La gran matanza de gatos

Desde su título, es muy probable que este artículo provoque rechazo —o cierto gusto morboso—, pues los gatos siempre han suscitado admiración y respeto, pero también recelo y repulsión.Contra lo que parece, este texto aborda el ánimo que existía entre la población francesa durante el siglo XVIII, y las ideas sobre las que se construyó la tan admirada revolución de la «libertad, igualdad y fraternidad».

Por Carlos Bautista Rojas

París, Francia; década de 1730. Armado con mangos de escobas, varillas de las prensas y otros instrumentos de trabajo, un grupo de hombres persiguió a todos los gatos que pudo encontrar en los techos y en las cercanías de la imprenta donde laboraba. Apalearon a cuanto felino les salió al paso y, a los que no mataron durante la persecución, los metieron en sacos para luego «someterlos a un juicio público» con guardias, un confesor y un verdugo.

Después de declarar culpables a los animales y darles los «últimos sacramentos», los remataron en patíbulos improvisados.
Lo más relevante de todo esto no es la crueldad ni la saña de quienes perpetraron esta masacre, sino el ánimo con que la realizaron: ahogados en risas y en un ambiente festivo que, meses más tarde, cuando en el taller querían divertirse un rato —o burlarse de sus patrones—, hacían representaciones paródicas de ese momento y del modo en que reaccionaron todos los protagonistas.
Por supuesto, a nosotros, lectores del siglo XXI, este relato podrá producirnos todo, menos risa. Pero los antropólogos han descubierto que, en las interpretaciones más oscuras que una sociedad le pueda dar a un acontecimiento —chiste, proverbio, ceremonia—, están los elementos para comprender o acercarse un poco al pensamiento de su cultura.

Aquí hay gato encerrado

Desde las primeras civilizaciones, los gatos han originado las más contradictorias pasiones. Cuando un gato moría en el Antiguo Egipto, sus «dueños» —porque la autosuficiencia de los gatos les impide ser mascotas de nadie— se rasuraban las cejas en señal de luto. No es casualidad que esta veneración de los egipcios hacia los felinos fuera censurada por el pueblo hebreo; de ahí que los perros sean mencionados más de 40 veces en la Biblia, mientras que los gatos sólo dos, y en un contexto negativo.

En Algarabía 77 podrá leer más curiosidades sobre la idea que se tenía de los gatos, como que en Francia, durante el siglo XVIII, se pensaba que para aliviar cólicos, se debía tomar vino con excremento de gato.

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