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De la mente al conocimiento ⎯primera de dos partes⎯

Conocer implica tener «algo» en la mente; específicamente, tener la representación de ese «algo». Esta definición de diccionario parece sencilla, pero está plagada de problemas referentes al sujeto, al cerebro, a la información o a la naturaleza de la representación.

Tomar al conocimiento como objetivo de análisis parece incuestionable para una ciencia que lleva en su propia denominación el conocimiento, pues la palabra cognoscitivo se aplica a todo lo relativo al acto de conocer y a lo que sea importante para éste. Pero la ciencia cognitiva se puede concebir como una disciplina que tiene entre sus objetos centrales dilucidar el conocimiento y que, a diferencia de la epistemología,1 La rama de la filosofía que se encarga de argumentar sobre la naturaleza del conocimiento, las reglas para obtenerlo o la posibilidad de lograrlo. se aboca a estudiar metódica y empíricamente los procesos cognoscitivos para llegar a formulaciones teóricas y modelos generales sobre ellos.

INFORMACIÓN, CONOCIMIENTO Y CONCIENCIA

Si bien el conocimiento requiere necesariamente de información, no toda la información es conocimiento, sino sólo aquella que está organizada de tal forma que es o puede ser deliberadamente útil.
Además, no todo conocimiento es consciente, sólo aquel que se encuentra en uso, de manera tal que el sistema sea capaz de sentir y modular el procesamiento de la información, es decir, de tener experiencia, de vivir y pasar por algo, de conocer ese algo de forma que contribuya al adiestramiento y desarrollo. La propia palabra conciencia —del latín scientia: «saber»; es decir, «saber que sabe de sí»— implica advertir algo que ocurre en la mente.

LOS OPERADORES BÁSICOS DEL CONOCIMIENTO

La mente es un proceso complejo de información y representación en constante movimiento, compuesto por facultades o funciones distintas que se traslapan para posibilitar la experiencia y el conocimiento:

atención: es la focalización de la mente sobre alguna pieza de información e incluye capacidades como la localización, la manutención, la concentración o el ocultamiento, por lo que se convierte en un requisito para el aprendizaje, la reflexión, la decisión y la inteligencia.

sensación: experiencia que surge de —o corresponde a— la activación fisiológica de un sistema sensorial o de un «sentido» iniciada por un estímulo que constituye un sistema elemental de conocimiento. Así, el color, timbre, olor, sabor, textura, calor o peso constituyen atributos intrínsecos de información, pues acarrean o contienen detalles particulares sobre el estímulo; las sensaciones proporcionan información o elementos y datos de conocimiento básicos sobre el cuerpo y el entorno.

percepción: consiste en percatarse de —y darle significado a— lo que se presenta a los órganos sensoriales mediante un proceso de reconocimiento. Aquí están involucrados la memoria, los conceptos, las creencias o los afectos.

emoción: experiencia híbrida de movimiento y agitación del ánimo, similar a las sensaciones, por estar dotada de cualidad e intensidad; a la percepción, por tener un objeto o contenido reconocible, y al juicio, por constituir una valoración de apetencia.

pensamiento: aquella asimilación de la información que elabora, transforma, combina y recrea el material del conocimiento, particularmente —aunque no sólo— en forma de lenguaje interior. Se pueden distinguir tres niveles progresivos: los conceptos, los juicios y los razonamientos.

imaginación: es una experiencia de tipo sensorial similar a la percepción, que se genera sin que un estímulo excite a los receptores sensoriales. Las imágenes son menos estables, intensas, vívidas y ricas en información; sin embargo, son más plásticas, inventivas y creativas.

memoria: la capacitación, el depósito y la evocación espontánea o voluntaria de experiencias o conocimientos pasados son ingredientes íntimamente implicados en el conocimiento y el saber, pues en ambos casos se adquiere información mediante el aprendizaje, que se almacena en algún tipo de huella y, con el tiempo, se recupera mediante el recuerdo.

intención y voluntad: conjunto de actividades mentales deliberadas, resolutivas y decisivas que tienden hacia el cumplimiento de una finalidad u objetivo; implica una habilidad para elegir entre disyuntivas con el uso patente del conocimiento; en su manifestación más elaborada y humana, la voluntad supone la elección de una conducta a partir de la representación y cotejo de posibles cursos de acción.

solución de problemas, inteligencia y creatividad: la solución de un problema es el procedimiento cognitivo que opera para obtener ciertas metas y objetivos a partir de no tenerlos. Aquí el conocimiento implica la construcción de una representación dinámica, la inteligencia involucra las habilidades para la ejecución y aplicación práctica de tal representación, y la creatividad constituye la habilidad para cambiar la representación y evadir la rigidez.

LAS FORMAS GENERALES DE CONOCIMIENTO

Lejos de operar en aislamiento, las capacidades mentales elementales enunciadas conforman una red de interacciones que dan por resultado las formas genéricas de conocimiento:

conocimiento operacional: el primer tipo de conocimiento aprendido es el operacional que, mediante entrenamiento, deviene en pericia o virtuosismo. Se refiere al «saber hacer», como saber abrocharse las agujetas o manejar un auto. Llega a su expresión más acabada en quienes llamamos peritos para las técnicas o virtuosos para las artes.2 A pesar de ser un componente adquirido necesario, hay un factor que no es conquistado mediante el esfuerzo, es decir, la inclinación, disposición o facultad natural que predispone favorablemente al individuo para desarrollarlas: el llamado talento. A veces se llama genio a quien posee talento en gran escala; pero éste no es sólo eso, sino el resultado de una extraordinaria aptitud en combinación con un entrenamiento igualmente excepcional.

conocimiento admisible: el saber que nos parece aceptable tiene que ver con la verosimilitud que le otorguemos a nuestras fuentes de información; por lo tanto, es el que se encuentra apuntalado por conocimientos previos y puede tener diversos grados que van desde la sospecha hasta la certeza absoluta.

conocimiento almacenado y racional: el conocimiento almacenado deviene en erudición y tiene que ver con la capacidad de memoria de largo plazo. Un erudito es quien, mediante el estudio prolongado y la investigación sagaz, construye una base de datos cada vez más amplia sobre temas específicos y desarrolla habilidades para recrearla, para usarla en su tratamiento o enseñanza, y para la resolución de los enigmas que el asunto le depara.

Encuentra las demás formas de conocimiento en Algarabía 48.

José Luis Díaz es médico cirujano y psicobiólogo, investigador de la UNAM en el departamento de Historia y Filosofía de la Medicina. Ha publicado los libros: La conciencia viviente, El revuelo de la serpiente. Quetzalcóatl resucitado y El ábaco, la lira y la rosa, y algunos artículos de investigación, entre los cuales se encuentra éste, del cual hemos reproducido sólo un fragmento, y cuyo texto completo —«De la mente al conocimiento mediante la ciencia cognitiva»— se encuentra en la revista Ciencias, octubre-diciembre 2007.

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