Big Bangs musicales – Algarabía
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Big Bangs musicales

La historia de la música puede contarse en cinco momentos clave, conocidos como big bangs musicales.

En el año 2000, Howard Goodall —notable compositor y presentador de tv británico— escribió y presentó una serie de cinco documentales llamada Big Bangs: Five Momentous Discoveries that Changed the Course of Western Music, en los que describe un número igual de momentos decisivos de la historia musical, que él compara con esa famosa gran explosión que, se dice, dio origen al Universo.

A partir de esta idea, el autor de este artículo nos explica esos cinco momentos estelares de la música, más un par de añadidos —cosa de no limitarse a lo dicho por alguien más.

Cuando descubrí los Big Bangs de Howard Goodall, me pareció que la serie era una verdadera revolución en la forma de pensar, enfocar, organizar y difundir los momentos clave de la historia de la música occidental. Goodall propone que:

  1. La notación musical
  2. La ópera
  3. La afinación bien temperada
  4. El piano
  5. La grabación

Representan las cinco grandes explosiones que detonaron avances insospechados en el desarrollo
 del arte musical. Yo, además, propongo que podríamos añadir dos Big Bangs: el Homo musicus —que tiene que ver con los orígenes de la música— y el violín. Veamos:

Big Bang #0: El Homo musicus

Según estudios recientes, la música no es privilegio exclusivo del ser humano, ya que algunas ballenas, ciertas especies de monos y algunos pájaros, producen estructuras sonoras que bien podrían ser consideradas como música.

Sin embargo, es un hecho que, hace miles de años, el cerebro del Homo sapiens creció, y el hombre adquirió conciencia y sensibilidad; entonces comenzó a danzar, cantar y producir sonidos que más tarde
 serían llamados música —los instrumentos musicales más antiguos que conocemos datan de hace unos 35 mil años—, lo cual le permitió acompañar el trabajo, socializar, cortejar y hacer la guerra de una manera más coordinada y eficaz, pero, sobre todo, expresar sus tristezas y alegrías por medio del arte: el Homo musicus había aparecido.

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Más tarde, cuando surgieron las primeras civilizaciones, se conformaron coros y orquestas primitivos,
 y parece que incluso algunas intentaron escribir música. Entonces sólo Dios y el compositor supieron lo que se registraba; hoy sólo lo sabe Dios.

Las primeras civilizaciones conformaron coros primitivos, y parece que incluso algunas intentaron escribir música.

Big Bang #1: La notación musical

A finales del siglo viii, Carlomagno —de la dinastía carolingia— fue coronado Imperator Romanorum —Emperador Romano— por el papa León iii. El Big Bang musical sucedió cuando sus herederos vieron 
la necesidad de unificar la liturgia y, por lo tanto, imponer un solo tipo de textos con sus melodías: el canto gregoriano.

Hacia el año 1000 de nuestra era, dio inicio la notación o escritura de la música, que permite representar los sonidos de una manera precisa. Guido de Arezzo dio nombre a las notas —ut, re, mi, fa, sol,
 la— y creó un método de solfeo mucho más efectivo que la vaga e insegura imitación del canto no escrito y conservado por tradición oral.

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Esto sirvió para registrar las canciones más antiguas que conservamos de esos cantautores llamados trovadores. También, y en la medida que se crearon grafías cada vez más sofisticadas, sirvió para representar la duración de los sonidos —es decir, plasmar el ritmo—, y se impulsó el desarrollo de la polifonía —es decir, dos o más melodías simultáneas—, o lo que llamamos contrapunto. Con la escritura nació el concepto del compositor, aquél que plasma sus ideas musicales sobre una partitura, y gracias a la notación, la fuerza creativa de la composición musical explotó en todas direcciones.

Big Bang #2: La invención de la ópera

El siguiente Big Bang apareció sorpresivamente, cuando los grandes creadores de complejas partituras religiosas —motetes, misas, cantatas— y de canciones polifónicas —madrigales renacentistas— tuvieron que adaptarse a la moda impuesta por el nacimiento del «melodrama acompañado», o lo que nosotros llamamos ópera: una obra de teatro medio cantada y medio recitada, que se acompaña de una melodía continua tocada por los instrumentos más graves —el bajo continuo— y que a través del texto, del canto y de la puesta en escena, narra historias y trasmite emociones. Al principio, no existían las arias —piezas cantadas que detienen la acción para expresar algún sentimiento—, por lo que todo era diálogo teatral.

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La historia de la ópera inició con Dafne (1598), del italiano Jacopo Peri. Después, el tema de Orfeo y Eurídice —cuyo argumento habla del poder de la música— sería revisitado una y otra vez; el primer ejemplo es Eurídice (1600), con texto de Ottavio Rinuccini y música de Peri. Poco después, se estrenó Orfeo (1607), con texto de Alessandro Strigio y música de Claudio Monteverdi, el compositor más grande de su tiempo, quien aún vivía cuando en Venecia nació el primer espectáculo operístico en interiores al cual se podía acceder pagando la entrada: entonces apareció la ópera comercial.1 v. «La ópera» en Pago por ver y oír: Colección Algarabía, México: Editorial Otras Inquisiciones, 2007; pp. 97-102.

Luis xiv de Francia, «el Rey Sol», impulsó el nacimiento de la ópera francesa, con una solemne introducción —obertura—, coros y mucha danza, preludio a la ópera-ballet.

A principios del siglo xviii, Antonio Vivaldi, en Venecia, y Georg Friedrich Händel, en Londres, llevaron este
 arte músico-teatral a niveles 
insospechados, y para la
 segunda mitad del siglo xviii apareció un «hoyo negro de la ópera», que devoró y opacó a todas las óperas de sus contemporáneos: Mozart.

La Revolución francesa —y otras tantas— parece haberse anunciado en el interior de un teatro; también, la independencia de Bélgica prácticamente dio inicio durante una función de ópera, y el Risorgimento italiano debe mucho a la afición exacerbada y nacionalista a los coros y arias de Verdi, cuyos vitoreos se confundían con los de «Vittorio Emanuele Re d’Italia» y culminaron con la Unificación de Italia.

En 1876, Richard Wagner desapareció los palcos, colocó unos democráticos asientos desde donde todo se oía y se veía, apagó por primera vez las luces en un teatro, escondió una poderosa orquesta, y presentó una subyugante y devastadora serie de cuatro óperas: la tetralogía El anillo del Nibelungo. Y aquí le paramos, porque ningún espacio es suficiente para hablar de ópera.

Si quieres conocer la segunda y tercera parte del texto Big Bangs musicales, consulta Algarabía 88 y 89.

7 thoughts on “Big Bangs musicales

  1. Me gusta mucho el artículo. Pero la frase que se cita siento luego existo, no es de René Descastes y tendría que ser “pienso, luego existo” cogito, ergo sum?

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