Algarabía 128

Salvador Dalí

Salvador Dalí es una de las figuras más representativas del surrealismo.

Contados personajes tan emblemáticos en la historia del arte como Dalí. Quién sino el creador de las greguerías tendría la capacidad —y el mismo genio— para describirlo en su conjunto. Éste es el fragmento de un libro que Gómez de la Serna dedicó al pintor catalán y que el propio Dalí ilustró de puño y letra.

El pintor es un ser que no debe discutirse demasiado porque pierde la vida en honor nuestro y para elevación de nuestro espíritu. Bernard Shaw dijo una vez: «Se emplean los espejos para verse la cara y se emplea el arte para verse el alma».

La pintura, por eso, parece un eterno enmascararse, lo cual permite que choque fisonómicamente y sean de lo más raras sus apariencias. Llamar loco a un artista extraordinario es fácil, pero probarlo es difícil. Contra esa calumnia, Dalí ha dicho: «La única diferencia entre yo y un loco es que yo no estoy loco».

A lo más ensaya la limitación de la locura en su época «paranoica-crítica». «Método espontáneo para la mejor conquista de lo irracional, basado en la asociación “interpretativo-crítica” de los fenómenos delirantes».

Niño de una nueva especie

Dalí, con esa gran dignidad española que no admite el plagio, no tiene nada que ver con Picasso como modelo y sólo recibe la natural influencia de todo lo moderno sobre la renovada originalidad.

Dalí es el niño de una nueva especie. Nace en Figueras —Cataluña— el 11 de mayo de 1904. Estudia en Madrid y se deja llevar de sus efusiones nítidas y no oculta que admira a Meissner y huele las malvas reales de Mariano Fortuny, delirante pintor del siglo xix.

El gran instinto de Dalí es el de no menoscabar sus impresiones de infante lleno de clarividencias, rápido en agarrar y soltar las cosas que le atraen, más rápido y franco que nadie al minuto, 100 mil revoluciones de veces más que nadie.

Dalí fue un adolescente único que lo sigue siendo. Representa el deseo de desvarío que hay en cada generación y que supone sacrificio, martirio y espanto interior. Por eso se ha quemado tanto en tan pocos años, y él, que es muy joven, parece muy viejo, cosa que en realidad no le importa porque, según ha manifestado él mismo varias veces, tiene el deseo de vejez tal como se respeta en la China esa categoría del ser.

Obrar sobre la realidad

Los que más terriblemente han trabajado en el mundo —por eso ha habido y hay tantos pintores hemipléjicos— son estos renovadores del arte y de la actualidad. «La nada con que comienza el pintor en el espacio..., espacio que es la nada que envuelve cada objeto en el mundo, lo que acaricia o estrangula», y desde esa nada lo ha hecho todo Dalí. Obra sobre la realidad que él obliga a ser misteriosa, escabrosa y desconcertante.

Dalí tiene un ojo de brillantes. Encuentra, con más conciencia que nadie, ese mundo marginal que necesitaba nacer como para que pudiésemos despojarnos de todo lo monstruoso vehiculado gracias al espejismo de montañas y personas. ¡Fuera los objetos malos!

El surrealismo se convirtió en un permiso más para investigar en lo original y que el pintor aspire a pintar algo más que zanahorias.

Es por eso el hombre más limpio y desembarazado que existe, pues expulsó todas las aberraciones y todas las cosas de difícil memoria y puede pasearse refrescado y ligero ante sus cuadros.
Es absurdo que cuando no se entiende un cuadro, se le achaque falta de sentido sin que pase por la cabeza del espectador que él puede ser el que carezca de entendimiento.

Ataca con la agresividad del genio. No puede discutir en serio entre otras cosas porque sería muy largo y no le entenderían. Insulta, cree, pero no es impertinente. [...] Dalí quiere idealistas que no participen en ningún ideal.

Tengo que insistir, al hacer la silueta de Dalí como jovencito avizorador, mojado en claras mañanas catalanas, de vuelta de una excursión con sus padres por París. Un día, después de una exposición en que se presenta lo incomprensible, su padre, viudo, le pregunta qué extraño simbolismo hay en un cuadro en que se burla de su familia.
—No hay simbolismo... es tal cual.

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El padre entonces se despide del hijo, y Dalí entra en su calvario, solo y como huérfano, como presentándose a cumplir por entero su destino de redimir prejuicios al ser humano que está queriendo rebelarse.

En Nueva York —1939— rompió la vidriera del escaparate donde exhibían sus cosas —por lo mal que estaban colocadas— y fue a la cárcel; ahí escribió un manifiesto titulado: Declaración de la independencia de la imaginación y los derechos del hombre a la locura:

El mío no es un caso de la periódica imitativa y desalentada «vuelta a la tradición» —el neoclasicismo, el neotomismo— de los que se oye hablar en todas partes, y que surge sintomáticamente de la fatiga y de la náusea causada por los «ismos». Por el contrario, es la combativa afirmación de toda mi experiencia con el espíritu de síntesis de la «conquista de lo irracional».

Valiente como él solo, defiende nada menos que desde Norteamérica la idea de la categoría sobre la arrasación, porque su Cosmogonía «no es reacción ni revolución sino Renacimiento jerarquizado y exclusivo conocimiento de todo».

En el futuro se buscará un Dalí como se busca un Patinir 1 Joachim Patinir (ca. 1480-1524) fue un pintor flamenco de paisajes y temas religiosos entre cuadros de más o menos renombre. Porque sólo un seráfico pudo pintar como él y escribir: «Y, ¿qué es el cielo? ¿Dónde se encuentra? ¡El cielo se encuentra ni arriba ni abajo, ni a ala derecha ni a ala izquierda; el cielo se halla exactamente en el centro del pecho del hombre que tiene fe!».

El arte es la mentira que es superior a la verdad y a la verdad que es superior a la mentira.

Con Las tentaciones de San Antonio, el artista alcanza un rango de intelectual superior, pues opera la tentación no por la lubricidad sino por el absurdo, como si el demonio quisiera trastornar el alma del santo por la locura, que no ha podido ganarle por la tentación de la carne.

Para conocer más sobre Salvador Dalí, consulta Algarabía 128.

Aquí puedes ver la entrevista completa que Jacobo Zabludovsky hizo a Salvador Dalí en 1971:

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