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Balzac —Un personaje decimonónico—

En sus 51 años de vida prolífica, Honoré de Balzac escribió alrededor de 95 novelas —además de innumerables cartas y artículos periodísticos—, la mayor parte de las cuales reciben el nombre colectivo de La comedia humana. Éstas brindan un panorama detallado de la vida y sociedad parisinas y de las provincias francesas tras la caída de Napoleón Bonaparte. Otro panorama similar, el de la vida de este escritor esencial de la literatura francesa y universal, es el motivo de este artículo.

Honoré de Balzac 1 De los libros y artículos sobre la vida de Honoré de Balzac, tres fueron las fuentes principales para pergeñar estas líneas. Es justo citarlas: Retrato de Balzac, de Théophile Gautier; Balzac, de Jaime Torres Bodet, y Honoré de Balzac, de Stefan Zweig. nació en Tours, Francia, en 1799; fue llamado así por haber nacido el 16 de mayo, día de San Honorato. Su apellido era Balssa, pero el padre lo transformó en Balzac y, sin razón oficial, le añadió un aristocrático de. Su madre, una mujer 32 años menor que su marido, fue tan indiferente y lejana que, al no reconocer talento en su hijo, lo envió a un internado en Vendôme, a los 8 años.

Tras siete años ahí, Balzac se trasladó con su familia a la capital francesa, donde lo enviaron de nuevo a un internado. Al retirarse el padre, la familia se mudó de París, y Honoré permaneció en la «Ciudad Luz» alojado en una buhardilla, en la que escribió una obra de teatro fallida cuyo argumento, años después, reproduciría en La piel de zapa (1831). Estudió Derecho en la Sorbona, pero a los 20 años interrumpió sus estudios para dedicarse por completo a la literatura... y a sus amores.

Las mujeres de su vida

En 1821, conoció a Zulma Carraud, quien fue su «amiga» toda la vida. Posteriormente conoció a madame Laure de Berny —casada, con nueve hijos— y cayó rendido ante ella. Él tenía 21 años; ella, 43, y no tardaron en volverse amantes. «La dilecta» modeló a Balzac, que por entonces era un muchacho impetuoso y sin habilidades sociales, pero con unos vivísimos ojos negros e incesante curiosidad, en los que la señora De Berny vislumbró un futuro diferente.

Durante cinco años, los amantes compartieron la vida mientras él escribía, noche tras noche, bebiendo incesantes jarras de café. Ella, por su parte, supo mantener esa aventura, sin menoscabo de su vida familiar, hasta que apareció Laure Junot, duquesa de Abrantes. La viuda —que compartía nombre con madame de Berny y con la hermana y la madre del escritor— era sólo siete años mayor que él. La primera Laure pronto se percató de que Honoré no le pertenecía ya en exclusiva; en un movimiento audaz, la Junot retó a Balzac en una carta llamándolo «débil», lo cual, en contra de los cálculos, lo alejó de ella y lo volvió a acercar a madame de Berny.

El 28 de febrero de 1832, Balzac recibió una carta firmada con un seudónimo: «La extranjera». Esta misteriosa mujer, con quien sostuvo una nutrida correspondencia durante catorce años, a la postre sería el amor de su vida. En 1833, viajó a Viena para conocerla en persona. Su nombre era Ewelina Hanska, doce años mayor que él, una noble polaca entonces casada con Wacław Hanski, quien la dejaría viuda en 1841. Dos años después, empezarían una serie de viajes juntos —incluso la señora Hanska quedaría embarazada y daría a luz a un hijo muerto en 1846.

Deudas y fracasos

Balzac era famoso no sólo por su literatura, sino también por su capacidad de dispendio: pasó toda su vida entre grandes deudas, provocadas por su voraz afición a los objetos y su obcecación de vivir como un dandy. Vivió siempre acosado por cobradores, a quienes burlaba de diversas maneras; la más celebrada de sus argucias era disfrazarse de mujer tan convincentemente que podría pasar frente a las narices de sus deudores. Incluso se mudó a un departamento distinto, utilizando un nombre falso, y no pudo contener su manía de gastar para contar con una biblioteca elegante, libros de lujo y mobiliario caro. Los acreedores «le provocaban un extraño placer: se escondía, cambiaba de casa, no le gustaba pagar, lo consideraba una ofensa al orgullo, a la inteligencia [...]».2 Rafael Pérez Gay, Nos acompañan los muertos, México: Planeta, 2009, p. 28.

Una pluma brillante

Balzac fue un hombre de su tiempo, a quien las letras clásicas grecorromanas no le interesaban en lo absoluto. Dedicado a sus contemporáneos, buscaba retratar a la sociedad en la que vivía: salía a caminar y encontraba rostros y cuerpos que transformaría en personajes, que «viven —o mueren— de la voluntad que poseen, o que les falta. Eso es todo. La voluntad personal parece exclusivamente servirles para ir más lejos y más de prisa por el sendero que les indica la voluntad de la especie a que pertenecen o el destino biológico que es el suyo. [...] Si son perversos, lo serán hasta despeñarse desde la altura, porque la voluntad es en ellos máquina irrefrenable. [...] Los buenos, en La comedia humana, van siempre hasta el límite de lo bueno, acosados por la carrera de una bondad que parece gozarse en anonadarlos. La voluntad en Balzac es cosa carnal y no sólo energía del pensamiento».3 Jaime Torres Bodet, Balzac, México: Fondo de Cultura Económica, 1959, p. 180.

Las últimas líneas

Al final de su vida, consumido por las enfermedades, Balzac ya no podía ni moverse de la cama. Théophile Gautier recibió una carta de Ewelina Hanska en la que le daba cuenta de la situación; al final, Honoré había garrapateado: «Ya no puedo leer ni escribir». Gautier supone que, probablemente, ésa haya sido la última línea que escribió el autor de La comedia humana.

Conoce más detalles de la vida y obra de este artista en Algarabía 67.

Julio Derbez del Pino fundó el semanario Vértigo, el cual dirigió hasta 2007. Su libro más reciente es El primer beso. Actualmente, realiza comentarios en canal 40, Radio Capital 830 AM en el programa Con clase, y en ABC Radio 760 AM en el programa En la noticia, con Carlos Ramos Padilla; además, tiene un comentario semanal sobre libros que se transmite por Internet. Es asesor del rector de la UNAM, José Narro Robles.

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