En el amplio mundo de los vinos, existen ciertos tipos que se disfrutan antes de la comida a manera de aperitivos, o después de ésta, como vinos de postre; a unos y otros se les conoce como fortificados y, amén de ser una delicia para los sentidos, cuentan con una larga tradición y una historia que bien vale la pena ser contada. ¿Gusta una copita?
por José Ángel Blandón Jolly
Nacidos para satisfacer el gusto británico —y, en buena medida, creados por ellos—, los vinos fortificados se distinguen porque, en algún punto de su producción, se les añadió alcohol para detener su fermentación y elevar su graduación. En este número, le traemos algunos de los ejemplos más representativos.

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