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William Burroughs y el beat

William Seward Burroughs (1914–1997) es un escritor norteamericano comúnmente asociado a la generación beat y al surgimiento de la contracultura estadounidense. Su proceso de creación literaria y las vicisitudes de su vida —cargada de una intensidad y una crudeza características, que me aventuraría a comparar con las de «los poetas malditos» del siglo XIX—, son claves para entenderlo.

Para ello, habría que remontarnos al contexto sociohistórico de los 50, época durante la cual Burroughs forjaría su propio estilo para presentar al mundo, en 1959, su mejor obra o, al menos, la más paradigmática, la novela The Naked Lunch.1 Ésta se conoce como El almuerzo desnudo, según la tradición hispana. Además de esto, los 50 resultan importantes porque en esa década se sentaron algunos de los precedentes más importantes para la revolución social y cultural que se dio alrededor del mundo en la década siguiente.

Desde el fin de la ii Guerra Mundial, en 1945, ee. uu. se consolidaría como la superpotencia económico militar de Occidente y, en el plano cultural, comenzaría a desplazar a Europa como origen único de las vanguardias artísticas.2 David Anfam, El expresionismo abstracto, Singapur: Thames and Hudson, 2002, p. 7. La ciudad de Nueva York sería la cuna de ese proceso, a través del cual terminaría convirtiéndose en la nueva capital cultural de Occidente, posición de la que aún hoy día goza.

Por otro lado, sabemos que, después de la guerra, el mundo se polarizaría entre un proyecto socialista, conducido por la urss, y otro capitalista, liderado por ee. uu., lo que rápidamente llevaría a un enfrentamiento multidimensional: la famosa Guerra Fría.3 Eric Hobsbawm, Historia del Siglo XX, Barcelona: Crítica, 2002, pp. 239-243. En la misma tesitura, durante la década de 1950, al interior de los ee. uu. se daría un sórdido e irracional frenesí anticomunista que tenía por objetivo extirpar al «enemigo interno». El senador Joseph McCarthy se convertiría en el más famoso propulsor de este fenómeno, que se institucionalizó bajo el nombre de Comité de Actividades Antiamericanas, y amenazaría a muchos ciudadanos norteamericanos con sus investigaciones públicas y sus acusaciones por actividades comunistas. Así, esta cacería de brujas se convertiría en un instrumento de las élites más conservadoras, que explotaban el miedo al comunismo por atentar contra el superpoder de la «América engrandecida».

Así pues, ee. uu. se vio envuelto en un ambiente propicio para la recuperación de la élite conservadora. Para ese entonces, la vida cotidiana de la clase media estadounidense ya había sido transformada por la irrupción tecnológica de los años 40: los autos, la TV, la radio, las tecnologías domésticas como la lavadora y una enorme cantidad de nuevos productos de plástico, que rápidamente se difundirían en los hogares norteamericanos.4 Idem. pp. 267-268.

Dentro de este mismo marco y época, no debemos olvidar el movimiento por los derechos civiles de la población negra, el cual tendría como principal objetivo eliminar la segregación racial. La lucha fue ardua y sangrienta, sobre todo en los estados del sur; pero, finalmente, gracias a la persistente lucha, la población negra comenzaría a ser tratada conforme a una igualdad humana. Uno de los eventos de mayor trascendencia en esta lucha sería, sin duda, el histórico boicot liderado por Martin Luther King en contra de la segregación en los autobuses de Alabama.

Hasta aquí, y sólo para refrescar memorias, he presentado la atmósfera norteamericana de la década de los 50, de la que Burroughs y la generación beat surgirían a contracorriente del pensamiento y la ideología del americano-anglosajón-conservador.5WASP —White Anglosaxon Protestant—: «Blanco anglosajón protestante». Burroughs, de hecho, trataría de escapar de los tiempos que se avecinaban, junto a Jack Kerouac y Allen Ginsberg —a quienes conoció en la universidad—. A Burroughs se le reconoce como padre del movimiento beat, el cual fue, sin duda, uno de los antecedentes directos más importantes para la conformación de los procesos contraculturales que tuvieron su apogeo en la década de los 60: el movimiento hippie, la cultura psicodélica, la desilusión con el progreso de la ciencia, el feminismo y la revolución sexual, entre otros. Burroughs y todos los demás artistas de esta generación «crearon un nuevo conjunto de valores, una nueva fe y una nueva ética tribal»,6 Lisa Phillips, Beat Culture and the New America, Nueva York: Whitney Museum of American Art, 1995, p. 27. el núcleo de una creación literaria —y, por supuesto, de otras expresiones artísticas, como la pintura y el cine— totalmente nueva.

La biografía de Burroughs es famosa, en especial, por las dimensiones que resultan polémicas para la moral conservadora. Nació en 1914, en San Luis, Missouri, en el seno de una familia norteamericana de clase alta y raigambre conservadora, quizás la razón por la cual fue un apologista del «libertinaje». Estudió literatura inglesa y un par de años de la carrera de antropología en Harvard. En 1936, se introduciría al estudio de la medicina y psicología en Viena. Después, en 1944, conoce a Ginsberg y Kerouac, a quienes deja impresionados por su vasto conocimiento multidisciplinario.

Su experimentación con las drogas, así como el ejercicio autónomo de su bisexualidad, comenzarían desde su adolescencia, yendo en estrepitosa línea ascendente, hasta convertirlo en el astuto junkie que dejó retratado en su primera novela. En 1949, escapa de su país por problemas legales acarreados por su estilo de vida y el hastío que le provocaba la moral conservadora de entonces. Su primer refugio fue México —en donde mató accidentalmente a su esposa, jugando a Guillermo Tell con una pistola—. Poco después viajaría a Sudamérica en busca de «plantas sagradas», en especial del yague, para después arribar a Tánger, Marruecos, y otras ciudades del «bajo mundo», en donde era más fácil llevar su estilo de vida: su adicción a la heroína, al opio y demás drogas. Como dice el poema de Juan García Robles, escrito como homenaje póstumo a Burroughs:

«Arribaste al planeta Tierra en San Luis Missouri hace 83 años. Tu abuelo inventó la máquina sumadora. Tu madre acabó sus días en el manicomio. A tu esposa le metiste una bala en la sien. Tu hijo murió alcoholizado en una calle de Florida. Te cortaste la punta de un dedo y se lo obsequiaste a tu psicoanalista. Libaste y te pinchaste las venas hasta la atrocidad. Supiste de los bajos fondos mexicanos y marroquíes. Fuiste a Chalma y te molestó la muchedumbre. Probaste Lecumberri, los penes islámicos, las terapias desintoxicadoras inglesas, la selva amazónica. Te enamoraste de Allen Ginsberg. De dos o tres gandules. Acabaste tus días amando a tus gatos. Te atragantaste de locura. Besaste los labios de la insania. La demencia acarició tus hombros. Le escupiste a la muerte en los dientes. Saliste ileso.»

7 Juan García Robles, La Jornada, 8 de agosto de 1997.

En resumen, el caos, la improvisación, el azar y la multiplicidad de discursos y significados generan la narrativa de Burroughs. En sus mundos, como él mismo señala: «Nada es verdad, todo está permitido».8 William Burroughs, Ciudades de la noche roja, Barcelona: Bruguera, 1981, p. 18. De hecho, Burroughs puede ser considerado uno de los primeros posmodernistas, pues «emergió como una reacción específica en contra de las formas establecidas de alto modernismo».9 Frederic Jamenson en The Antti-Æsthetic, Nueva York: The New Press, 1998, p. 128. Aquellas expresiones artísticas que habían resultado escandalosas e impresionantes en los 40 y parte de los 50, para la generación que estaba a la puerta de los 60 representaban lo establecido, y Burroughs, como otros artistas, trataría de aportar, desde la literatura, nuevas formas de creación, radicalmente distintas a las que le precedían.

Conoce más de Burroughs en Algarabía 23 y lee sobre la generación beat en Algarabía 103.

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