Salvador Novo. En defensa de lo usado

Salvador Novo (1904-1974) fue una de las figuras más polifacéticas de la cultura mexicana del siglo XX. Con una prosa aguda, ágil y certera, Novo hace en este texto, publicado en 1938 —entre el auge del industrialismo y la II Guerra Mundial—, una crítica a la cultura de lo efímero y lo desechable. Es sorprendente la vigencia que, a más de 70 años de distancia, tiene esta crítica. Cabe preguntarse: ¿qué pensaría Novo de nuestros hábitos de hoy en día?

Una de las más deplorables características de nuestra época es la de no permitirnos gozar íntegramente de ninguna cosa, persona, ni situación. Apenas adquirida, un nuevo modelo con mayores ventajas viene a tentar nuestra mutable ambición y nos incita a abandonar el no agotado placer de un idilio, de un coche, de una corbata, de una casa, trocándolos por aquel que ostenta la novedad de convertirse en cama mediante un clic artrítico de su asiento trasero; por aquello dotada de clima artificial, o riel de seda, o líneas mejores.
La producción en serie nos arrebata bruscamente un afecto que apenas empezaba a fructificar en el ajuste tibio de nuestra persona, nos quita de las manos el juguete y nos deja ante el enigma de uno nuevo, frío, cuyas luces no sabemos bien cómo se encienden, cuyo clutch no obedece a nuestra anterior coordinación motriz —y vuelta a adaptarnos, para que unos meses después el fenómeno se repita.

Antes y después de las máquinas

En este sentido, la época de la propiedad privada fue más dichosa que la nuestra. Las gentes tenían un piano, sus muebles, su mujer, su caballo —y les curaban todo el tiempo que sus nimios cuidados se encargaban de prolongar—. En una verdadera «calidad» —que la publicidad moderna ha despejado de todo sentido como palabra— ponían nuestros antepasados un empeño inicial al elegir aquellos objetos de uso diario y moderado de que rodeaban su pacífica vida. No había el riesgo de que un cambio de líneas en la corriente
de unas modas lentas, orgánicamente evolucionadas y circunscritas a la ropa, les dejara súbitamente anticuada a su señora, ni a la cama en que dormían con su señora. Bastaba que vajilla, buggy, residencia, seres y enseres fueran buenos, resistentes y decorosamente
presentables.

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