Hay accidentes que se convierten en verdaderas revelaciones. Así le ocurrió a fray Tomás de Berlanga cuando, un día de 1535, en su camino hacia Perú, se encontró por casualidad con las islas Galápagos
Hay accidentes que se convierten en verdaderas revelaciones. Así le ocurrió a fray Tomás de Berlanga cuando, un día de 1535, en su camino hacia Perú, se encontró por casualidad con las islas Galápagos
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