosis de las plantas, escrito en 1790. En esta obra, Goethe pretende explicar la compleja morfología de las plantas con flores y responde diversas interrogantes: ¿cómo es posible que de una semilla se genere un organismo tan complejo como un árbol?; ¿cómo es posible que un órgano tan perfecto como una flor pueda generarse, en vez de las hojas, mucho más simples?

Para los morfólogos racionalistas, las explicaciones más comunes de la época —que seguían un patrón newtoniano de corte mecanicista— sacrificaban la posibilidad de entender a los organismos como un «todo» complejo al hacer énfasis sólo en el estudio de sus partes.

Sin embargo, para los filósofos naturales como Goethe era más importante comprender el proceso de desarrollo que la constitución misma de los seres; era la variable temporal la que se añadía en esta perspectiva totalizadora

Modelos naturales

Curiosamente, hoy en día, nuestro mejor modelo para entender el proceso de desarrollo de las flores sigue algunas de las intuiciones de Goethe. Él consideraba que en el proceso de desarrollo de la flor lo central no era un órgano regulador o cierta clase de determinismo o preformacionismo4, sino la existencia de procesos de interacción que generaban zonas en las cuales surgían los pétalos y los sépalos, y zonas interiores que poseían estambres y pistilo.

Esta concepción, llamada Modelo ABC, propone la existencia de tres tipos diferentes de genes:
un gen A, un gen B y un gen C.

Fue el genio de Goethe el que propuso, dos siglos antes del advenimiento de la genética, un modelo que, a través de la interacción, generaba estructuras y daba lugar al orden, partiendo del desorden.

El IQ mayor a 130 se considera de superdotados. Se dice que el de Goethe llegaba a 210.

Más allá de la complejidad

No obstante, su contribución ciertamente no termina en el ABC, pues sus sugerencias sobre una visión holística del mundo vivo habrían de renacer a principios del siglo xx, cuando el ecólogo Frederic Clements propuso una visión integral de los ecosistemas que valorara a los organismos no como habitantes de un espacio, sino como constructores de su propio mundo y los considerara órganos de un superorganismo, todos con su propia función.

A raíz de la teoría del caos, surgida en la década de 1980, el holismo se vuelve aún más importante —y no únicamente en las ciencias biológicas—, puesto que, por primera vez —e incluso, con la pujanza increíble de la genética molecular—, se sugiere que la visión de Goethe y los morfólogos racionalistas acerca de la complejidad puede ser abordada como hipótesis científica con gran fecundidad.

Video «Crecimiento de una planta»

Para saber más sobre Goethe, la ciencia y las flores, consulta Algarabía 37.

Fabrizzio Guerrero es un biólogo egresado de la Facultad de Ciencias. Actualmente realiza sus estudios de posgrado en el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM. Sus principales intereses son, entre otros sueños, entender el conocimiento como un hecho doble, del mundo y del hombre.

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