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El apocalipsis científico—Formas reales en las que el mundo se podría terminar—

El 2012 dio pie a muchas bromas y chistes acerca del fin del mundo, pero seguramente habrá también quienes sientan miedo auténtico.

Sin embargo, suponiendo que estamos equivocados y que el fin del mundo no es el 21 de diciembre de este año, puedes preguntarte cómo el mundo, tal como lo conocemos, podría acabarse de verdad; hemos recogido varios escenarios científicamente válidos para que te preocupes. 1 El artículo «Scientific Doomsday: Ways the World Could Actually End» fue tomado de la web de Wired (http://www.wired.com). Trad. Escribidora y Mariela Ortiz

Supervolcán

Las posibilidades de que un terremoto logre destruir el mundo son mínimas, según el sismólogo Thorne Lay, de la Universidad de California, Santa Cruz. Esto es porque la energía liberada por un terremoto está relacionada con la longitud de la falla que se rompe durante el evento. Por ejemplo, en 2004, un terremoto ocurrido en Sumatra de 9,1 de magnitud en la escala de Richter provocó el tsunami en el océano Índico que mató a casi 300 mil personas, causando una ruptura alrededor de 900 kilómetros de una falla de zona de subducción, la más larga jamás registrada en un solo temblor.

Sin embargo, las zonas de fallas importantes, que marcan límites entre las placas tectónicas, no son continuas, y las irregularidades como los cambios en el tipo de fallas y la existencia de placas más pequeñas con bordes más cortos dejan rupturas de poco alcance apocalíptico.

Pero hay otros peligros geológicos que pueden tener más potencial para el día del Juicio Final, por ejemplo: «Es más factible que seas testigo de una erupción verdaderamente gigantesca», como la erupción del supervolcán que se encuentra en el área del Parque Nacional en Yellowstone, dice Lay. Éste ha experimentado explosiones volcánicas colosales en el pasado, siendo la más reciente hace 2 millones 640 000 años atrás. Otra erupción de ese tipo sería devastadora para la mayor parte de América del Norte.

Erupciones gigantes han contribuido a extinciones masivas, incluyendo la que mató a los dinosaurios hace unos 65 millones de años. En ese momento, los volcanes hicieron erupción de forma masiva y crearon las Trampas de Deccan, enormes formaciones de roca basáltica con capas de lava que alcanzan extensiones de 10 000 kilómetros cuadrados y un espesor de 2 400 metros, las cuales se ubican en la India y constituyen el lecho de lava más grande del mundo.

Los científicos también han demostrado que un volcán siberiano pudo haber precipitado la extinción más grande encontrada en el expediente hace unos 250 millones de años atrás. Este resplandeciente coloso expulsó azufre, dióxido de carbono y cenizas que pudieron haber alterado el clima lo suficiente como para colapsar la cadena alimenticia, dice Lay.

El gigantesco cráter volcánico de Yellowstone se ha elevado unas 10 pulgadas en la última década, lo que sugiere que hay roca fundida acumulándose debajo. Durante su vida, el megavolcano probablemente ha experimentado más de una docena de erupciones gigantes, según Lay. Últimamente ha estado expulsando vapor a través de respiraderos pequeños, pero no está claro si se está preparando para otra explosión trascendental.

Choque de un asteroide

Los asteroides suelen encabezar la lista de objetos extraterrestres que podrían chocar con la Tierra. Un asteroide de 9 kilómetros de ancho que se estrelló en la península de Yucatán en México, fue en parte responsable de la extinción de los dinosaurios hace unos 65 millones de años.

En el 2004, se anunció que el asteroide de nombre Apophis tenía más del 2 % de probabilidades de chocar con la Tierra en 2029, de acuerdo con la Investigación en la detección de asteroides y la defensa, hasta que los científicos recalcularon las probabilidades a 1 en 250 mil. Por suerte, nada de ese tamaño está en camino hacia la Tierra en la actualidad, por lo que «podemos estar tranquilos por lo menos unos pocos millones de años más», dice el científico Jay Melosh de la Universidad de Purdue.

Sin embargo, amenazas más pequeñas pueden ser inminentes. La NASA espera que aproximadamente cada 100 años, un asteroide de 55 yardas de diámetro llegue a la tierra. El impacto podría causar catástrofes como inundaciones masivas, destrucción de ciudades enteras y un colapso agrícola. Trozos de roca de más de tres quintas partes de una milla de ancho —el equivalente a 12 cuadras de la ciudad de Nueva York— podrían pasar a través de la atmósfera, causando problemas mucho más graves y a una escala global. La lluvia ácida acabaría con los cultivos, los residuos no permitirían la llegada de los rayos solares a la Tierra y se producirían tormentas de fuego, de acuerdo con el programa de la NASA que se encarga de estudiar los objetos que se acercan a la Tierra.

Para entender los riesgos cósmicos, los científicos están inspeccionando el sistema solar para encontrar asteroides que podrían estar dirigiéndose a nuestro planeta. Ellos han descubierto alrededor de 900 de un estimado de mil asteroides aproximadamente a una milla de distancia. Ninguno parece tener la Tierra como su objetivo.

Las probabilidades de que algo tan grande colapse con la Tierra son pocas, pero eso no significa que esté 100 % segura. Es casi imposible encontrar todos los asteroides que podrían ser una amenaza para la Tierra. «Siempre hay un poco de incertidumbre con la que vamos a tener que vivir», dijo Erik Asphaug. O morir con ella.

Colisión de un cometa

Parte de la incertidumbre proviene de los primos a veces olvidados de los asteroides: los cometas, los cuales están compuestos de hielo, a diferencia de los asteroides que están formados por rocas y metales.

Hartley 2 se acercó a 11 millones de millas de la Tierra el 20 de octubre de 2010, una de las veces en que más se ha acercado un cometa en siglos. «Los cometas son especialmente peligrosos porque vienen de lejanas distancias, a altas velocidades», dice Asphaug.

Los cometas cruzan el espacio a casi 100 000 millas por hora y se aceleran debido a la atracción gravitatoria de la Tierra. Cuanto más grande es el objeto, la fuerza que ejerce es directamente proporcional y provoca por lo tanto, más daño. Para agregarle emoción al daño potencial, la búsqueda de cometas en el sistema solar exterior es muy difícil, ya que estas bolas de nieve sucia son extremadamente oscuras. Pero cuando un cometa se acerca a unos 390 millones de kilómetros de la Tierra, el sol calienta su superficie, provocando que expidan el polvo y el gas que forman las distintivas colas brillantes que ya conocemos.

Suponiendo que los astrónomos desarrollaran la tecnología para descubrir cometas más allá de Júpiter, los científicos lo sabrían unos 10 años antes de que el cometa golpeara la Tierra, en el peor de los escenarios. Sin embargo, «si un trozo de hielo y roca de 10 kilómetros se dirigiera directamente hacia la Tierra no habría muchas opciones, excepto hacer lo que Bruce Willis».

Contagio asesino

Últimamente ha habido una gran cantidad de películas inspiradas en la preocupación que rodea la posibilidad de una pandemia global devastadora. A estos temores se le suman hechos como la creación de una variante altamente contagiosa del virus H5N1.

Los científicos estadounidenses y holandeses estudiaron este virus en hurones, haciéndolo aún más peligroso al provocar la mutación de algunos de sus genes. Antes de que los cambios genéticos ocurrieran, el virus sólo podría propagarse a través del tacto, pero las mutaciones le permitieron sobrevivir en el aire, permitiendo el contagio entre hurones sin la necesidad de contacto. Los resultados levantaron el pánico de que el patógeno pudiera salir del laboratorio y detonar una pandemia.

Pero, ¿sería posible que un virus provocara el final de los días? «Probablemente no», según dice Peter Katona, cuya investigación en la UCLA se centra en la prevención del terrorismo biológico, «aunque definitivamente causaría estragos».

Es poco probable que un solo virus consiga eliminar a todos los seres humanos o los animales de la Tierra, porque hay diversidad suficiente para que al menos uno sea resistente, afirma el virólogo de Caltech, Alice Huang. Incluso la nueva cepa de laboratorio del virus H5N1, que sólo tiene cinco mutaciones, es bastante similar a otras versiones del virus de la gripe contra la que se tiene protección y no terminaría con la vida.

«Para que un virus pueda matar a todos los humanos de la Tierra, tendría que hacerlo rápidamente, como en una semana o menos», afirma Huang. Si tardara más, el sistema inmune tendría tiempo para atacarlo. Además, el virus tendría que infectar a la mayoría de la población del mundo al mismo tiempo.

Como esto es muy poco probable, incluso la ciencia ficción suele importar patógenos apocalípticos del espacio para hacerlo creíble.

Supernova suicida

Las supernovas están entre las explosiones más poderosas del universo y pueden competir con la fuerza de algunos octillones de misiles nucleares, según la NASA.

Las supernovas se clasifican en dos tipos: las que se producen cuando el núcleo de una estrella gigante colapsa después de una vida de 5 a 20 millones de años y las tipo -1a, producidas cuando una estrella enana blanca explota luego de que su núcleo se vuelve muy denso.

En nuestra galaxia, el primer tipo de supernovas de colapso del núcleo es de dos a cuatro veces más frecuente que el tipo-1a, según estudios del astrónomo Todd Thompson de la Universidad Estatal de Ohio. Y en la Vía Láctea, la supernovas de colapso del núcleo tienden a producirse cada 100 años, aproximadamente.

Afortunadamente, la mayoría de éstas estallan a una distancia segura de 5 a 10 parsecs —de 16.5 a 33 años-luz—, demasiado lejos para provocar algún daño real a la tierra.

Si las supernovas ocurrieran al azar a lo largo de la Vía Láctea, la Tierra podría esperar una cada 5 billones de años, pero al concentrarse cerca de los brazos en forma de espiral de la Vía Láctea, «podríamos de hecho esperar una cada 100 millones de años», según dice Thompson.

Estos fuegos artificiales estelares producen rayos x, rayos cósmicos —electrones, protones y núcleos a toda velocidad a través del espacio a la velocidad de la luz— y rayos gamma —ondas de luz tan poderosas que son capaces de matar células.

La radiación de una supernova podría destruir el ozono en la atmósfera, elevando la cantidad de luz ultravioleta que penetra. Esto podría aumentar los casos de cáncer de piel, provocar la muerte masiva de bacterias y plancton, e incluso, precipitar otra edad de hielo.

Anulación orbital

Los cambios en la forma en que los planetas rodean al Sol también podrían destruir la Tierra.

Júpiter es el planeta más grande del grupo del sol y atrae las órbitas de los otros planetas. En millones de años, el gigante gaseoso podría tiranizar a la órbita elíptica del pequeño Mercurio, haciendo que se aleje y se acerque más al sol.

Al estirarse la órbita de Mercurio, el planeta podría chocar contra el sol, según expone un estudio publicado en 2008 en el Astrophysical Journal. Alternativamente, Mercurio podría atravesar la órbita de Venus, «y pasaría muy poco tiempo antes de que ocurriera un verdadero desastre», según las palabras del astrónomo de la UCSC Greg Laughlin, uno de los autores del estudio. El beso de la muerte entre Venus y Mercurio podría expulsar a Marte del sistema solar.

Sin embargo, en el peor de los escenarios, Mercurio y la Tierra podrían colisionar. El impacto destruiría la Tierra a pesar de que nuestro planeta posee 20 veces la masa de Mercurio.

Pensar en que las «órbitas se vuelven inestables le añade un poco de sabor a peligro» a la ciencia planetaria», afirma Laughlin. «Pero sólo hay un 1% de probabilidad de que alguna de estas situaciones se presente dentro de los próximos 5 billones de años.»

Incluso si la Tierra esquiva Mercurio, el planeta azul eventualmente se convertiría en un horno gracias al sol, según dice Chris McKay, planetólogo de la NASA.

Mientras el sol arde, el hidrógeno en su núcleo se transforma en helio por fusión, un proceso en el que los núcleos de los átomos se unen y la fusión produce una cantidad tremenda de calor. Así que mientras el tiempo pasa, la estrella de 5 billones de años se torna más brillante y caliente.

Los científicos predicen que en aproximadamente un billón de años, el sol brillará un 10% más de lo que ahora. El extra de energía calentará la Tierra a más de 200º F. Los océanos hervirán, los climas colapsarán y «cualquiera de los tipos de bienes raíces no valdrán nada», según dice el astrofísico Klaus-Peter Schrœder de la Universidad de Guanajuato, Mexico.

«Tendremos que buscar un nuevo planeta.»

Los que no quieran dejar su hogar, tendrán que tener esperanza en que el colega de Schrœder, el astrónomo Robert Smith de la Universidad de Sussex, está en lo correcto. Smith sugiere que los científicos podrían alargar la órbita terrestre al manipular los asteroides que visitan el sistema solar.

Al desplazar el camino de los asteroides para que pasen frente a la Tierra, el planeta giraría más rápido, con lo cual la órbita se haría más larga. Al hacerlo varias veces a lo largo de millones de años, la órbita terrestre crecería cerca de 5%, lo que se traduciría en 10% menos energía solar tocando nuestro planeta.
De cualquier modo, esto sólo le compraría un poco de tiempo al planeta. Según Schrœder, en 7 billones de años, el sol se transformará en un gigante rojo, una versión de sí mismo más brillante y voluminosa.
«Será tan grande que la Tierra estará dentro del sol», dice McKay.
Mientras tanto, a menos que la expansión orbital de Smith funcione, la Tierra seguramente se cocinará bajo los poderosos rayos solares.
«No es que sea un gran creyente, pero las predicciones de la Biblia de que terminaremos en un eterno fuego no están lejos de la realidad», afirma Schrœder.

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