Sin categoría

Lo cursi, el amor y los boleros

Nací en el barrio de La Merced, y lo primero que recuerdo haber oído son dos boleros que salían de un magnavoz de una feria de barrio en los que María Luisa Landín cantaba así: «Dos almas en el mundo había unido dios, dos almas que se amaban eso éramos tú y yo», y, «Toda una vida me estaría contigo, no me importa en qué forma, ni cómo, ni dónde, pero junto a ti».

Mi infancia son recuerdos de un patio en Sevilla, de un huerto claro donde madura el limonero, mi juventud 20 años en la tierra de Castilla, mi historia algunos versos que recordar no quiero.

Antonio Machado

Mi vida ha transcurrido al lado de los boleros, de ese género musical que muchos consideran pasado de moda, cursi y anacrónico, pero que todos, jóvenes y viejos, hemos cantado, porque todos nos hemos puesto sentimentales alguna vez y otras porque añoramos tiempos pasados, como dice Jorge Villamil 1 Autor del bolero «Llamarada».: «¡Es increíble escuchar una canción ya vieja, que nos hará vivir los años que se alejan!».

Lo increíble de este género musical es que existe desde hace más de 100 años y ha logrado sobrevivir a los tiempos y a los avatares del destino, y hoy sus autores siguen vendiendo y ganando tantas regalías como los de pop o balada.

¿DE DÓNDE VIENE EL BOLERO?

Viene de Cuba, aunque quizá llegó primero de España; de hecho, el drae dice que bolero es una «danza de movimiento ligero» —un ejemplo más de cómo la Real Academia «se pone al día»—; sin embargo, es en Cuba donde se gesta la fusión de ritmos gitanos y africanos con guitarras y percusiones: bongós, congas o tumbadoras.

«Se acepta que el primer bolero compuesto fue “Tristezas”, escrito por el cubano José “Pepe” Sánchez, en Santiago de Cuba en 1886»2 Daniel Terán Solana, «Historia del bolero latinoamericano», en www.analitica.com y, aunque algunos difieren en cuanto a la fecha, lo importante es que esa pieza dio origen formal al género y así el bolero evoluciona de música de cantinas y peñas a música de serenatas. El toque romántico le permite adaptarse a todas las clases sociales, de la misma forma en que la radio le permite universalizarse y el acetato, perpetuarse.

Dos factores son claves para entender el ascenso y la popularidad del bolero: el primero es la inesperada muerte del rey del tango, Carlos Gardel, en 1935, que dejó a ese género sin sucesores importantes; el segundo es el aislamiento cultural de América Latina en los años cercanos y posteriores a las guerras mundiales, lo que permitió al bolero cultivarse y desarrollarse con calma, sin claras competencias que lo amenazaran.

Durante la tercera y cuarta década del siglo pasado, México tuvo gran influencia cubana en materia musical: el son, el danzón, la guaracha, el mambo y el cha cha cha nos vienen de allá, y fue el bolero el género que probablemente tuvo mayor acogida y se adaptó mejor a la idiosincrasia mexicana. «El proceso no dejó a nadie de la región fuera: [pero] Cuba y México se convirtieron en la Meca y los centros artísticos.»3 Ibid.

EL AMOR A LOS BOLEROS

Los boleros vinieron de Cuba y Puerto Rico a México con canciones como «Lágrimas negras» de Miguel Matamoros, que reza así: «Si tú me quieres dejar y yo no quiero sufrir, contigo me voy, mi negra, aunque me cueste morir»; y «Despedida» de Pedro Flores, interpretada por Daniel Santos en plena ii Guerra Mundial, que dice: «Vengo a decirle adiós a los muchachos, porque pronto me voy para la guerra, y aunque vaya a pelear a otras tierras, voy a salvar mi derecho, mi patria, mi honor». Y durante los años comprendidos entre los años 30 y los 60, los boleros formaron parte esencial de la vida mexicana, los tríos surgieron al por mayor, las canciones estaban en todas las películas y las cantaban desde Pedro Infante hasta Angélica María. No obstante, 75 años después, este tipo de canción sigue siendo popular; como muestra baste decir que los discos de Luis Miguel se venden como pan caliente y que en la Ciudad de México hay muchos lugares en donde podemos cantar con tríos o contratarlos para dar serenatas.

Y es que el bolero es —como el tango y la canción ranchera— un canto de amor y dolor, por eso sus frases —aunque cursis—, tarde o temprano, en un momento u otro, nos acomodan: cuando nos enamoramos, cuando nos va mal en el amor, cuando extrañamos, cuando estamos borrachos y nos ponemos sentimentales... en fin.

En fin, podríamos seguir hablando del bolero, de las canciones y de sus infinitas formas, pero no alcanzarían ni diez artículos. Yo les digo que mejor no hay que tacharlos de ridículos o melosos, porque, cuando nos enamoramos, todos nos ponemos igual, y en esos momentos no hay mejor cosa que agarrar una botella de tequila o de lo que sea y ponerse a oír unos cuantos boleros en su casa o en su coche. ¡Total, si se ponen a llorar, nadie los va a ver! ¡Salud!

Fernando Montes de Oca Monroy es un reconocido médico dermatólogo y un lector prolijo. Entre sus temas predilectos se encuentran: los epígrafes, los puros, el buen comer, el humor, el beisbol y el buen beber. Se sabe todos los boleros por autor y por nombre.

Comunicar

busca en algarabía

Publicidad

Publicidad

Chingonerías

Chingado amor

Publicidad

Para escribir mejor

De acuerdo a / de acuerdo con

Publicidad

– Publicidad –

Newsletter Algarabía

Optimization WordPress Plugins & Solutions by W3 EDGE