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¿Eres de sangre azul?

A pesar de que todos los humanos somos de la misma especie y presentamos idénticas funciones biológicas y fisiológicas, resulta que no todos tenemos el mismo tipo de sangre, lo que en determinado momento puede ser crucial para salvarnos la vida.

Los misterios que encierran los grupos sanguíneos son múltiples y muy difíciles de explicar. Pero comencemos por el principio. Hacia 1665, un científico experimental inglés, el anatomista Richard Lower, intentó practicar transfusiones sanguíneas en perros y, dos años más tarde, el cirujano francés Jean-Baptiste Denis realizó con éxito la primera transfusión de una oveja a un hombre joven. En esos tiempos, la muerte por pérdida de sangre era común.

En un campo de batalla, por ejemplo, morían más hombres porque se desangraban —sin mencionar la septicemia1 La septicemia es la amplia destrucción de los tejidos debida a diferentes bacterias o sus toxinas, que invaden el torrente sanguíneo. El término también se emplea para denominar cualquier invasión sanguínea.— que por la naturaleza y gravedad de sus heridas. Por lo tanto, era muy importante para los médicos descubrir un medio instantáneo para proveer de sangre a una víctima y así compensar la pérdida por hemorragia. Además, en ese entonces, la cirugía todavía utilizaba procedimientos primitivos y el choque causado en el paciente por el puro dolor de una operación —realizada sin anestesia—, aunado a la pérdida de sangre, podía provocar un desenlace fatal.

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Aquellas tempranas transfusiones de sangre entre animales algunas veces daban buen resultado, pero esto no era lo más frecuente, pues se ignoraba que si no se realizan entre tipos sanguíneos compatibles, se generan diversas reacciones que van desde hemólisis,2 Destrucción de las células rojas sanguíneas. anemia, fallas renales, shocks e, incluso, la muerte. Cuando esas mismas técnicas se usaban en seres humanos, los resultados seguían la misma azarosa pauta de éxitos y fracasos. En realidad, fue hasta principios del siglo xx cuando los médicos comprendieron por qué se producían tantas muertes después de las transfusiones, pues se halló que la sangre humana podía ser dividida en cuatro categorías o grupos principales.

Primer descubrimiento

En 1901, el médico vienés Karl Landsteiner descubrió cuatro clases distintas de glóbulos rojos a las que llamó O, A, B y AB, lo que le valió recibir el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1930. Encontró que los glóbulos rojos de nuestra sangre están suspendidos en un líquido llamado plasma,3 El plasma es un líquido de color pajizo en el cual están suspendidas las células sanguíneas y consiste en una solución de varias sales inorgánicas de sodio, potasio, calcio, entre otras, con una alta concentración de proteínas y gran variedad de elementos de traza. de modo similar a las partículas de tierra que enturbian el agua. Cuando se mezcla sangre de diferentes grupos —es decir, cuando por transfusión una persona recibe sangre perteneciente a un grupo incompatible con la suya—, los glóbulos rojos se «aglutinan», es decir, comienzan a juntarse unos con otros formando una especie de grumos, y dejan de transportar oxígeno, que es su función específica.

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En la sangre están presentes dos elementos más que son determinantes para clasificarla: los antígenos,4 El antígeno es una sustancia que despierta una respuesta inmunológica, como la producción de un anticuerpo específico para esa sustancia. en los glóbulos rojos, y los anticuerpos, en el plasma. Así, cuando una persona tiene glóbulos rojos con antígenos del tipo A en su suero sanguíneo, también está presente una sustancia llamada anti-B, que es el anticuerpo. Y si una persona del grupo A recibe una transfusión de sangre de otra persona con glóbulos rojos cuyos antígenos son del tipo B, las sustancias anti-B presentes en la sangre de la persona del grupo sanguíneo A producirán aglutinación. En otras palabras, sus glóbulos rojos se agruparán formando grumos.

No se puede, por lo tanto, mezclar los grupos sanguíneos A y B a causa de las sustancias anti-B que hay en la sangre del tipo A y de las sustancias anti-A que hay en la sangre tipo B.

Las personas con tipo sanguíneo O5 En otros países, este tipo de sangre se denomina nulla o cero, para señalar que no contiene antígenos. se diferencian de las demás, porque sus glóbulos rojos no contienen sustancias A ni sustancias B y pueden dar sangre a cualquier persona; de hecho, a quienes pertenecen a este grupo se les llama «donantes universales».

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Al cuarto grupo sanguíneo, llamado AB, pertenece gente cuyo suero no contiene sustancias anti-A ni anti-B, por lo que pueden recibir sangre de cualquiera de los tres grupos restantes. En otras palabras, son «receptores universales».

Así pues, las reglas de la transfusión se reducen a que cualquiera puede recibir sangre de otra persona de su mismo grupo sanguíneo, así como de una persona del grupo O, ya que los afortunados del grupo AB pueden recibir sangre de cualquiera.

Segundo descubrimiento

Todo lo anterior corresponde a la composición básica de la sangre; sin embargo, la situación se complica cuando toma relevancia otro factor, esa misteriosa cosa denominada Rh, descubierta en 1940 por el mismo Landsteiner, junto con Alexander Solomon Wiener, y que resulta enigmática hasta para los científicos.

Landsteiner observó que si inyectaba sangre de unos pequeños monos de la especie Macacus rhesus a unos conejillos de indias, éstos producían ciertas «antisustancias»; es decir, se creaba sangre que contenía un factor anti-Rhesus, a partir de la cual era posible preparar un suero —que no es otra cosa que sangre sin células ni corpúsculos sanguíneos— que sintetizaba, a su vez, ese factor. De esto surgió algo verdaderamente relevante: se descubrió que la sangre humana podía ser clasificada en dos tipos principales o grupos especiales.

Aproximadamente 83% de los seres humanos tiene sangre que aglutina o forma grumos cuando se le inyecta un suero similar al del experimento y que contiene ese factor anti-Rhesus o anti-Rh. Este grupo se denomina «Rhesus positivo» o Rh+. La minoría restante, o sea, la sangre de 17% de la población mundial, no se aglutina en presencia del suero anti-Rhesus, por lo que pertenece al grupo Rhesus negativo o Rh–.

Lo curioso de esta reacción Rhesus es que parece variar de unas razas a otras. Cerca de 85% del total de los individuos de la raza caucásica o europea tiene reacciones Rhesus positivas; 90% de todos los individuos de raza negra también son Rh+, mientras que las razas mongólicas puras son positivas por completo.

Tercer descubrimiento

Pero no faltará quien se pregunte para qué sirve todo esto. La respuesta se encuentra en la minoría que es Rh–. Los individuos que pertenecen a este grupo pueden verse en una situación de peligro potencial si reciben una transfusión de sangre Rh+, pues crearán anticuerpos en su corriente sanguínea. Ya hemos visto que, si bien los grupos sanguíneos son los mismos, en sus categorías A, B y O, en realidad son muy diferentes.

Los anticuerpos, desde luego, forman parte del sistema de inmunidad propio de nuestro organismo, que nos ayuda a resistir todo tipo de infecciones, pero, y aquí está el meollo del asunto, si una persona tiene esos anticuerpos en su sangre y recibe más adelante otra transfusión de sangre Rh+, tendrá una reacción gravísima, ya que dichos anticuerpos tenderán a destruir la sangre nueva.

Una situación similar ocurre cuando una mujer Rh– procrea con un hombre Rh+, pues el futuro bebé puede ser Rh+ o Rh–. Si el embarazo es Rh+, el feto tiene el mismo efecto de producir anticuerpos en la sangre materna, en cuyo caso, el bebé nacerá sin mayores consecuencias.6 Y si la mujer, por cualquier causa, llegara a abortar, los anticuerpos sobrevivirían en su sangre. Pero si esa misma pareja procreara un segundo hijo Rh+, las sustancias anti-Rh, o anticuerpos, presentes en la sangre de la madre, pasarían al feto a través de la placenta y provocarían la destrucción de los glóbulos rojos del bebé. Este problema se denomina «incompatibilidad Rhesus» —o incompatibilidad Rh— y sólo es grave cuando se ha destruido la mayor parte de los glóbulos rojos.

Así que más nos vale ser comunes y corrientes y no andar presumiendo que somos de sangre azul, ¡no vaya a ser el diablo!

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  • Junior Nicanor Mamani Robles

    a los o negativo le llaman sangre azul, asi de sencillo,, muchos dicen que es la sangre de la realeza,, otros que es sangre extraterrestre,, pero lo de la descendencia extraterestre lo dicen de todos los rh negativo

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  • Jayro

    Complejo Ser Rh (-), sobre todo cuando se requiere una transfusión y “nadie” de tu familia es Rh – :0

  • Ivette Olivares

    Lo de “sangre azul” solía decirse porque la realeza apreciaba una piel tan blanca que las venas pudieran verse, y como ya sabemos, suelen verse azules o verdosas, si eras bronceado muy difícilmente podían verse y mucho menos verse azules, entonces se intuía que esa persona trabajaba mucho bajo el sol y por tanto era un plebeyo, pues la nobleza no tenía necesidad de laborar bajo el sol y obviamente no lo hacía.

  • Jorge david

    Soy del grupo y factor A- RH – soy de argentina , de decendencia europea, cuando naci era rubio rojiso, ojos cafe y piel blanca, pero el cabello se me fue poniendo castaño y a partir de los 10 ya hera totalmente castaño , la piel se broncea por accion del sol pero soy blanco.
    Mis hijos como seran dependiendo con que gp y factor sea mi mujer…

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