titipuchal

Aunque hay palabras que pueden sustituirla, ¿a poco es igual que a uno le digan «te quiero un titipuchal», que la formal expresión de «te quiero mucho»? Sin duda, los mexicanismos obsequian una gran frescura, candidez y un dejo de inocencia a nuestro lenguaje, y de eso, hay un titipuchal de ejemplos.

[…] —¿Cuántos soldados están aquí? —inquirió
Luis Cervantes.
—Amo, no quiero mentirle a su mercé, pero la verdá, la
mera verdá, que son un titipuchal. […]
Los de abajo,
Mariano Azuela

Podría decirse que una de las herencias culturales más importantes que nos dejó la Revolución Mexicana está en la literatura, con el surgimiento de un género genuinamente mexicano: la novela de la Revolución, inaugurada en 1916 con la publicación de Los de abajo, de Mariano Azuela —que, sin embargo, pasó inadvertida hasta 1925.
Muchas de las novelas de la Revolución llevaron las voces del pueblo al ámbito literario, y es justo gracias a Los de abajo que tenemos una idea de la antigüedad de la palabra que nos ocupa en esta ocasión: titipuchal, que proviene del náhuatl tlíltic, ‘cosa negra’ y putzalli, ‘montón de tierra’. En la citada novela, el vocablo se refiere a una muchedumbre, pero por extensión
también la aplicamos para designar una gran cantidad de cosas, especialmente si están desordenadas. Por eso se suele aclarar un «titipuchal de cosas» o un «titipuchal de gente»..

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