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Los mejores charros del cine

En alguna ocasión la industria fílmica mexicana realizó más de 100 películas al año y de ella surgió una gran cantidad de actores que a través de sus historias le enseñaron al mundo que «como México no hay dos» y que «¡Jalisco nunca pierde, y cuando pierde arrebata!».

A pesar de lo lejos que han quedado esos tiempos y la gran nostalgia que nos hace recordar aquellas buenas épocas, aún seguimos disfrutando de esos ídolos de antaño. Seleccionamos a los charros bien charros y las cintas que los inmortalizaron.

Eulalio González “Piporro”. «¿Qué pasó, raza?» El amo y señor del baile del taconazo llegó desde tierras norteñas para arraigarse en el corazón del público. En su paso por 68 filmes aportó a su personaje de hombre dicharachero y vacilador un estilo verbal que nadie igualó —«tengo 75 años, pero todavía me la ‘parto’ con cualquiera de los 90; ¡como ya no hay, gano por default!»— y que conservó por el resto de su vida.

Me gustan valentones (1959). Dir. Julián Soler, con Luis Aguilar, Rosita Quintana y Eulalio González “Piporro”.

Miguel Aceves Mejía. «Va el pastor con su rebaño… al despuntar la mañana.» Su característico mechón blanco inigualable estilo para interpretar temas de gran dificultad lo dieron a conocer como “El rey del falsete”, una especialidad que pudo explotar y desarrollar en exitosas películas como Cartas a Ufemia (1952) y Cuatro copas (1958), al lado de Alma Delia Fuentes y Amparo Arozamena, respectivamente.

Cuatro copas (1958). Dir. Julio Demicheli, con Miguel Aceves Mejía, Amparo Arozamena y Antonio Bravo.

Carlos López Moctezuma. «Soy blanco y tengo los ojos verdes.» ¡El villano! ¡El charro malvado por excelencia! Con su característico flequillo, sus temibles e inolvidables ojos de gato y su voz nasal, López Moctezuma tuvo una formidable carrera como actor —214 películas—; entre sus mejores papeles está el antagónico en Río Escondido interpretando al despótico cacique que enfrenta a la siempre envalentonada María Félix.

Río escondido (1962). Dir. Emilio Fernández, con María Félix, Domingo Soler y Carlos López Moctezuma.

Antonio Aguilar. «En mis locos desvelos, le pido a Dios que vuelvas…» Este zacatecano fue el relevo de los grandes de nuestro cine y nos brindó un charro distinto: más afable y ligerito. Con una gran simpatía, un timbre de voz privilegiado y unas habilidades ecuestres notables, don Antonio dejó una herencia cinematográfica y musical, donde quedó de manifiesto su amor por su tierra, por la mujer y por los caballos.

Los hermanos del Hierro (1961). Dir. Ismael Rodríguez, con Columba Domínguez, Antonio Aguilar y Julio Alemán.

Javier Solís. «Sombras nada más…» Realizó 34 películas en donde tuvo la oportunidad de alternar al lado de figuras de la talla de María Victoria, Lola Beltrán y Fernando Soler, entre otros. De igual forma, difundió ampliamente en América Latina su faceta de cantante con el estilo bolero-ranchero que le valió el mote de “El señor de las sombras”.

Un tipo a todo dar (1963). Dir. Fernando Cortés, con Javier Solís, Dacia González y Ángel Dupeyrón.

Tito Guízar. «Allá en el rancho grande, allá donde vivía…» El inolvidable Tito Guízar fue el gran pionero del cine de charros. Su cinta Allá en el rancho grande inaugura el estilo que daría frutos en las décadas venideras: un charro bueno y galán, un villano feo y malo, una hermosa enamorada y unos incondicionales y simpáticos patiños. Gracias a su voz atenorada, porte apuesto y figura espigada, es la primera estrella del género ranchero.

Allá en el rancho grande (1936). Dir. Fernando de Fuentes, con Tito Guízar, René Cardona y Esther Fernández.

Luis Aguilar. «Mira cómo ando, mujer, por tu querer…» Entrón, parrandero, jugador y mujeriego: así era la personalidad de los personajes que lo identificaron a lo largo de su amplia trayectoria; no por nada obtuvo el mote de “El gallo giro”. Pero seguramente, siempre será recordado por su carismático papel de Luis Macías en A toda máquina (1951), todo un clásico de la Época de Oro del cine nacional a lado de Pedro Infante.

Tal para cual (1953). Dir. Rogelio A. González, con Jorge Negrete, María Elena Márquez y Luis Aguilar.

Pedro Armendáriz. «¡Por ese par de chamorros, me aguantaba hasta una cachetada!» Dueño de un par de varoniles ojos verdes, Armendáriz encarnó al hombre recto y sensible, capaz de entregar la vida por el amor a una mujer. De la mano del “Indio” Fernández, Armendáriz dio vida a personajes inmortales como Lorenzo Rafael de María Candelaria o Esteban, cuyo amor es disputado por madre e hija en La malquerida.

La malquerida (1949). Dir. Emilio Fernández, con Dolores del Río, Pedro Armendáriz y Columba Domínguez.

Pedro Infante. «Te consta que no soy tonto, como tú… lo has presumido.» Su carisma con ‹‹las chamacas» logró superar las barreras de su tiempo. Su fama se logró gracias a trabajos tan sobresalientes como Nosotros los pobres (1947) y Los tres huastecos (1948), donde logró —con una sonrisita, una miradita y una que otra canción— enamorar a la susodicha en turno y, a la audiencia, que llenaba los cines para ver al ídolo.

Dos tipos de cuidado (1952). Dir. Ismael Rodríguez, con Jorge Negrete, Pedro Infante y Carmelita González.

Jorge Negrete. «¡México lindo y querido, si muero lejos de ti…!» Habrá quienes no estén de acuerdo con que el primer sitio de este conteo esté ocupado por el “Charro cantor”, pero sin duda él está más indisolublemente ligado a la imagen de charro que Pedro Infante, que fue inmortalizado como honesto carpintero. Jorge Negrete, prototipo del mexicano alegre, temerario, galante y altanero, proyectó su imagen y su potente voz de barítono por primera vez en ¡Ay, Jalisco, no te rajes! (1941), cinta en la que, por cierto, conocería a Gloria Marín— y, a partir de ahí, se convertiría en un gran ídolo en todo el país y más allá de nuestras fronteras. ¿Quién puede olvidar el duelo de coplas con Pedro Infante en Dos tipos de cuidado? ¿O su romance con “la Doña”, María Félix, en El peñón de las ánimas? ¿O su funeral, en el que la valla humana lo acompañó desde la colonia San Rafael hasta su última morada en el Panteón Jardín? Por éstas y muchas razones más es que «nos sale del alma» recordar a Jorge y pedir que el eco de su voz nos inunde por muchos, muchos años más…

¡Ay, Jalisco, no te rajes! (1941). Dir. Joselito Rodríguez, con Jorge Negrete, Gloria Marín y Carlos López “Chaflán”.

  • Carlos Sierra Lechuga

    ¿Y José Alfredo? ¡Qué imbécil lo olvida en una lista de charros y películas!

  • rouss

    el numero 1 es pedro infante

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