—historias del lunch—
En los días idos de nuestra niñez, la mejor parte de la mañana eran esos diez segundos que coreábamos uno por uno antes de que sonara la campana del recreo: diez, nueve, ocho, siete…
por Margarita Rebolledo
En este número volteamos la hoja hacia los tiempos en que sentarnos en el suelo a comer un sandwich con nuestro mejor amigo en el patio de la escuela y compartir —o quitar— el lunch, era la mejor parte del día.

También puedes comentar usando facebook: