Arte

Unas pinceladas de color

¿Qué es el color? Alguien dijo que si la luz es la mensajera, el color es el mensaje; y el mensaje puede tener variaciones infinitas.

Los físicos y matemáticos lo describen inmerso en el ámbito de la óptica; a través de conceptos como longitud de onda, frecuencia e intensidad intentan explicar el misterio del color. Pero el color es mucho más.

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El color es una cosa esplendorosa

Sin duda, lo primordial en el tema del color es su relación con la luz. A falta de luz no hay color y, al igual que aquélla, éste posee brillo, tono, volumen y saturación. La luz es su vehículo.

La luz emite millones de colores, pero nuestro cerebro los organiza en variaciones de sólo cuatro —rojo, azul, verde y amarillo—. El color es similar a la música o la lengua, y esto no debe desmoralizarnos, pues con siete notas musicales se han creado sinfonías maravillosas, y con sólo 26 frases podemos decir todo lo que se nos antoje. En el color, esas sinfonías las compusieron innumerables artistas y las aplicaron —y explicaron— movimientos pictóricos como el impresionismo; más tarde, las recrearon inventos como la televisión a color.

«Hay azules que se caen de morados.»
Carlos Pellicer

El habla cotidiana también tiene color social. Por ejemplo, expresiones como ver la vida de color de rosa, tener un negro porvenir, llevar sangre azul, estar verde de envidia o rojo de ira, nos demuestran que el color es una presencia permanente en nuestra vida. Y se manifiesta hablando, cantando, susurrando o gritando.

La voz del color depende de los colores que lo rodean, luce diferente, dice muchas cosas. Los impresionistas lo sabían muy bien. El contexto modifica la percepción del observador. Un color como el rojo, que en determinado ambiente puede ser indicativo de bienvenida, de Navidad, de pasión; en otro momento puede significar peligro, fuego o calor. El amarillo, que a muchos les parece alegre, puede ser el símbolo de alerta, de acotamiento, de instalación, de reparación, etcétera.

El color rebasa el universo del sentido que le otorga su condición visual.

Los colores aislados no existen en el mundo. En mayor o menor grado, todo cuerpo iluminado posee tres factores que determinan el color con que lo vemos:

  • El color local: su propio y específico color.
  • El color tonal: las variantes de color que producen los 
efectos de luz y sombra.
  • El color ambiente: los colores reflejados por otros cuerpos próximos.


A su vez, estos factores están condicionados por:

  • El color propio de la luz.
  • La intensidad de la luz.
  • La atmósfera interpuesta.

¿De qué sirve saber todo esto? De mucho, ya que al elegir un color se debe tomar en cuenta cómo influye en su entorno y es influido por éste. Las habitaciones en que dormimos, cocinamos o trabajamos, el transporte, los empaques, los alimentos, la vestimenta, etcétera, nos sumergen en las influencias del color.

¿Cómo describiríamos el color a un ciego de nacimiento? ¿Podríamos imaginarnos un color nunca antes visto?


El pintor Delacroix dijo: «Dadme lodo y pintaré la piel de una Venus. Siempre que pueda pintar a su alrededor los colores que yo quiera».1 J. M. Parramón, Así se pinta, Barcelona: Instituto Parramón Ediciones, 1964. 29 Efectivamente, con la ayuda de determinados colores en el fondo, es posible crear la sensación de un delicado color carne, aunque se pinte con un ocre grisáceo o un pardo sucio como el lodo.

El universo del color se matiza aún más si se explora su influencia sobre la conducta humana. Existen connotaciones del color que se han aceptado como códigos universales. Hay dos grandes divisiones en cuanto a esa percepción: los cálidos y los fríos.

Averigua: ¿Qué color remarca tu personalidad?

La gama armónica de los colores fríos está constituida esencialmente por los colores verde claro, verde, verde esmeralda, azul cian, azul ultramar, azul intenso y violeta.

La gama armónica de los cálidos está formada por los colores violeta, púrpura, carmín, rojo, naranja, amarillo y verde claro.

Ponerse de acuerdo en lo que cada color significa es muy complejo, pero en ese caleidoscopio hay connotaciones comprobadas de su influencia:

  • En diversas industrias se emplea el amarillo en instalaciones o en la maquinaria. El amarillo es radiante y prodiga energía en su entorno —como el Sol.
  • El naranja estimula el apetito y armoniza el ambiente, inyectando ánimo y buen humor; muchos restaurantes emplean el naranja en su decoración o en sus cartas de alimentos.
  • El rojo es excitante y motivador. Los prostíbulos antiguos se anunciaban con luces rojas y en su interior —según Toulouse Lautrec— predominaba ese color.
  • El verde crea un efecto tranquilizador y sedante, está asociado a procesos curativos. En algunas terapias alternativas, la luz verde se relaciona con la salud, tal vez por su analogía con la naturaleza.
  • El azul propicia la introspección y la reflexión; es, en algunas tradiciones, un color de pensamiento elevado y armonizante.
  • El morado tiene aspiraciones elevadas, es un color de implicaciones espirituales, casi religiosas, aunque algunas escuelas orientales como el feng shui lo asocian con la prosperidad y muchos antros lo usan actualmente en la iluminación y en la fachada.


En fin, dejemos que el color penetre por nuestros ojos e inunde nuestro interior sin oponer resistencia, y observémonos con curiosidad. Como lo hizo Van Gogh, cuando escribió a su madre desde Auvers: «Estoy enteramente absorbido por esos llanos inmensos de campos de trigo, verdes como el mar, de un amarillo muy tierno, de un verde muy pálido, de un malva muy dulce, con una parte de tierra labrada, todo bajo un cielo azul, con tonos de luces blancas, rosas, carmines y violetas. Me siento muy tranquilo, mamá, contemplando todo esto. Me siento con grandes deseos de pintar todo esto, mamá».

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Vincent Van Gogh, Campo de trigo con alondra, 1887


Y desde nuestras latitudes, podríamos corear a Pellicer, a modo de disculpa: «Trópico, ¡para qué me diste las manos llenas de color!».2 Carlos Pellicer, «Deseos», en Antología poética, México: Fondo de Cultura Económica, 1977; p. 328

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