A quien le gustaban las maduritas.
El llamado «filósofo ecologista» pudo haber sido el Mozart de la filosofía, pero el amor le oscureció el camino. Enamorado de la naturaleza del hombre —pero también de una mujer madurita—, Friedrich Wilhelm von Schelling conoció los extremos: desde el idealismo de los románticos, hasta la enfermedad y la muerte, que inevitablemente, dejaron huella en su oficio reflexivo.

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