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La creatividad a través del tiempo

Hoy en día nos parece natural hablar de creatividad artística y pensar que los conceptos de artista y creador son inseparables, pero no siempre fue así…

Los griegos no tenían términos que correspondieran a los de «crear» y «creador», lo que ellos tenían era la expresión «fabricar», poiein y no la hicieron extensiva al arte o a los artistas como pintores y escultores, pues según Platón, no hacen cosas nuevas, simplemente imitan lo que ya existe en la naturaleza.

En la antigüedad, artista y creador se diferenciaban de otro modo. El concepto de creador y creatividad implica la libertad de acción, mientras que el concepto griego de artista y de las artes presuponía una sujeción a una serie de leyes y normas. Para los antiguos griegos la creatividad en el arte no es sólo imposible, sino indeseable, ya que el arte es una destreza y como tal presupone un conocimiento de las normas y la capacidad para aplicarlas.

El artista es un descubridor, no un inventor.

La premisa es clara: la naturaleza es perfecta y el hombre debería parecerse a ella a través de sus actividades, pero como está sujeta a leyes, lo que él debe hacer es descubrirlas y someterse a ellas.

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La única gran excepción fue la poesía. Su nombre griego poíesis se deriva de poiein. El poeta —poietés— era el que fabricaba. Los griegos no asociaron al poeta con los artistas, ni tampoco a la poesía con el arte, pues el poeta, en primer lugar, hace cosas nuevas, trae un nuevo mundo a la vida; mientras que el artista simplemente imita. Y, además, no está sometido a leyes, como lo están los artistas: es libre en lo que hace.

Estas ideas, de modelos que sean eternos, de cánones y leyes a las que se tenía que apegar el artista, no diferían gran cosa del pensamiento de teóricos posteriores.

Longino, tratadista de la Antigüedad Tardía, creía que lo sublime se podía aprender. Incluso en poesía todo puede hacerse por medio del método.

En Roma, estos conceptos griegos se alteraron en parte. Horacio escribió que no sólo los poetas, sino también los pintores, tenían derecho al privilegio de atreverse a lo que quisieran. Filóstrato escribió que «uno puede descubrir una semejanza entre la poesía y el arte y encontrar que ambas tienen en común la imaginación».

Y Calístrato dijo: «No sólo está inspirado el arte de los poetas y prosistas, sino que las manos de los escultores están igualmente dotadas de la bendición de la inspiración divina». Esto era algo nuevo. Los griegos del periodo clásico no habían aplicado los conceptos de imaginación e inspiración a las artes visuales, sino que las habían restringido a la poesía.

Sólo Dios crea…

Es en el periodo cristiano donde se produce un cambio fundamental: la expresión creatio llegó a designar al acto que Dios realiza creando a partir de la nada, creatio ex nihilo —creación a partir de la nada. Junto con esta nueva interpretación religiosa persiste la antigua idea de que el arte no forma parte de la creatividad, sólo Dios crea, el hombre fabrica.

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Todo esto cambió en los tiempos modernos con los hombres del Renacimiento, quienes fueron conscientes de su independencia, libertad y creatividad. El filósofo Marsilio Ficino dijo que el artista «inventa» sus obras; Rafael, que conforma el cuadro a su idea; Leonardo, que emplea formas que no existen en la naturaleza; Miguel Ángel, que el artista plasma su visión en lugar de imitar a la naturaleza; Vasari, que a la naturaleza se le conquista por el arte; Paolo Veronés, que los pintores se benefician de las mismas libertades de los poetas y los locos; Zuccaro, que el artista configura un mundo nuevo, nuevos paraísos. Pero aun así, ni siquiera ellos se aventuraron a emplear la palabra «creador».

No fue sino hasta el siglo xvii que el poeta y teórico de la poesía polaco Maciej Kazimierz Sarbiewski escribió que el poeta no sólo «inventa», sino que «crea algo nuevo». Incluso añadió que el poeta crea «tal y como lo hace Dios». Sin embargo, aun él consideraba que la creatividad era un privilegio exclusivo de la poesía; la creatividad no está al alcance de los artistas.

Fue en la Francia de la Ilustración donde la idea de creatividad del hombre encontró resistencia.

Primero, tal resistencia tenía un origen lingüístico, pues la expresión «creación» estaba reservada, en el uso contemporáneo, a la creación ex nihilo, que era inaccesible al hombre. La segunda causa era filosófica: la creación era un acto misterioso, y la psicología de la Ilustración no admitía misterios.

Y finalmente, la tercera era que tenía un origen artístico: los artistas de la época estaban sujetos a reglas y la creatividad parecía irreconciliable con éstas. Esta última objeción fue la más débil, pues se percataban de que las reglas eran, a fin de cuentas, una invención humana.

Es hasta el siglo xix cuando el arte es considerado como creatividad y no sólo se le reconoció la creatividad, sino que sólo se le adjudicaba a éste. «Creador» llegó a ser sinónimo de artista y poeta. Aparecen el adjetivo «creativo» y el sustantivo «creatividad».

Y en el arte y la poesía aparecen dos valores básicos cuyo objetivo es, por un lado, la búsqueda de la verdad, la estructuración de la naturaleza, el descubrimiento de las reglas y de las leyes que gobiernan la conducta humana y, por otro, la creatividad en sí misma, la creación de nuevas cosas que no han existido anteriormente, de cosas que inventa el hombre.

El arte y la poesía tienen lemas: ley y creatividad o reglas y libertad; o también, destreza e imaginación.

Podemos ver que en la historia del concepto de creatividad fue la ley la que predominó durante largo tiempo. Hoy en día podemos encontrar ambas tendencias: mientras que algunos artistas y poetas persiguen la libertad individual y la creatividad, otros buscan y desean encontrar las leyes universales que gobiernan el arte y la poesía, deseando someterse a ellas.

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En el siglo xx la expresión creador empezó a aplicarse en todas las manifestaciones de la cultura humana; se comenzó a hablar de la creatividad en las ciencias, de políticos creativos, de creadores de una nueva tecnología, etcétera. Se amplió el ámbito de la creatividad, se le reconoció por la novedad de sus producciones. Estamos ya en el siglo xxi, vivimos una compulsión por la novedad, como expresaba Octavio Paz: «La sed de novedades es una forma degradada de la sed de eternidad...»

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  • Daniel Moreno

    Me parece que el artículo está basándose sólo en la concepción de la producción artística de Platón, olvidándose del concepto artistotélico el cual reconoce al artista no solo como un imitador, sino, incluso, como creador de lo sublime.

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