Ahora es muy fácil tomar un libro y remontarse a los orígenes de la civilización que surgió en los alrededores del Nilo; pero, ¿cómo se recuperó esa memoria histórica que parecía sepultada para siempre bajo la arena del desierto? ¿Por qué una campaña militar fue fundamental para que se disparara el interés por la arqueología?
por Carlos Bautista Rojas
Una de las claves para que Napoleón ascendiera tan rápido en el poder y se convirtiera en «emperador de Europa», fue el grupo de personas del que se rodeó para encumbrar su imagen. Una de ellas fue el barón Dominique Vivant Denon, quien había sido diplomático durante los reinados de Luis xv y Luis xvi, y que, durante el periodo revolucionario, supo ponerse bajo la protección del pintor Jacques-Louis David y así salvar el cuello.
Vivant, gracias a su cultura y a sus vínculos diplomáticos, hizo amistad con Joséphine de Beauharnais, quien tenía poco de haberse divorciado y ya mantenía una relación con Napoleón Bonaparte. Como Vivant, varios «sobrevivientes» a la monarquía —entre los que se encontraba Talleyrand,[1] principal artífice de la política napoleónica— vieron en el joven Bonaparte una oportunidad para recuperar el poder que alguna vez detentaron y, por ello, lo catapultaron a los círculos más exclusivos de la milicia.
La invasión de Egipto
Las ambiciones de Napoleón —quien venía de una exitosa campaña en Italia— inquietaron al Directorio que gobernaba Francia, pero también lo consideraron una oportunidad única contra los ingleses. Por ello, le propusieron que proyectara la invasión de Inglaterra: en el remoto caso de que Napoleón triunfara, la victoria sería para el Directorio y, si era derrotado, sería la ocasión ideal para deshacerse de alguien que les significaba un riesgo.
Napoleón y sus asesores consideraron que era imposible superar las fuerzas navales de los anglosajones, pero propusieron un plan para debilitarlos: cortar el paso de las materias primas que llegaban de sus colonias en la India al dominar el territorio egipcio.
El 19 de mayo de 1798, Napoleón zarpó del puerto de Tolón con más de 300 barcos, en los que llevaba 16 mil marinos, un ejército de 38 mil soldados, mil cañones y más de 700 caballos. Los primeros reportes de los espías británicos advertían que el objetivo de los franceses sería Irlanda; pero, en cuanto Bonaparte tomó Malta, el almirante británico Horatio Nelson movilizó la flota británica en el Mediterráneo en su búsqueda. Los franceses ya habían desembarcado en Alejandría.
Además de las inclemencias del desierto y el sol abrasador, los europeos no esperaban enfrentarse a la resistencia de los mamelucos, la casta guerrera al servicio del Imperio otomano. Aunque éstos eran excelentes jinetes y arqueros, nada pudieron hacer contra los mosquetes y los cañones galos. Luego de una hora de cargas de caballería árabe contra la potencia de fuego europea, los franceses ganaron la batalla con sólo 300 bajas. Los mamelucos se retiraron dejando en el campo a 5 000 de sus soldados.
Para redescubrir Egipto su Algarabía 79 lo espera.
[1] Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord (1754-1838) fue un religioso, político y diplomático francés cuya influencia en la política internacional fue primordial durante el siglo XIX. Próximamente hablaremos de él a detalle.


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