Recio

Hoy en día la palabra recio se refiere a una persona fuerte, robusta y vigorosa: «Él era un hombre recio», o sea, un chico duro. Asimismo, recio alude a algo duro o difícil de soportar, ya sea el tiempo —riguroso, rígido—, la tierra —sustanciosa y de mucha miga— o el viento —intenso y violento.

Empero, recio ya casi no se usa para indicar un volumen de voz más alto ni más fuerte, como en el caso de la
expresión: «Háblame recio, que no te oigo». Un señor conocido como «el Háblame Recio», había obtenido ese mote por su proclividad a los altos decibeles; o sea, por ser decididamente sordo. Era dueño de la miscelánea menos surtida de la colonia, pero famosa por sus conservas caseras, sus mermeladas de fruta auténtica y su miel de gran pureza. Si una madrecita, con todo y rebozo, tras salir de la misa de 8 pasaba por un tarro de miel para echársela
al té de tila, y hablaba con el tono de voz propio de los que tienen una ronquera infernal, entonces él le decía:
«Hábleme recio, que no la oigo».

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