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Causas y azares

Crónica de una muerte diacrónica

Lamentamos decepcionar a los entusiastas que afirman que los dos grandes genios literarios fallecieron el mismo día.

Uno de los acontecimientos azarosos más citados en la historia de las letras es que la muerte de los grandes genios Miguel de Cervantes Saavedra y William Shakespeare acaeció el mismo día: el 23 de abril de 1616 —día de san Jorge, por cierto1 En 2003, la editorial Cátedra publicó un libro con Dos novelas ejemplares y un entremés de Cervantes y Como gustéis de Shakespeare, conmemorando el 23 de abril de 1616, «fecha de muerte de ambos».–. No obstante, y siento decepcionar a muchos entusiastas de semejantes datos curiosos, esto es falso.

La causa del error poco tiene que ver con actas de defunción apócrifas o algún historiador malicioso que quisiera tergiversar los hechos. en realidad, es por un motivo mucho más complejo, pero simple a la vez: un error del calendario.

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El origen de nuestro calendario se remonta a tiempos de Julio César, que lo impuso en 46 a.C., luego de los trabajos realizados por el astrónomo Alejandrino Sosígenes. Dicho calendario, llamado juliano por el general y dictador romano, tenía un año regular de 365 días y un año bisiesto añadido cada cuatro años, con lo cual se alcanzaban años promedio de 365.25 días. Desafortunadamente, el año tropical de la Tierra2 El tiempo real que tarda la Tierra en dar una vuelta completa alrededor del Sol es ligeramente menor: se aproxima a los 365.2424 días3 E. G. Richards, Mapping Time: The Calendar And Its History, Oxford: Oxford University Press, 1998. pp. 31-32.

Por increíble que parezca, una diferencia tan pequeña —poco más de once minutos por año—, logró desfasar las estaciones con respecto del calendario. Esto significa que el equinoccio de primavera4 Momento en que la Tierra se encuentra más cerca del Sol., en el siglo xvi, presentaba un retraso de diez días.

Uno podría pensar, ¿y a mí qué me importa que la primavera empiece un día u otro?

Pues a la Iglesia Católica sí le importaba. La Iglesia calcula la celebración del domingo Santo de acuerdo con el equinoccio de primavera. La regla canónica es que el domingo Santo es el primer domingo después del decimocuarto día de la luna llena que cae en o después del equinoccio de primavera.

Debido a esos once minutos anuales de atraso, para finales del siglo xvi, el equinoccio de primavera ya no coincidía con la fecha estipulada en el Concilio de Nicea.

¿A quién se le ocurrió el calendario?

Con el fin de terminar con esta situación, el papa Gregorio xiii decretó5 El decreto aparece en la bula papal Inter gravissimas del 24 de febrero de 1582una reforma al calendario —ahora llamado gregoriano, gracias a él— según la cual se cambiaría el sistema de años bisiestos para evitar los retrasos.

El nuevo calendario consistía en que los años divisibles entre 100 serían bisiestos sólo si también eran divisibles entre 400.

Entonces, 1600 sería un año bisiesto, pero 1700, 1800 y 1900 no, y 2000 sería bisiesto nuevamente.

No obstante, para corregir cabalmente el error, había que «poner al corriente» el calendario, pues éste se había retrasado diez días. Se decidió que en 1582 al 4 de octubre siguiera el 15 de octubre. Así es que, del 5 de octubre al 14 de octubre de 1582, inclusive, son días que no existieron6 E. G. Richards, op. cit. pp. 243-245..

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Ahora bien, y es aquí donde se engarza la historia de nuestros literatos, no todos los países adoptaron la reforma gregoriana. Sólo los países católicos cambiaron su calendario, mientras que los protestantes, anglicanos y ortodoxos tardaron mucho tiempo en aceptar la reforma. Inglaterra y Escocia no adoptarían las reformas sino hasta el siglo xviii —¡prácticamente dos siglos después!

¿Por qué hay año bisiesto?

Para esa fecha fue necesario agregar once días al calendario, por lo que pasaron del 2 de septiembre de 1752 al 14 de septiembre de 1752. Dinamarca, Noruega y la parte protestante de Alemania adoptaron el nuevo calendario en 1700. Rusia no acogerían la reforma sino hasta 1918, con el 31 de enero seguido por el 14 de febrero. Grecia lo hizo en 1924 y China en 1949. Japón hizo un calendario nuevo en 1873, inspirado en el gregoriano, pero éste no ha sido aceptado oficialmente hasta la fecha.

El hecho de que no todos los países europeos cambiaran su calendario al mismo tiempo produjo un sinfín de contratiempos y confusiones. Por ejemplo, si uno salía un 10 de abril de costas francesas, llegaba un 31 de marzo a Inglaterra. Es por esto que en numerosas crónicas históricas, aparentemente, la gente llegaba a su lugar de destino antes de haber salido. Otro caso muy representativo es el de Rusia.

En realidad, la famosa «Revolución de Octubre» fue en noviembre.

Era octubre en el calendario juliano usado en Rusia, pero el resto del mundo occidental la vivió en noviembre del calendario gregoriano. Y como éstos existen varios casos de confusión de fechas, entre los cuales se encuentra el de Shakespeare y Cervantes.

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Cervantes murió el 23 de abril de 1616, según el calendario gregoriano; mientras Shakespeare murió el 23 de abril, según el calendario juliano, esto es, sin la reforma gregoriana; lo que significa que murieron en la misma fecha, pero no en el mismo día. Cervantes, en realidad, murió diez días antes que Shakespeare.

Es más, el autor de Hamlet habría tenido la posibilidad de asistir al funeral del creador de Don Quijote. Pido disculpas si he herido alguna susceptibilidad, pero es un hecho que el genio español se le adelantó al genio inglés. Cosa que, por supuesto, era de esperarse.

 

 

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