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En busca de la ballena blanca

Herman Melville (1819-1891) fue, en su tiempo, más conocido por haber vivido entre caníbales que por ser autor de Moby Dick. Sólo hasta después de su muerte su novela fue reconocida y se convirtió en un hito.

Esta obra, ícono de la literatura estadounidense, ha sido interpretada y adaptada en múltiples formas y para diferentes medios: desde el cine mudo (1926) y las películas dirigidas por famosos directores como John Huston y Orson Welles, hasta caricaturas como la que, en 1967, Hanna-Barbera hizo para la televisión. Sin duda, Moby Dick ilustra los escenarios de los viajes de su autor, sus inquietudes filosóficas y la dualidad que se encierra en todas las criaturas.

Herman Melville

Melville nació en una familia acomodada de Nueva York, pero al cumplir trece años sufrió la muerte de su padre que, loco y en bancarrota, dejó a la familia en una difícil situación que obligó a Melville a buscar la manera de salir adelante.
La ingente necesidad de ganarse la vida y su propensión al vagabundeo y la aventura lo hicieron lanzarse al mar; a los 17 años se enroló como grumete en un barco hacia Liverpool y a los 21 zarpó en un ballenero con hombres rudos y sin educación. Después de convivir con ellos quince meses, desertó en las Islas Marquesas, descontento por la vida dura y la brutalidad del capitán. Ahí, los taipis —que eran considerados caníbales— lo recibieron hospitalariamente y su vida transcurrió entre nadar y pasear con una muchacha llamada Fayaway... y podría haber sido muy feliz; sin embargo, el miedo a ser comido algún día lo hizo escapar a bordo de otro ballenero, donde las condiciones fueron aún peores; entonces se sumó a un amotinamiento que lo llevó a una prisión en las islas del Pacífico.

Una vez libre, trabajó en tierra y, finalmente, a los 25 años decidió regresar a su ciudad natal y darse de baja en la Marina. Un año después inició su carrera literaria en Boston relatando sus experiencias con los caníbales, al principio con mucho éxito.

En 1851, acabó Moby Dick, pero no tuvo gran aceptación; a partir de entonces su vida siguió un camino trágico: uno de sus hijos se mató de un tiro —no se sabe si fue un accidente— y, un año después, otro de ellos huyó de casa y nunca se volvió a saber de él. Melville pasó los últimos años de su vida en un oscuro empleo burocrático en la aduana de Nueva York, sin saber que su libro se convertiría en un clásico de la literatura universal.

MOBY DICK

El tema central de la historia es la venganza. El capitán Ahab, en su barco ballenero Pequod, busca a Moby Dick, la ballena blanca que le arrancó una pierna hasta la rodilla. La historia inicia con la narración de Ismael, personaje que viaja a bordo del ballenero. A medida que avanza el relato, Ismael va perdiendo fuerza como personaje y se convierte en un narrador observador, a veces historiador, naturalista e, incluso, poeta y filósofo. La gama de personajes que transitan por esta aventura es muy amplia, desde un hombre furioso con la vida y el mundo, como Ahab, hasta un Queequeg, hombre rudo que duerme con un hacha, pero, en el sueño, involuntariamente abraza tiernamente a Ismael como si fuera su novia.

La magia de la novela es que puede tener un sinnúmero de lecturas. Las caricaturas de Hanna-Barbera pintan a la ballena como salvadora de dos niños y así cuenta sus aventuras. También hay quien ve en el capitán Ahab la obsesión moralizante de los puritanos que fundaron las trece colonias o los fanáticos que se escudan en un dogma y se valen de cualquier medio para llegar a su fin. Moby Dick puede incluso convertirse en una alegoría de la vida actual, donde los ciudadanos de la Unión Americana, al igual que los hombres a bordo del Pequod, pierden la vida siguiendo a un líder enajenado y al que no entienden, pero que los atrapa en el vértigo de su propia locura.

Ahab cree que su tripulación sólo está ahí por el dinero, lo cual refleja también la visión pesimista de Melville frente a su entorno. Esta crítica tal vez no fue consciente, pero en su momento lo liberó de toda esa frustración, pues, al terminar de escribir Moby Dick, confesó a Hawthorne que había escrito un libro malvado y se sentía inocente como un cordero. La ballena representa un monstruo de las profundidades, percibida por Ahab como un engendro del mal que ataca y destruye todo. Sin embargo, la ballena no deja de ser una fuerza de la naturaleza. La ballena es un animal que lucha por sobrevivir, ajeno a todo rencor, a todo sentimiento humano.

Moby Dick es una obra que parece estar llena de símbolos. Por dar algunos ejemplos podemos mencionar la pata de marfil de Ahab como símbolo de su impotencia; la ballena blanca, el arquetipo del padre o de la madre; Moby Dick, representación del mal, y Ahab, del bien; Ahab, el mal, y Moby Dick, el bien. Treinta los tripulantes del barco, el número exacto de los estados de ee. uu. cuando Melville escribió el libro; su cosmopolitismo —devenido de africanos, polinesios, franceses, chinos y estadounidenses—, que representa la humanidad y la mezcla de razas de la población de ese país.

No obstante, algunos autores, como Somerset Maugham,1 piensan que Melville no tenía la abstracción intelectual para escribir una alegoría deliberada. Realmente no lo podemos saber. Lo cierto es que la novela tiene algunas extravagancias, errores de construcción, aparecen y desaparecen personajes sin explicación alguna, el lenguaje de cultos y bárbaros es el mismo y el punto de vista cambia sin justificación.

Mientras escribía Moby Dick, Melville casi no comía ni dormía, su obra se apoderó de él y su creatividad lo arrastró, haciéndolo su súbdito. Pero nadie puede negar la belleza del lenguaje, sus vívidas y emocionantes descripciones de acción y, por encima de todo, la siniestra figura del capitán Ahab, que con maestría logra llenar las páginas de poder y de fuerza.

Conoce más sobre Herman Melville y su obra en Algarabía 44, pp. 60-65.

Mariel Turrent Eggleton, enamorada de la palabra y de todas sus hazañas, intenta —no siempre con éxito— iniciar en el vicio del lenguaje a uno que otro joven incauto, impartiendo las materias de semiótica, análisis literario y afines en la Universidad Anáhuac de Cancún. En su oficio de escribidora ha ganado uno que otro premio por poesías y cuentos mentirosos. Y, en este viaje literario a bordo del Pequod, fue su Virgilio un verdadero capitán de barco, cómplice que ha surcado todos los mares.


1 William Somerset Maugham, dramaturgo y escritor inglés.

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