Wenceslao Fernández Flórez, un gallego sabio

Wenceslao Fernández Flórez fue un narrador español, ahora muy poco conocido, que escribió hace más de un siglo algunas de las páginas más divertidas que ha visto la lengua española.

por María Luisa Durán


Wenceslao Fernández Flórez nació en La Coruña el 12 de febrero de 1885 —o sea, era gallego— y murió en Madrid el 29 de abril de 1964. Fue, desde los 18 años, editor de periódicos en Galicia y luego en Madrid, donde además escribió crónicas parlamentarias y artículos diversos para el periódico abc. Fue miembro de la RAE desde 1945 y autor de novelas y cuentos. También adaptó varias de sus historias a guiones de cine. Entre sus novelas más famosas se cuentan Volvoreta (1917), El malvado Carabel (1930) y El bosque animado (1943).

Solterón empedernido, el buen Wenceslao salía de casa de su madre, llegaba al café de su preferencia y, en una mesa junto a la ventana, miraba al vacío durante un rato antes de pasar al papel sus ideas. Sus descripciones están hechas de un lirismo impregnado de la morriña que caracteriza a los gallegos. En sus obras presenta situaciones fantásticas y disparatadas que sitúa en un contexto realista. Lo que da vigencia a sus escritos es la ironía, que despliega con la soltura de un G. K. Chesterton y con la osadía de un Jorge Ibargüengoitia. Pero mejor nos callamos para presentar algunas probaditas de su peculiar visión del mundo.

Mucho habrá de saber pues, sobre la descripción de un departamento, de las corridas de toros, del enamoramiento, de un viaje en tranvía, de la locura o de las bondades del roncar, en este número 70 de Algarabía.

Los comentarios están cerrados, si tienes algo muy importante que decir acerca de este tema puedes enviarnos un correo.

También puedes comentar usando facebook: