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El asombroso fax

Si piensas que la máquina de fax es una comodidad moderna, considera esto: fue inventada hace más de 140 años.1

Giovanni Caselli (1815-1891) era un sacerdote italiano, pero sus vecinos en Florencia creían que tenía algo de «científico loco». Siempre estaba jugueteando con diversos objetos, y su casa estaba invariablemente llena de chácharas.

Además de científico, Caselli era también un impetuoso radical político. De hecho, sus opiniones habían enfurecido tanto a la Iglesia que cuando inventó el pantelégrafo estaba viviendo en el exilio.

El telégrafo era la novedad tecnológica del momento y Caselli se preguntaba si sería posible enviar imágenes a través de los cables del telégrafo. Así que puso manos a la obra en 1857, y durante los siguientes seis años perfeccionó algo a lo que llamó «pantelégrafo», la primera máquina de fax del mundo. De 1.8 metros de alto y hecha de pilas, cables y péndulos que se balanceaban, funcionaba haciendo pasar una corriente eléctrica a través de una imagen. La señal era enviada a un recibidor que la traducía sobre una hoja de papel tratado.

En el lado transmisor, una aguja conectada a un péndulo se balanceaba sobre el documento original. Cuando ésta tocaba la tinta, enviaba una señal eléctrica a una aguja sincronizada que pasaba sobre papel químicamente tratado en el otro lado. Esto causaba que el papel cambiara de color cada que la electricidad lo tocaba. El resultado era una copia exacta.

El Emperador Napoleón iii de Francia quedó tan impresionado con el trabajo de Caselli que autorizó el uso de esta máquina en las líneas telegráficas francesas. Para 1868, el pantelégrafo ya estaba transmitiendo hasta 110 faxes por hora, pero aún era visto como una novedad más que como una necesidad. Cuando las tropas prusianas invadieron Francia en 1870, el servicio fue interrumpido y nunca se restableció. Habrían de pasar otros 100 años antes de que la máquina de fax se volviera, repentinamente, indispensable.


1. Tomado de: Rick Beyer, «Amazing Fax» en The Greatest Stories Never Told. Nueva York: Harper Collins ediciones, 2003. Traducción de Mariana Roa Oliva.

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