Ciencia

La negación y la mente

¿Por qué es tan difícil negar con la mente?

La negación es, para la psique humana, una operación necesaria que a veces funciona como mecanismo de defensa…

En general, tendemos a negar lo que nos resulta desagradable, mientras que nos inclinamos a afirmar lo agradable. Por ejemplo, para deleitarse fumando cigarros sin angustia, los fumadores tienen que negar los riesgos que ello entraña para su salud, al menos por un momento.

¿Una persona podría continuar fumando tranquilamente sin que desestime en su cabeza los nocivos efectos del tabaquismo?

Por otro lado, encontramos otras manifestaciones de la negación; por ejemplo, cuando el infiel es descubierto por su pareja y, entonces, el ofendido lo cuestiona: «¿por qué lo hiciste?», el infiel responde recurriendo a excusas con las que pretende eludir y desentenderse de su responsabilidad, tales como: «no quise traicionarte», «no quería lastimarte», «no fue con mala intención», etcétera.

En muchas ocasiones, la negación se utiliza para mentir y encubrir intenciones que realmente son opuestas a lo que se dice.

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Los ejemplos: «no me preocupa que los clientes se vayan con la competencia», «no me interesa lo que la gente piense de mí», son locuciones que, tras una máscara de indiferencia, intentan ocultar las desagradables emociones que sienten aquellos que las pronuncian; o sea, deben interpretarse como «sí me preocupa que...».

La negación enuncia creencias o estados de ánimo del sujeto que la declara y se dirige, no sin cierta soberbia, para engañar a los demás.

Así que, por lo general —como escribe el psicólogo español Francisco Gavilán—, «no me preocupa que...» suele significar todo lo contrario, y cuando esta frase se enfatiza con adverbios como «francamente» o «verdaderamente», ello suele implicar justo lo contrario.

El inconsciente donde no hay no

El divorcio del pensamiento y el afecto fue estudiado por Freud con mucha profundidad en su ensayo «La negación» —«Die Verneinung» de 1925—, en el cual lo considera un procedimiento por el que el sujeto, a pesar de formular uno de sus deseos, pensamientos o sentimientos hasta entonces reprimidos, sigue defendiéndose y niega que éste le pertenezca.

Escribe Freud: «el modo en que nuestros pacientes producen sus ocurrencias durante el trabajo analítico nos da la oportunidad de hacer algunas interesantes observaciones.

“Ahora usted pensará que quiero decir algo ofensivo, pero realmente no tengo ese propósito”.

Lo que comprendemos, mejor dicho, es el rechazo por proyección, de una ocurrencia que acaba de aflorar. O bien: “si usted cree que la persona del sueño es mi madre, no lo es”. Nosotros rectificamos: es entonces su madre».

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El analista hace a un lado la negación e induce lo que el paciente habría dicho en realidad: «con respecto a esa persona se me ocurrió, es cierto, que era mi madre; pero no quiero considerar esa ocurrencia». El paciente expresa bajo una forma negativa un deseo o pensamiento reprimido; por consiguiente, al negarlos, los logra hacer conscientes.

En el inconsciente, el no es inexistente, puesto que éste sólo registra afirmaciones y no sabe de límites, lo quiere todo y lo quiere ya, sin restricción; «en el ello —asevera— no hay nada que pueda equipararse a la negación». Según esta interpretación, el adverbio no procede del sistema preconsciente, encargado de representar las palabras.

Así, una aseveración tal como: «no pienses en un elefante rosa», es equiparable a una instrucción paradójica, pues resulta imposible cumplirla.

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Aunque Freud no lo menciona expresamente, con frecuencia, el no está vinculado con las prohibiciones normativas: «no desearás a la mujer de tu prójimo», «no fornicarás», etcétera; de modo que, cuando el sujeto tiene una ocurrencia —que expresa un deseo prohibido— y, sorprendido, adquiere conciencia de lo enunciado, recurre a la negación intelectual de su dicho: «no lo pensé», «no quise decir eso».

Negación: una forma de encubrimiento

Freud asegura que la negación es «un sustituto de la represión, en un nivel más alto». Plantea que el sujeto se vale de diversos mecanismos psíquicos para ocultar un deseo, como ocurre con los actos fallidos; por ejemplo, cuando el sujeto dice lo que no quiere decir y en esas fracturas de su discurso aflora el deseo inconsciente: cierta persona promete prestarle un libro a un amigo; sin embargo, cada vez que va a llevárselo, lo olvida en su casa, de lo que se infiere que sería desagradable para él reconocer su tendencia egoísta, de modo que el olvido opera como una negación.

En su envoltura psíquica, la negación tiene que ver con la no aceptación de la propia responsabilidad, sea respecto de los afectos, los pensamientos, los deseos o las inclinaciones.

Esto sucede frecuentemente al expresarlo en formas lingüísticas —las dativo impersonales— tales como: «el florero se rompió», «el vaso se fue de mis manos». Contrario a lo que pasa en otras lenguas, en el español, se puede usar la forma impersonal del verbo y, con ello, entrar al juego de romper un vaso y admitirlo directamente, pero también podemos argüir que «se rompió». Ésta es la manera más corriente de decirlo y es la forma más común de evadir la responsabilidad propia, que, en cierto modo, equivale a negarla.

Toda determinación es una negación

En suma, la negación es la condición fundamental para instaurar diferencias en todos los órdenes de la vida. Permite distinguir las cosas y los acontecimientos, estableciendo divisiones que ordenan nuestras ideas. Además, como señala Spinoza, toda determinación es una negación —cuando digo es esto, a la vez niego que sea aquello—, igualmente, posibilita la distinción entre lo verdadero y lo falso: «eso no es cierto».

La negación es una función intelectual constituida por el lenguaje y la mente mediante diversas modalidades.

Permite la expresión y demarcación de sentimientos, pensamientos y anhelos —«no quiero esto»—; aunque también se esgrime para ocultarlos y favorece al autoengaño, al negarse el sujeto a reconocer y admitir lo que realmente siente o desea. Sirve para abrir o cerrar posibilidades vitales, enriquece o empobrece, anima o desanima, permite el avance o conduce al retroceso.

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