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¿Cómo se dio el Big Bang?

«De la “nada” surgió el Universo» es una de las premisas de las cuales parten algunos científicos para explicar el nacimiento de todo lo que ahora conocemos. ¡Y vaya que es difícil entender este concepto! Por ejemplo, Andrei Linde pensaba que el principal problema de la cosmología moderna —y de los mortales comunes y corrientes, digo yo— es plantearse que si el espacio-tiempo no existía, entonces, ¿cómo es que pudo surgir algo de esta nada?

Puesto que ninguna respuesta de ese orden puede contestarse con certeza, la cosmología aventura teorías que se basan en modelos físicos y que intentan responder esas interrogantes. Una de ellas, quizá la más famosa, es la Teoría del Big Bang.

Ésta plantea que toda la materia y energía que hoy se encuentran esparcidas en el Universo estaban concentradas en un espacio menor al tamaño de una nuez, en condiciones internas tan extremas —temperatura, presión y densidad muy altas— que provocaron una enorme explosión en sí misma; es decir, una especie de implosión de la cual surgiría el espacio. A partir de ese momento, cada partícula de materia se alejó de las otras rápidamente; como consecuencia de los cambios de temperatura y presión, las partículas subatómicas se fusionaron y de ahí surgieron algunos elementos químicos —presumiblemente helio e hidrógeno.

Tras la llegada de esa nueva teoría, la idea de un espacio infinito se descartó, pues los científicos observaron la posibilidad de que las galaxias se alejen unas de otras paulatinamente, lo que nos lleva a pensar que, en algún momento, estuvieron concentradas en un solo sitio.

Ahora bien, se puede comparar la aparición y expansión del espacio a partir de la «nada» con un experimento que de niños muchos realizamos: imagine un globo lleno de agua sin una sola burbuja de aire —que representa «la nada»—, el cual cerramos después de ponerle un Alka-Seltzer. En su interior ocurre una combinación de reacciones físicas y químicas —una explosión en sí misma—, se llena de aire —en este caso de espacio— y se expande hasta el límite de sus capacidades. Luego se rompe.

Entre otras particularidades, los científicos se han preguntado si el Universo es un sistema abierto o cerrado. Si fuera de este último modo, dejaría de expandirse, después se contraería hasta colapsar y luego regresaría al mismo punto en el que comenzó —en similares condiciones extremas—. Con esta misma lógica, se cree que antes del Big Bang hubo grandes ciclos de galaxias colapsadas que dieron origen a múltiples explosiones, entre ellas, al mismo Big Bang, por lo que los científicos llaman a este proceso cíclico Big Bounce, o «gran rebote de galaxias».

Existe una segunda posible perspectiva que, aunque tiene sus raíces asentadas en la ciencia, no es una respuesta científica, porque no es posible someterla a prueba.

Al preguntarse ¿qué había antes del Big Bang?, el divulgador científico Martín Bonfil Olivera lo explica así:

La mecánica cuántica predice que aun el espacio vacío (que no es lo mismo que la nada) tiene cierta energía, la cual sufre constantemente pequeñas fluctuaciones. Se ha comprobado que a partir de estas fluctuaciones pueden surgir pares de partículas —una positiva y una negativa, por ejemplo— cuya suma es cero, y que existen durante unas cuantas fracciones de segundo antes de combinarse nuevamente y desaparecer. El resultado es que todo vuelve a quedar igual.

Pues bien: algunos audaces cosmólogos —estudiosos del origen del Universo— han aventurado que el Big Bang pudo surgir de fluctuaciones parecidas, sólo que no del vacío, sino de la nada. De alguna manera, una de las fluctuaciones persistió y se «infló» hasta dar origen a todo el Universo.
Una asombrosa consecuencia de esta idea es que continuamente podrían estar surgiendo universos, cada uno en su propio Big Bang y cada uno con sus propias características —leyes físicas, duración, geometría…

La idea de que somos sólo una de infinitas «burbujas» que se forman en el océano de la nada, parte de un «multiverso», parece ciencia ficción. Y estrictamente eso es, pues no hay forma de comprobarla. Sin embargo, de hipótesis audaces como ésta —y de preguntas curiosas como la del título— surgen los grandes avances en ciencia.

Mario Ramos Catalá es estudiante de arquitectura y un fiel seguidor de las ciencias exactas. Le gustaría descubrir que el origen del Universo es el resultado de inteligencias superiores, pero teme encontrar la respuesta, ya que, como asegura, conoce a mucha gente que, literalmente, se ha quedado perdida en el espacio.

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