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Luis Barragán y la arquitectura mexicana

Vida y obra del arquitecto mexicano Luis Barragán, autor del proyecto Plaza de las Torres de Satélite (Estado de México) y el Fraccionamiento Parque Residencial Jardines del Pedregal (Ciudad de México).

Al recibir el muy prestigiado premio Pritzker,1. Luis Barragán dijo sobre la herencia de la tradición: «Mi obra es autobiográfica. […] Han sido para mí motivo de permanente inspiración las lecciones que encierra la arquitectura popular de la provincia mexicana: sus paredes blanqueadas con cal, la tranquilidad de sus patios y huertas, el colorido de sus calles y el humilde señorío de sus plazas rodeadas de sombreados portales…».

En otro momento, afirmó: «En proporción alarmante han desaparecido en las publicaciones dedicadas a la arquitectura 
las palabras belleza, inspiración, embrujo, magia, sortilegio, encantamiento, y también otras como serenidad, silencio, intimidad y asombro. Todas ellas han encontrado amorosa acogida en mi alma».

Nada como lo que Luis Barragán Morfín (Guadalajara, Jalisco, 1902 – Ciudad de México, 1988) dijo entonces sobre su obra para describir lo que ésta revela para quienes la admiramos. Su trabajo —ampliamente difundido en publicaciones y exposiciones— ha obtenido toda clase de reconocimientos, y quien se interese por conocer su biografía, personalidad o los detalles de su obra, puede recurrir a una extensa bibliografía, incluyendo cientos de páginas y fotografías en Internet.

La influencia de Barragán

Al margen de ello puedo contar que, antes de empezar a estudiar arquitectura —ingresé a la escuela en 1969— y con apenas conocimiento de quién era Barragán, me encontré por casualidad con el conjunto de plazas, fuentes y jardines que realizó, entre finales de los años 50 y mediados de los 60, en el fraccionamiento Las Arboledas —Atizapán, Estado de México—, y esto me resultó una experiencia tan conmovedora, que incluso reforzó mi determinación de ser arquitecto.
«Un jardín bello es presencia permanente de la naturaleza. La naturaleza reducida a proporción humana y puesta al servicio del hombre, es el más eficaz refugio contra la agresividad del mundo contemporáneo».

Para entonces la obra de Barragán era bien conocida entre los arquitectos, mas para mi sorpresa, cuando ya como estudiante manifestaba mi aprecio por ella, me topaba a veces con opiniones desdeñosas: «Más que arquitecto, es un diseñador de jardines», o bien, «Recurre a un minimalismo facilón: el murote con las ventanitas cuadradas, por el otro lado algún elemento que equilibre la composición, y ya estuvo».

Sin embargo, eran los juicios positivos los que predominaban, y creo que la mayoría de los arquitectos de mi generación abrevamos de su obra y recibimos de ella una gran influencia, a tal grado que de entre sus fervientes seguidores llegó a conformarse una corriente llamada «arquitectura mexicana contemporánea».

Esta denominación era un tanto simplista, porque dejaba de lado la obra de otros, entre los que figuran Juan Segura, Francisco J. Serrano, Juan O’Gorman, Enrique del Moral, Carlos Obregón Santacilia, Mario Pani, Félix Candela, Agustín Hernández, Manuel González Rul, José Villagrán, Juan Sordo Madaleno, Pedro Ramírez Vázquez, Rafael Mijares, Teodoro González de León, Abraham Zabludovsky, Antonio Attolini y Carlos Mijares,2 que aportaban una visión original y consistente, aunque algunos de ellos con notables influencias de la arquitectura internacional, de la que tampoco estaba exenta la obra de Barragán, quien reconocía sus vínculos con la arquitectura de los pueblos del norte de África y con los jardines de Ferdinand Bac.
«…una obra alcanza la perfección cuando no excluye la emoción de la alegría, alegría silenciosa y serena para ser disfrutada en soledad».

Luis Barragán

El problema con los epígonos de Barragán fue que muchos de ellos asimilaron mal la esencia de su trabajo y se dedicaron a construir remedos y pastiches de aquél, con el prurito de que estaban haciendo la única arquitectura que correspondía en forma genuina a una identidad mexicana —lo que sea que eso signifique—, provocando que muchos otros arquitectos, en el afán de sentirse innovadores o cosmopolitas, llegaran a despreciar el lenguaje de Barragán por considerarlo trivial y totalmente superado por otras opciones con «mayor creatividad o modernidad».

Si quieres conocer más sobre la vida y obra arquitectónica de Luis Barragán, consulta Algarabía 86.

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