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Los «Drag queens» de la naturaleza

El término drag queens hace referencia a los machos que adoptan una apariencia física similar a la de las hembras, esto con el fin de aumentar sus posibilidades de un apareamiento exitoso.

En varias especies de animales los machos adoptan la apariencia o el comportamiento de las hembras para obtener ventajas evolutivas, como reducir la competencia por parejas y territorio, e incrementar sus posibilidades de supervivencia. Los ejemplos que presentamos aquí demuestran que la naturaleza tiene una variedad sexual mucho más amplia que la tradicional dicotomía macho-hembra.

Según el filólogo Félix Rodríguez, la palabra inglesa drag se relaciona con
 el vestir de una persona. En sentido estricto, tiene que ver con la ropa que caracteriza a un sexo pero es usada por el otro; en especial se aplica a hombres que usan prendas de vestir femeninas.

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El autor comenta que el término posiblemente proviene de las iniciales de Dressed As A Girl, frase utilizada en los tiempos de Shakespeare cuando los roles femeninos eran interpretados por hombres.

Así, en la jerga gay, un drag queen es un hombre que 
se viste como mujer. Y, aunque algunos grupos gay
 y lésbicos desaprueban a los drag queens porque sostienen que sus representaciones son burlonas, otros consideran que sólo practican el arte de la imitación. 1 Félix Rodríguez González nos dice que aún es más evidente, para el hablante del español, la relación entre la vestimenta con el término «travesti, transvesti o travestido», usados generalmente como adjetivos para referirse a un hombre disfrazado de mujer con intenciones lúdicas o eróticas. F. Rodríguez González, «The feminine stereotype in gay characterization: a look at English and Spanish», en: María de los Ángeles Gómez González, J. Lachlan MacKenzie y Elsa M. González Álvarez (eds.), Languages and cultures in contrast and comparison; Ámsterdam-Filadelfia: John Benjamins Publishig Company, 2008; pp. 221-243.

El que un macho imite al sexo opuesto no es exclusivo de la especie humana; algunos animales han logrado perfeccionarse en el arte de la transformación mediante procesos evolutivos que permiten reducir la competencia entre machos para incrementar sus posibilidades de sobrevivencia y reproducción al evitar enfrascarse en las agotadoras y en ocasiones mortales peleas por territorio y parejas sexuales. La capacidad que poseen los machos de asemejarse a las
 hembras puede ser temporal —sólo en algunas etapas de su desarrollo— o permanente.

Regalo de bodas

En el reino animal los favores sexuales pueden obtenerse a través de «regalos nupciales». Un ejemplo es el macho de la mosca-escorpión colgante —llamado así porque la porción posterior de su abdomen se dobla hacia adelante, como en los escorpiones, y durante la cópula cuelga de una rama con sus patas anteriores—, que obsequia un insecto muerto a la hembra en el cortejo para que lo devore durante el acto sexual.

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Por eso algunos machos, con el propósito de obtener sin dificultad el «regalo nupcial» más grande y apetitoso para la futura pareja, se transforman en drag queens al comportarse como hembras e imitar sus hábitos de respuesta al cortejo. El drag queen, incapaz de mantener el engaño por mucho tiempo, huye con el regalo cual novia fugitiva, y lo utiliza para obtener los favores sexuales de una hembra, si es que no es objeto de la misma treta por parte de otro transformista. 2 James K. Wangberg, Six-legged sex: the erotic lives of bugs; Colorado: Fulcrum Publishing, 2001; p. 143.

En ciertas especies en las que el éxito reproductivo depende de la competencia y la agresión masculina, la faceta drag queen es una excelente alternativa.

Entre las aves es frecuente la presencia de drag queens en ejemplares juveniles e inmaduros sexualmente. En los machos jóvenes el plumaje es muy similar al 
de las hembras, lo que les da la ventaja de reducir la agresión que pudieran recibir de los machos adultos. Cuando alcanzan la madurez sexual y están listos
 para reproducirse, es común que adquieran su típico plumaje de macho.

No obstante, el combatiente —un ave playera, Philomachus pugnax— y el aguilucho o gavilán lagunero —Circus aeruginosus— son las dos únicas especies de aves en las que algunos de los machos drag queens mantienen su plumaje de hembra hasta su etapa adulta. Es posible que los drag queens concreten algo así como «un pacto de no agresión» con los otros machos durante la época reproductiva, lo que les permite 
tener acceso a territorios más grandes y a mayores oportunidades de apareamiento sin el alto costo energético de pelear con otros machos. 3 A. Sternalski, F. Mougeot y V. Bretagnolle, «Adaptative significance of permanent female mimicry in a bird of prey», en: Biology Letters, 8, 2012; pp. 167-170.

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Por otra parte, en la mojarra azul de agua dulce —Lepomis macrochirus— de Norteamérica los machos son los encargados de construir los nidos —pequeñas depresiones sobre el fondo de los cuerpos de agua que habitan— y cuidarlos, lo que los transforma en animales sumamente territoriales y belicosos. Algunos machos, similares en tamaño, coloración y comportamiento a las hembras, se mantienen nadando en la columna de agua junto con ellas, mientras que en el fondo, los otros machos hacen esfuerzos para llamar su atención con sus «bailes de cortejo».

Aunque los drag queens pueden verse atraídos por la danza de un macho, generalmente se acercan a un nido al momento en que una verdadera hembra es cortejada, entonces aprovechan para liberar su esperma junto con el macho y participar de la fertilización, sin esfuerzo, de los óvulos de la hembra. 4 Wallace J. Dominey, «Maintenance of female mimicry as a reproductive strategy in bluegill sunfish (Lepomis macrochirus)», en: Environmental Biology of Fishes, 6(1), 1981; pp. 59-64.

La intervención humana ha forzado a los machos de ciertas especies ha adquirir la identidad drag queen, lo que ha provocado cambios en su comportamiento y consecuencias en su conservación. Tal es el caso del cangrejo violinista —Uca tangeri— de Ría Formosa, Portugal. Los machos se caracterizan porque una de 
sus tenazas o quelas es 30 veces más grande que la otra y constituye arriba de 40% de su peso corporal, como si de un violín de concertista se tratase, a diferencia
 de las hembras que tienen sus dos pinzas del mismo tamaño. Esta quela hipertrofiada sirve para la defensa, la agresión, el cortejo y como reconocimiento sexual. Así, el macho agitará su imponente pinza con movimientos ondulatorios en el aire con el afán de atraer parejas a su madriguera para copular.

Estos papeles fueron alterados por los pescadores portugueses de Ría Formosa quienes, en su actividad comercializadora
 de la pinza del cangrejo, tomaban a los machos, les arrancaban sus tenazas —el cangrejo tiene la capacidad de regenerarla en la siguiente muda— y los liberaban otra vez. Esto provocó la elevada presencia de «falsas hembras» o «drag queens obligados» sobre los que los machos dirigieron todos sus esfuerzos de cortejo sin consumar la reproducción. De igual forma, los «drag queens obligados» no tuvieron oportunidad de atraer hembras, lo que minimizó sus oportunidades de dejar descendencia y preservar la población. 5 R. F. Oliveira, J. L. Machado, J. M. Jordão, F. L. Burford, C. Latruffe y P. K. McGregor, «Human exploitation of male fiddler crab claws: behavioural consequences and implications for conservation», en: Animal Conservation 3, 2000; pp. 1-5.

Isabelle Rossellini habla sobre el sexo de los animales

Si quieres conocer más sobre los drag queens de la naturaleza, consulta Algarabía 121.

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