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Entomología cultural: insectos en el lenguaje, la música y el arte

La entomología cultural es una disciplina que estudia la influencia de los insectos en el lenguaje, la música y el arte en general.

La entomología como disciplina científica tiene por objeto el estudio de los insectos, ya sea como parte de la ciencia básica —taxonomía, sistemática, morfología, genética, biología molecular— o aplicada —control de plagas, control biológico, entomología forense—. En 1980, el entomólogo estadounidense Charles Hogue propuso el término «entomología cultural» para referirse a una disciplina cuyo objetivo sería conocer la influencia de los insectos en la literatura, el lenguaje, la música y otras artes, así como en la historia interpretativa, la religión y la recreación. Revisemos algunos ejemplos.

El grupo de los insectos, en lo
 que a la entomología cultural
 se refiere, es más amplio que el
 definido por los biólogos, pues incluye en general a los artrópodos —animales con patas articuladas— terrestres: arañas, escorpiones, vinagrillos, tendarapos, ácaros, garrapatas —clase Arachnida—, ciempiés —clase Chilopoda—, milpiés —clase Diplopoda—, libélulas, chapulines, grillos, termitas, mariposas, moscas, escarabajos, abejas, hormigas, avispas —clase Insecta— y muchos otros.

En el lenguaje cotidiano, muy rico en nuestro país, con frecuencia aparecen alusiones a los insectos: «me vale grillo», «sabes que tienes cabeza nomás porque te pican los piojos», «dar el mayatazo», «dar vueltas como mayate», «ser sucio como escarabajo pelotero» —en clara alusión a los escarabajos que transportan excremento — «oler a pinacate», «mosquita muerta», «pa’ mis pulgas», «por si las moscas» —o «por si las flies»—, «regar la polilla»... Y apenas estamos empezando.

Bichos por todos lados

En la música tampoco cantamos mal las rancheras: los géneros van desde canciones infantiles —Cri-Cri, «el Grillito Cantor», incluyó a los insectos en melodías como «Dos mayates», «Cocuyito playero», «El jicote aguamielero» o «Los mosquitos trompeteros»—, hasta música clásica, como «El vuelo del abejorro» de Nicolai Rimsky-Korsakov, utilizada parcialmente en la teleserie El Avispón Verde—, pasando por el rock —«Mujer cucaracha» o «Insecticida al suicida» de la Cuca, o «The Spider and the Fly», de los Rolling Stones.

Canción «Los mosquitos trompeteros» de Cri-Cri:

Los insectos —y no sólo las polillas— se reproducen como plaga en las 
páginas de los libros: La metamorfosis de Franz Kafka, «El escarabajo de oro» de Edgar Allan Poe, «El cazador de escarabajos» de Arthur Conan Doyle —el mismo que escribió las múltiples aventuras de Sherlock Holmes—, «La mosca sabia» de Leopoldo Alas «Clarín», 
Los escarabajos vuelan al atardecer de María Gripe, El cerro de los jumiles1 Reciben este nombre varias especies de chinches que se consumen en algunos estados de México. Son una tradición importante en Taxco, Guerrero. de Gloria Salas Calderón, «El sueño del escarabajo» de Guillermo Bazavilvazo, El escarabajo verde de Philipp Vandenberg, El valle de los cocuyos de Gloria Cecilia Díaz y La mosca de la muerte de Patricia Cornwell, son sólo algunos ejemplos de insectos en la literatura.

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En las artes plásticas, muchos autores los han incluido en sus obras. Una muestra amplia y colorida puede verse en el libro Los insectos en el arte mexicano, pero también hay muchas ilustraciones, timbres, historietas, cómics y cuentos en los que estos bichos han sido los protagonistas: en los timbres postales, las mariposas son el grupo de insectos con mayor representación, y en los cómics, los artrópodos han encontrado un nicho especial y hasta han conformado una creciente lista de héroes y villanos con su nombre: Spider-man, Blue Beetle, Queen Bee, Spider Woman, Spider Girl, Insect Queen o The Thick, por mencionar algunos.

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En México se han publicado algunas obras que muestran la interacción insecto-hombre desde el punto de vista cultural. Un ejemplo es Los insectos en el arte mexicano de la colección Artes de México. La Universidad de Guadalajara, en 2007, publicó Entomología cultura: Una visión iberoamericana.

Sin embargo, es en el cine donde los insectos han tenido un marcado papel como creación cultural y difusión de conocimientos entomológicos —en muchos casos, erróneos—. Tenemos insectos gigantes, insectos-hombres mutantes e insectos asesinos, que regularmente muestran sus «instintos obsesivos» y tratan de acabar con la especie humana. No podemos dejar de mencionar al Chapulín Colorado y
 a una película mexicana del cine de luchadores: Arañas infernales (1968), con el enmascarado Blue Demon que, a base de costalazos y múltiples llaves, destruye a estos invasores extraterrestres.

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Fragmento de la película Arañas infernales:

¿A qué se debe tanto insecto?

¿Por qué se incluyen insectos en la literatura, en el cine o en la música? Podemos dar una respuesta sencilla: los insectos son los dueños de la Tierra. Su diversidad — es decir, el número de especies— y abundancia no tienen comparación dentro del reino animal. Es más: cuando el Homo sapiens se distinguió como especie, los insectos ya estaban ahí. A través de los años hemos hecho esfuerzos por conocerlos, saber qué son, quiénes son, qué hacen, dónde viven o cuáles nos causan daño, y en ocasiones, las respuestas a estas interrogantes nos han sorprendido o maravillado; en otras, los han convertido en una más de nuestras fobias, de nuestros temores.

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Sin que los insectos per se lo sean, las creaciones fílmicas o literarias los han convertido en monstruos, en amargas pesadillas, en organismos carentes de sentimientos —una mantis devora al macho... ¡sin la menor expresión facial!— o en autómatas capaces de destruir poblados enteros y atacar sin piedad al hombre. Lo desagradable también se asocia con los insectos: edificios o casas invadidos por cucarachas, y la palabra insecto o el nombre de alguno de ellos se utiliza para llamar despectivamente a la gente que se considera insignificante o carente de sentimientos —por ejemplo, en la expresión «¡eres un insecto!» o en la personalidad de la protagonista de La Cucaracha (1959), encarnada por María Félix: una mujer sin alma, sin sentimientos.

Su parte bonita

Los artrópodos también son parte del folklore. ¿Qué peor castigo puede existir que convertirse en uno, como la 
mujer araña de las ferias de pueblo, cuya condición
 es consecuencia de haber desobedecido a sus padres?

En contraste con este panorama
 oscuro y desventajoso, la visión 
opuesta es la de la admiración y el 
respeto: la mariposa como mensajera del cambio, de 
la transformación; las hormigas, tenaces y trabajadoras que simbolizan un bienestar seguro —recordemos la fábula de la cigarra y la hormiga—, y el papel heroico de los insectos en películas infantiles, que muestran una imagen opuesta a las mencionadas arriba.

Los artrópodos han estado aquí y seguirán con o sin nosotros, y la entomología cultural nos habla de su interacción con el hombre. Por si las moscas, debemos estudiarlos; estar seguros de que no brinquen pulgas en nuestro petate y no tenerles miedo: no hay mujeres cucaracha ni mujeres araña, pero eso sí, los insectos están bien picudos.

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Texto publicado en Algarabía 87.
También te recomendamos leer Insectos comestibles.

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